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Por qué los “Padres helicóptero” deberían estar diseñando “hijos drone autónomos”

Aquí en Exosphere usamos frecuentemente la expresión “padres helicóptero”. En el caso de que no estén familiarizados con el término, estos son los tipos de padres que toman una postura sobreprotectora o de excesivo interés en la vida de sus hijos y cada cosa que estos hacen.

Nuestros programas son sobre emprendimiento, negocios, tecnología, ciencia, etcétera, pero este es un tema muy importante porque la forma en que un niño es criado influye notoriamente en el tipo de adulto en que se convertirá en el futuro y como estos se enfrentarán a los problemas y desafíos de su vida personal y profesional.

Discutimos sobre esta idea porque además está relacionado con otros conceptos que tratamos en nuestros programas como por ejemplo la resiliencia, la autoconfianza, la antifragilidad, la disciplina, las relaciones, etc. Una serie de cosas que consideramos muy importantes en el desarrollo de cualquier adulto y que afecta cualquier proyecto que quiera encarar en su vida.

Yo no tengo hijos así que nunca le diría a un padre como educar a uno. Pero sí soy hijo y tengo padres, y ahora, con 28 años, puedo tomar algo de perspectiva mirar hacia atrás y observar cómo ciertas situaciones, y el rol que ellos jugaron en ese momento, me moldearon de diferentes formas. A continuación dos ejemplos reales y opuestos de mi infancia:

Mi papá es uno de esas personas que pueden arreglar un baño sin ser plomero, una computadora sin ser técnico, una instalación eléctrica sin ser electricista, el techo sin ser carpintero, y una larga lista de etcéteras.

Cada vez que algo en mi casa se rompe (sí, todavía hoy con 61 años) él va a tratar de arreglarlo, y el 90% de las veces lo logra. Esto es genial para un niño como yo, que rompía cualquier cosa que tenía a mano.

Pero luego, un día cuando tenía 13, mi Playstation dejó de funcionar. Imitando a mi papá, le removí los tornillos y comencé a mirarla por dentro, examinando el aparato y tratando de descifrar cómo funcionaba y qué era lo que se había roto.

Recuerdo que estaba trabajando en la mesa de la cocina, y cuando no habían pasado ni dos minutos mi papa, que durante este tiempo estaba mirando desde el otro lado, se acercó, me corrió de la silla y arregló la consola. Lo mismo pasó tiempo después con una laptop, y luego con unas persianas de mi cuarto, y luego cuando la ducha se tapó, y así con muchas otras cosas.

Varias veces le pregunté “¡¿Cómo aprendiste a arreglar todo esto?!”, a lo que siempre me respondía “Intentando una y otra vez, y rompiendo más cosas de las que arreglé”. Pueden imaginarse que esto me dejaba muy confundido. Si esta era su respuesta, ¿estaba al tanto que de esta manera me estaba privando de aprender por mi propia cuenta? Sin darse cuenta, se comportaba como un “padre helicóptero”, solucionando la totalidad de mis problemas para que no me faltara mi Playstation, mi laptop, mis persianas, o una ducha que funcionara.

Pero entonces, ¿qué sucede ahora que no vivo más con él?

Cada vez que algo se rompe, voy a tratar de arreglarlo, pero mi tasa de éxito está muy lejos de su 90%. No hay manera de que fuera de otra forma ya que en vez de empujarme a aprender las herramientas (en sentido metafórico y literal) y obtener el conocimiento necesario, siempre tuve quién me solucionara este tipo de problemas.

(Vale la pena mencionar que mi pereza jugó un rol fundamental en esto también, muchas veces es lo más fácil claro. A cierta edad uno también debería empezar a tomar la responsabilidad y adueñarse de las decisiones que toma.)

Por otro lado, más o menos a esa misma edad, estaba cocinando algo y tenía que sacar la sartén del horno hirviendo. Lo único que tenía cerca era un trapo de cocina húmedo y le pregunté a mi papá si podía usar eso para agarrar la sartén. Aún no sé por qué, pero me respondió “Sí, probá”. Y yo probé.

Ese día aprendí que el agua es un excelente conductor del calor, y por 13 días me lo recordó una ampolla gigante y dolorosa en el pulgar. Adivinen cuántas veces volví a usar un trapo mojado para agarrar algún objeto caliente después de esto.

15 años después, mirando estas dos situaciones con más perspectiva y mayor madurez está bastante claro cuál de las dos situaciones me ayudó a desarrollarme mejor. Sin embargo, a pesar de saber y entender esto, si miro cómo vivo mi vida, encuentro que se asemeja más a la primera historia que a la segunda (y apostaría que es también cómo se comportan ustedes).

