Pretérito imperfecto y condicional simple

Vivimos ansiando un futuro condicional, incierto, que nos pintan como simple o por lo menos más sencillo que el pretérito imperfecto del que huimos. Y nos olvidamos del presente, del regalo.

Navidad. Regalos. Felicidad. Todo lo demás no tiene lugar en estas fechas. Regalos para olvidar aquel pretérito tan imperfecto. Regalos para hacer como si nada hubiera pasado. Regalos para mejorar ese condicional que ni siquiera ha llegado. ¿Y los regalos del presente?

Tablets para que los niños jueguen estas navidades en realidades virtuales, smartphones para avisar que no vendrás a cenar el día de Navidad. Ahora ya se ha pasado y a ti se te ha olvidado estar.

Si hay algo que nos guste más que ansiar es huir. Ansiando huimos. Yo huyo del pretérito ansiando un condicional incierto —pero ¡ojo! simple, ¿de verdad?—. Porque lo que está por venir no puede ser peor de lo que ya es, ¿no? pero, ¿y si sí? Cómo nos gusta vivir entre condicionales y pretéritos creyendo que las cosas se arreglan solas. Equivócate, ahora, borra, vuelve: equivócate. ¿Lo solucionaste en tiempo presente? «Ah, pero es que no es tan fácil». ¿De verdad? ¿o es que no lo has intentado suficiente? Somos vagos, con nosotros no funciona «no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy», el problema estará ahí mañana, puede esperar, la juerga de esta noche no.

Cada año hacemos los propósitos de año nuevo. ¿Qué pasa que como es otro año también es otra vida y ya no tendremos los problemas de ahora? Deberíamos hacer una lista con el siguiente título: «Problemas y posibles soluciones (sólo válido hasta el 31 del 12)». Y cuando llegue el día 1 por la mañana y estemos ya sin más cargas que las calorias de los turrones, podremos iniciar el nuevo año con propósitos nuevos, los cuales llevaremos a cabo más facilmente ahora que ya no tenemos la carga a nuestras espaldas de aquel pretérito tan imperfecto.

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