Publicidad, me rindo (2da parte)

Imagen por Alainalele (cc) Flickr

Publicidad, me rindo (1ra parte)

Hoy en día la gente no desea consumir publicidad, esa es la triste realidad. No estoy especulando, no intento hacer daño a los profesionales de esta área, solo soy parte de ese grupo de personas que vive la podrida realidad y sufre las desventuras de esta profesión. Para muestra basta un botón y podemos descubrirlo con la popularidad que ha ganado la aplicación para navegadores y smartphones, Adblocker —ver noticia— (y otras apps parecidas que bloquean la publicidad en Internet) y los esfuerzos de Google por castigar al consumidor que instala este tipo de aplicaciones y que coloca en situación desventajosa el negocio de esta popular marca.

Seamos claros, la publicidad tradicional molesta, cansa e invade entornos íntimos y de relajación. Ahora bien ¿en algún momento hemos deseado ver publicidad? así como deseamos ver una película, ir al parque… ¡por supuesto que no! Nadie desea ver publicidad (publicidad tradicional), nadie quiere que saturen su espacio visual-auditivo con propaganda. Existen casos muy particulares y por ser así, son especiales como es el evento del Super Bowl (o Súper tazón) que lleva cada año a la televisión estadounidense y a buena parte del mundo, una selección de excelentes propagandas —creativas, diferentes, deseadas (y costosas)— entonces sí se puede lograr que se desee ver publicidad.

La publicidad gráfica (de cartel, vídeo, vallas, colgantes, prensa … ) debe cambiar, debe apelar a ser deseada, debe dejar de ser invasiva, debe convencer desde un primer instante, enamorar a primera vista. Los consumidores debemos de caminar por las calles sin temor a caer en la trampa de consumir “mala publicidad” (publicidad tradicional-dañina).

Insisto, en la calle camina gente que está dispuesta a consumir publicidad a cambio de ser retado, publicidad benigna, que dignifique al publicista, a la marca y sobre todo, al consumidor.

¿Cómo puede un publicista convencer a su cliente de aprobar las mejores ideas? — esa es una pregunta que pudiera responderse con otra:

Si fueras un cliente, ¿te detendrías a ver esta publicidad? Hablamos desde el punto de vista personal, ¿te gusta? ¿Te anima a consumirla? —esa es la pregunta que todo publicista debe plantearle a su cliente…