Vamos por la vida tratando de “ayudar” a quienes nos rodean, buscando solucionarles sus problemas, y “protegiéndolos”, para que no tengan que enfrentarse a determinadas dificultades. Tal vez la verdadera razón sea que es más fácil ayudar a los otros a solucionar sus problemas que tener que enfrentarse a los propios. Tal vez es nuestra manera de sentirnos maduros, y convencernos de que podemos solucionar cosas. O tal vez sólo lo hacemos para sentirnos necesitados y valorados.

Y esto es algo que hacemos naturalmente. Es sobre todo evidente con las personas por las que sentimos más afecto, y se puede ver de manera muy clara en la dinámica padre-hijo ya que es normal que todo padre quiera proveer absolutamente todo para que su hijo no tenga que atravesar ninguna aflicción ni sufrimiento a ningún nivel. ¿Pero está ayudándolo a largo plazo?

Los ejemplos anteriores son casos concretos como tareas de mantenimiento o sufrir dolor físico, pero ¿qué sucede si es de esta misma manera que aprendemos a enfrentarnos a los problemas y desafíos que la vida nos pondrá delante? (o no enfrentarnos mejor dicho).

Crecer sin enfrentarse a ningún problema nos debilita. Nos volvemos frágiles.

Y en algún momento no habrá más protección externa frente a estos problemas, y en ese momento nos damos cuenta que no contamos con las herramientas necesarias para solucionarlos. ¿Y entonces?

Entonces nos quebramos…

¿Alguna vez se sintieron así?

Nos quebramos porque no sabemos como enfrentarnos a situaciones complicadas, porque nunca aprendimos a usar las herramientas para hacerlo. Algunas personas crecen aprendiendo estas herramientas por sí solos, en su mayoría forzados por la necesidad, otros, en cambio, nunca lo hacen. Podrán imaginarse que estos últimos padecerán mucho su vida de adultos. ¿Cómo puedes arreglar una Playstation si no tienes ni sabes usar un destornillador?

Si alguna vez soy padre (y sin duda quiero serlo), intentaré esforzarme al máximo posible para evitar ser un “padre helicóptero”, y en cambio ser un constructor de “hijos drone autónomos”. Esto significa que quiero ayudarlos en su código interno (o mentalidad) para que puedan operar en el complejo mundo actual por sí solos y construir sus propios puentes hacia el éxito.

Sé que es mucho más fácil de decir que de hacer, y que esto significa que voy a tener que tolerar mucho sufrimiento sólo de ver a mis hijos frustrarse por no poder arreglar electrodomésticos (y perder su Playstation), y verlos quemarse con trapos mojados y sartenes hirviendo. Pero me gusta pensar que estas situaciones van a ser las que les den las herramientas y mentalidad para una vida con más desafíos, un mayor propósito e independencia. Y en el proceso, ojalá que ellos también puedan mejorar la vida de otras personas a su alrededor.


Sobre todas las cosas, quiero destacar que el desarrollo y crecimiento personal es un proceso que nunca termina. Y aunque suene desmotivante, es todo lo contrario. Entender esto debe estimularnos para seguir aprendiendo, mejorando, y perfeccionando la manera en que vivimos y enfrentamos los problemas. Como jóvenes, adolescentes, adultos, hijos, padres o abuelos.

Existen quienes deciden desde muy temprana edad no hacerlo y optar por una vida moldeada y predefinida por otros, cediendo cualquier tipo de poder y control, y luego se cuestionan sobre sus decisiones y el camino que eligieron (o que dejaron que otros eligieran por ellos). Pero existen quienes deciden ser protagonistas de su propia historia, y buscan las maneras de continuar este proceso de crecimiento.

Bajo esta premisa es que desarrollamos nuestro programa Phoenix. Un viaje de renovación para aprender las herramientas y filosofías prácticas para reforzar tu mentalidad y estar preparado para enfrentarse a las dificultades de la vida, incluyendo los negocios, relaciones personales, avances de la tecnología, crisis de vida, etc. Un crecimiento personal en el que toda persona debería estar pensando, porque nadie está exceptuado de estas.

Puedes ver más sobre la próxima edición del programa aquí.

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Nota del autor: Estoy por siempre agradecido por todo lo que mis padres hicieron por mí y las miles de lecciones y enseñanzas que me transmitieron, las buenas, las malas y las feas. No importa si ahora esto significa que soy medio inútil a la hora de arreglar electrodomésticos (sigo aprendiendo). Después de todo, un niño de 13 realmente realmente quiere jugar con su Playstation.

Esta nota fue escrita por Ezequiel Djeredjian, Director de Operaciones de Exosphere. Síguelo en Medium y Twitter.

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