Mass Effect *suspiro*… *doble suspiro*… *triple suspiro*…

Desde que le puse las manos encima al primer Mass Effect me di cuenta de que no había experimentado todo lo que el mundo del videojuego podía llegar a ofrecer.

Había tenido oportunidad de disfrutar de muchos juegos, pero nunca ninguno me había hecho sentir esa conexión tan inexplicable por algo completamente ficticio.

Porque sí, Mass Effect es una obra de ficción, un videojuego más que se lanza al mercado, pero, coincidiréis conmigo en que hay algo en la saga que la hace destacar frente a otras.

Por supuesto, hubo muy buenos títulos previos a Mass Effect que mostraban mucho más que simple jugabilidad, inventariado y todas esas cosas. Ejemplos como Metal Gear Solid 3: Snake Eater o Final Fantasy me vienen a la mente. También podemos hablar de anteriores creaciones de BioWare, como Baldur’s Gate o Star Wars: Knights of the Old Republic, obras que marcaron los inicios del modelo de videojuego sobre el que continuaría trabajando la compañía hasta día de hoy.

Sin embargo, aunque algunos destacan por la historia, otros por el componente de rol y otros por el factor shooter, era difícil encontrar un juego que reuniera todas aquellas características y que además fuera capaz de cautivar a los jugadores con un argumento de diez.

Incluso Star Wars: Knights of the Old Republic, con una dinámica parecida en cuanto a la toma de decisiones que marcan el transcurso de la historia, y con un buen argumento, no resulta del todo novedoso si tenemos en cuenta que todos conocemos el universo Star Wars. De hecho, si me permitís decirlo, se trata de algo demasiado machacado por la comunidad y la industria.

Y de repente llegó Mass Effect; con un nuevo universo por descubrir, una nueva historia que contar y un viaje en el que tú decides qué camino tomar.

La saga, mejorando con cada entrega, consiguió reunir todos los elementos necesarios para llamar la atención de jugadores que incluso no eran demasiado asiduos al rol en sí mismo (la menda, por ejemplo).

En Mass Effect, novedad, historia y decisiones se entremezclan ante nuestras miradas curiosas, secuestrándonos de nuestras cómodas sillas, y trasladándonos directamente a Virmire, a la Ciudadela o la propia Normandía.

Pero Mass Effect no es sólo eso una buena historia con componentes de shooter y rol. Si me quedara ahí, sería un insulto para todos aquellos que participaron en la creación del juego, así como para todos los que hemos disfrutado de él.

Son sentimientos y emociones. Mass Effect son amigos que te apoyan en los peores momentos y consiguen arrancarte una sonrisa; son enemigos a los que odias con todas tus fuerzas y les deseas lo peor; son amantes que consiguen que se te erice la piel sin ni siquiera tocarte.

Es un juego que exalta los valores de la amistad, entre otros, y en muchas ocasiones, te hace comprenderlos de la manera más cruel, al hacerte decidir entre Ashley o Kaidan, o al mostrarte que el destino de la raza Krogan supone la muerte de un gran científico amigo tuyo.

Como la amistad, nos encontramos con el odio, la tristeza, el arrepentimiento, la impotencia, el miedo, la alegría y, por encima de estos y de muchos otros, como guinda final al pastel:

Un amor (casi) libre que tú eliges según tus propias preferencias. Quizás esta sea uno de las características más arraigadas a la saga.

Bien es cierto que en el primer Mass Effect estaba un poco restringida la cosa…

  • ¿Eres hombre hetero? Ahí tienes a Ashley y Liara.
  • ¿Eres mujer hetero? Confórmate con Kaidan.
  • ¿Eres bisexual? ¡Fiesta!
  • ¿Eres lesbiana? Liara es tu opción.
  • ¿Eres gay? Estás jodid*
  • ¿Eres cualquier otro de esos nombres súper modernos que la gente se empeña en utilizar para intentar describir su identidad sexual? …
  • ¿No sabes lo que eres? Juega a Mass Effect y lo averiguarás.

A lo que vamos. La introducción de la homosexualidad como un concepto más que aceptado (aunque a muchos jugadores les provoque aversión), es de lo más comprensible cuando hablamos del año 2183. Si no lo creéis, haceros esta pregunta.

Si la humanidad descubriera un universo tan diverso como el de Mass Effect, en el que existen razas mono-género como las asari, ¿realmente seguiríamos conservando los mismos juicios morales anticuados que — desgraciadamente — tenemos ahora?

Para mí la respuesta es más que obvia, y está claro que también lo es para BioWare. Digámoslo con otras palabras…

Me importa una mierda con quién te enrolles o de quién te enamores. Es tu decisión y la respeto.

