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Por qué me gusta Instagram

O el lado escondido de esta red social.


“Hola, me llamo Julia, @aprendizdeamelie y soy adicta a Instagram”. Esta podría ser la frase que utilizaría para presentarme en un grupo de “Adictos Anónimos a Instagram”.

En cualquier caso, lo que voy a explicar no es la típica noticia que se puede encontrar acerca de Instagram. Ya trataré en otros posts su aspecto ecónomico, o el potencial que tiene Instagram para marcas y negocios.

En primer lugar, quiero dejar claro que no trabajo para Instagram/Facebook (¡ojalá!). Por favor, no me malinterpreten. Sólo soy una fotógrafa apasionada, una persona a la que le encanta Instagram (IG) y que lo usa intensamente, además de ser una consultora de marketing online usando esta red social. Lo cierto es que, ya sea por uno u otro motivo, desde 2012, paso muchas horas al día en Instagram.

Dejando aparte el lado económico, cuando los medios de comunicación se fijan en esta red social, la mayoría de las veces es para anunciar una fotografía que ha colgado un famoso, la última tendencia en moda o la importancia de los ‘selfies’ en nuestra sociedad (lo sé, este último tema merece por sí solo un artículo).

Frecuentemente, se habla de Instagram de una forma sutilmente negativa o peyorativa, mientras que esto no se da con tanta frecuencia en relación a otras redes sociales. Cuando hablo de Instagram, suelo decir irónicamente: “Oh, sí, Instagram. Ese lugar para adolescentes, uñas, ‘selfies’ y gatitos”.

Pues bien, tengo treinta y muchos años y en mi Instagram no veo uñas, adolescentes ni gatitos. Sí, tampoco gatitos. No soy una gran fan de los gatos en internet.

Instagram es, como todas las redes sociales, lo que tú quieres que sea.

Tengo Instagram desde el segundo día después de su lanzamiento en la App Store el 6 de octubre de 2010. Dos días después colgué mi primera foto. Esa foto aún está en mi perfil. Es casi como una pieza de museo para mí. Cuando entré en Instagram, sólo estaban Kevin, Mike y otras 23 002 personas. Pronto se van a cumplir 5 años, realmente es mucho tiempo. Creo que puedo afirmar que conozco Instagram bastante bien, tanto lo bueno como lo malo.

Nunca lo he dejado durante períodos largos de tiempo, no me da vergüenza mi pasado. Mis queridas fotos borrosas sacadas con el 3GS todavía están colgadas en mi perfil. En todo este tiempo, he usado la app de varias formas. He atravesado por distintas etapas; en primer lugar, lo usé como diario de mi vida cotidiana. Otra etapa comenzó en 2012, cuando verdaderamente me di cuenta del potencial de la fotografía móvil. La última etapa, que es en la que me encuentro, comenzó cuando fui incluída en la lista de usuarios sugeridos por la app en febrero de 2014.


En mi opinión, Instagram es la red social más emocional.

Advertencia: He usado casi todas las redes sociales. Basta con deciros que usé Path durante un largo período de tiempo.

De 2008 a 2012, mi actividad online se desarrolló principalmente en Twitter. Tuve una actividad intensa en él, desvirtualicé a mucha gente, acudí a varios encuentros de tuiteros, hice verdaderos amigos, e incluso tuve diferentes tipos de relaciones (sin más detalles) que comenzaron con un Mensaje Directo. Pero Instagram es diferente, obviamente no sólo por su aspecto visual, sino también por ese aspecto sentimental.

Durante un año y medio, al principio, IG sólo era una red de fotografía móvil para usuarios de iPhone (¡Oh, qué tiempos aquellos!).


Hablando siempre desde la perspectiva del tipo de usuario de IG que soy en la actualidad, el aspecto emocional se vive muy intensamente. Las amistades son más fuertes. Los odios, también. Dentro de la comunidad, hay muchas reglas no escritas. Aunque a veces lo neguemos, luchamos por ser destacados en grupos o por ganar premios de una manera insana. Nos tomamos muy seriamente cualquier cambio en las TOS (Términos y condiciones del servicio) o incluso si hay un cambio en sus reglas de uso, como el cambio reciente en las reglas de etiquetar fotos. El sentimiento de comunidad es tan fuerte como para programar protestas contra el spam, por ejemplo (ya ha sucedido 2–3 veces). La gente de fuera de IG no puede comprender esto.

