Por qué viajo en moto

Me cuesta mucho explicar a alguien que no haya montado en moto, por qué no importa el destino, que lo único que importa es el camino.

Porque en el camino se esconde, tras una curva, un sitio al que anhelo volver.

Un sitio donde…

Donde brilla el sol, donde brilla la luz.

Donde a los dientes les da el aire todos los días.

Donde las miradas no necesitan gafas de sol.

Donde las guitarras cantan poemas que alimentan a los niños.

Donde el arte es necesario y las lagrimas fluyen y no se estancan.

Donde la tristeza es pan y no está guardada en la despensa.

Donde los miedos van a la escuela y aprenden a vestirse por los pies.

Donde el amor es dogma de fe y no hace falta decir te quiero.

Donde los celos están en los libros de historia y la envidia tiene alzheimer.

Donde los adultos juegan como niños sin que nadie se lo tenga que recordar.

Donde los actores no son famosos y las medicinas regaliz.

Donde nadie es y todos hacen.

Donde los conceptos no son necesarios y las etiquetas son solo trozos de cartón.

Allí donde todos somos iguales, allí quiero ir.

Echo de menos esa tierra. Se me ha olvidado el camino. Se me ha olvidado al crecer, y por eso tengo que seguir andando en moto. Para poder volver.

Una curva perdida, en la costa de Córcega
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