El simple hecho de incluirlo como opción ya dice mucho de BioWare y, aunque haya habido predecesores en la introducción de la temática LGBT, Mass Effect va a un paso más allá en cuanto a la profundización en las relaciones y en los personajes.

Es evidente que no estamos hablando de insignificantes encuentros sexuales, como puede ocurrir en Fallout 2, sino de una historia que subyace y progresa conforme van evolucionando sus personajes.

Sí, el punto de ebullición es el sexo, pero si el jugador así lo quiere, puede haber mucho más, y es aquí cuando se pone interesante la cosa.

Tú, como todos, quieres llegar a ese punto de ebullición, pero para ello tendrás que conocer primero al personaje y enamorarte de él en el proceso.

¿Os acordáis de esa impaciencia por terminar la misión para poder ir ha hablar con tus compañeros?

Ya podías intentar volver a hablar con Garrus sin haber completado una nueva misión; siempre te soltaba eso de…

Quizás ese ansia viva por saber más de los personajes sea debido a que realmente son personas y no personajes. Merece la pena conocerlos y pasarse cinco minutos teniendo una conversación con ellos. Esta es otra de las muchas razones que hacen que te enamores del universo que tan cuidadosamente ha creado BioWare.

Pero vamos a forzar un poco más la máquina. La curiosidad por saber más e indagar en la historia despierta en el jugador un atributo que puede ser complicado encontrar.

Mass Effect consigue encender la bombilla de la motivación, a la vez que te arropa con otros muchos sentimientos y emociones. De esta manera, consigue que realmente te olvides de que lo que tienes frente a tus ojos es una pantalla y de que todo lo que hay detrás no es más que pura ficción.

Por lo tanto, Mass Effect no es sólo un juego con buen argumento, es algo que te acaba atrapando en un mundo en el que haces tuyas las penas y alegrías de tus compañeros, y en el que llegas a sentir el peso de tus decisiones como si realmente estuvieras allí.

Sin embargo, no todo es tan súper chachi. Si lo fuera, sería el juego perfecto, y eso no existe.

Mass Effect es un universo en el que te pierdes, consiguiendo una gran inmersión en la historia. Hasta ahí lo tenemos todos claro. Ahora, llegados a ese punto, el jugador está completamente volcado en el juego, y las expectativas suelen estar por las nubes. Y entonces pasa lo que tiene que pasar. Llega el momento de…

Siempre tiene que haber un poco de decepción en la vida, y Mass Effect no es una excepción.

Cuando antes hablaba de amor casi libre, me refería a que esa libertad es ilusoria, puesto que tiene unos límites que vienen previamente marcados y que (dejando los mods a un lado) no puedes superar.

Así, nos encontramos con preferencias en los romances, con decisiones sin repercusión real y con misiones poco trabajadas.

Un ejemplo claro es la flecha invisible que te dice quién es el mejor romance. Todo aquel que haya jugado a Mass Effect sabe que BioWare apunta descaradamente — tanto para chicas como para chicos — a Liara T’soni, la tímida arqueóloga con la que Shepard tendrá un vínculo especial gracias a los Embrace Eternity, y por supuesto, a la cantidad de contenido que obtiene este personaje durante el juego (como el DLC del Corredor Sombrío).

En el caso opuesto, te encuentras con personajes como Thane o Jacob, con los que el chasco puede ser brutal para aquel que haya optado por ellos en Mass Effect 2. Añado, si me lo permitís, a Kaidan o Ashley, quienes son las únicas opciones de romance en la primera entrega, junto con Liara, y ambos dejan mucho que desear tanto en Mass Effect 2 como en Mass Effect 3.

Pero esa libertad engañosa no se queda sólo en los romances, sino que afecta también a la historia. Por desgracia, todos hemos podido comprobar cuál ha sido el resultado de esa falsa libertad.

Creo que no es necesario dedicar más tiempo a hablar del famoso (y decepcionante) final de Mass Effect 3, el cual se ha llevado palos por arriba y por abajo por su falta de conexión real con la historia, y en definitiva la ida de olla sin sentido que se marcaron los desarrolladores.

Conclusión, o algo así.

Mass Effect es una historia plagada de distintas tonalidades, blancas y negras, con muchos grises de por medio. En él tenemos elementos buenos y no tan buenos, pero hay algo que prevalece sobre todo ello:

Podemos estar en mayor o menor medida decepcionados por cómo finalizó la saga, pero muchas de las personas que disfrutaron (y disfrutarán) del universo Mass Effect será por la conexión invisible y difícil de explicar y comprender para aquellos que no la comparten. Simplemente Mass Effect forma parte de nuestras vidas y no podremos evitar ese escalofrío incontrolable que nos recorre el cuerpo con sólo recordarlo.

Y eso, queridos frikamigos, es simplemente la demostración de que…