Imaginad a los usuarios de Facebook o Twitter protestando cada vez que hay un cambio en el servicio o en las TOS. Sería una protesta eterna.

Siempre está presente la idea de #primerolacomunidad.

#Primerolacomunidad (originariamente, #communityfirst) es una etiqueta introducida por el equipo de IG a través del blog oficial y su perfil oficial en la app en 2014. Y os puedo asegurar que el equipo de IG ha conseguido su objetivo. Impulsó algo que ya existía previamente, haciendo que perdurara.

Según el “libro oficial de Instagram”, “Primero, la comunidad” (#communityfirst) es uno de los valores principales que lo inspiran.

El libro dice lo siguiente: Los instagrammers son apasionados y miran al resto de la comunidad en busca de inspiración. Se dan formas distintas de amistad que llevan a encuentros en la vida real en los que se conecta a través del amor por la fotografía.
Fotos de mi perfil @aprendizdeamelie.

Hay algunas comunidades dentro de IG que merecen un tratamiento especial. Por ejemplo, la red ‘Instagramers, fundada por Phil Gonzalez en 2011, es una red de comunidades que tienen sus propias actividades y encuentros en ciudades alrededor de todo el mundo.

Hay también una comunidad que es especial por muchas razones: la JJ community (la comunidad de JJ) es la más antigua y también la más grande, con 633 000 seguidores. Fue creada por Josh Johnson en los inicios de IG y actualmente, su CEO es Kevin Kuster. Tiene como lema “Crear para conectar” (Create to connect). Diariamente, hay un fórum en el que se escoge un tema, y miles de personas participan con fotos sobre ese tema para poder ser destacados en la galería principal. Los patrocinadores no han descubierto totalmente el potencial real de una comunidad como esta. Si en IG ya se da un fuerte sentimiento de comunidad, en la JJ community este sentimiento es aún mayor. De vez en cuando, tiene lugar algún acontecimiento que hace que esta conexión crezca repentinamente y de forma exponencial en un período de tiempo muy corto. Esto sucedió el pasado fin de semana.

Sé que la gente se ayuda a través de Facebook o Twitter y que también existen plataformas como Change.org que tienen una función similar, pero en IG esto se produce de una manera simplemente asombrosa.

En los 3 últimos años, ha habido bastantes causas sociales y de caridad apoyadas por la JJ community, como las que se han llevado a cabo para apoyar a la ONG Watts of Love. Pero las acciones más especiales han tenido lugar cuando un miembro de la comunidad se encuentra en una situación de necesidad real.

La semana pasada, el español Fran García @instafraner, que es un gran fotógrafo y tiene un papel importante en la JJ community, escribió dos posts en su galería pidiendo ayuda. Él con toda su familia se tienen que mudar a otra ciudad, ya que es allí donde su hijo de 4 años recibe el tratamiento contra el cáncer que padece. Él sólo pedía ayuda para encontrar un trabajo en esa ciudad.

Aunque él no lo había pedido, sucedió lo imprevisto. Hubo una campaña para recaudar fondos para ayudarle que llegó a 15 000 dólares en un día y medio, incluyendo un donante anónimo de 10 000 dólares que nos dejó a todos asombrados.

Ahora él puede dedicarse por completo a su familia, al menos durante un tiempo. No podíamos hacer nada por la salud del niño pero nosotros, la comunidad, sí pudimos hacer algo para aliviarles de una de sus preocupaciones. Puede que estas expresiones suenen un tanto religiosas y quizá sea cierto. Estas comunidades digitales son, de algún modo, las religiones de nuestra época.

Hay una frase que suelo usar en estos casos y ya la he usado muchas veces en estos últimos años: “Instagram nunca dejará de sorprenderme”.

Historias como esta no aparecen en los medios de comunicación. ¿Es posible que sea debido a que la parte buena de Instagram no “vende”?

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