Por fin

Hoy iba caminando y me encontré con esta persona.

Probablemente tenía años sin verla. Recuerdo esa última vez que la vi, no se veía tan bien. Tenía esa mirada, una combinación entre tristeza y enojo, evitaba verme a los ojos, y debo admitir que yo tampoco quería verla. Estaba sana, muy sana, aunque siempre me dio la impresión como si trajera puesto un traje que no fuera de su talla. Incomoda. Curiosamente le sonreía a todos, menos a mí. Estaba harta de ella, de que no fuera lo que yo esperaba. Incluso recuerdo haberla herido. Con palabras que muchas veces marcan más que un hematoma. Le dije que no la quería, que nunca sería suficiente. Pero que equivocada estaba.

Hoy que la he vuelto a ver, fue diferente. Sin miedo, me dejo ver todas sus cicatrices. Sorprendentemente la hacen ver bonita, humana. Se ha teñido el cabello, cosa que dijo que jamás haría. La gente cambia, aunque a pesar de todo ella sigue siendo la misma. A simple vista no es fácil decir, pero sé que está enferma. Aunque no hay dolor en su mirada, pero si fuerza, una fuerza que solo los sobrevivientes tienen. Una fuerza, que en lo personal, me gustaría tener. Al parecer le han pasado muchas cosas y por primera vez me siento responsable de haberla herido tiempo atrás. Si no lo hubiera hecho le habría evitado mucho sufrimiento. No puedo creer como la deje sola tanto tiempo. Pero ella no me reprocha, nunca lo hizo. Al contrario, me extiende su mano y las unimos por unos segundos. La quiero. La amo.

Tuvo que irse, pero antes me regalo una última sonrisa, una sonrisa llena de paz. Por primera vez fui capaz de sonreírle de vuelta.

Se fue. No me dijo nada. Pero sé que si ese reflejo en aquel espejo pudiera hablarme, me hubiera dicho «gracias por aceptarme por fin».