Qué quiero ser de mayor

Hay quien, desde muy pequeño, tiene claro lo que quiere ser o hacer en la vida. Una sola cosa, con nombres y apellidos: Médico, abogado, policía, ingeniero, arquitecto… Y en ese caso, debe luchar por ello. Sin dudar, y sin importar de qué se trate. Cualquier profesión vale.
¿Pero qué pasa con todos aquellos con más de una vocación, o que no tienen ni idea de a qué dedicarse el resto de sus vidas?
Una cuestión de cultura y educación a partes iguales
Quizás, el problema sea ese; nos educan para trabajar «de algo» el resto de nuestras vidas. En algunos casos, y más concretamente, «para alguien». Y eso por no hablar del tipo de trabajo: de lo que es y no es un «trabajo de verdad», etc. (Pero eso es un tema que trataré en otro momento)
Sentimos una presión constante por decidir nuestro futuro, pero no en el buen sentido. Como si una vez elegido, no hubiera vuelta atrás. Como si estuviéramos obligados a decidir con qué ganarnos la vida los próximos 40 años, y encima, tuviéramos que hacerlo incluso antes de tener la edad legal para conducir un coche o votar.
Sin embargo, no habría que extrañarse, estamos rodeados de ese tipo de decisiones; decisiones trascendentales y aparentemente inmutables una vez tomadas: Decide algo que estudiar, algo en lo que trabajar, decide una casa con la que hipotecarte, decide una pareja con la que casarte... Decisiones que, sobre el papel, y en condiciones perfectas, serían garantes de estabilidad y normalidad. Pero somos humanos; dudamos, y nos equivocamos. Muchas veces. Y no hay nada de malo en ello. Precisamente por eso, hay que desmitificar la importancia de todas esas decisiones, de toda esa presión externa, y enfocar nuestra vida de otra forma.
No se trata de inmadurez. O eso creo
No me malinterpretéis, no estoy en contra de ninguno de los ejemplos que he citado, ni vengo a hacer defensa de los jóvenes eternos, incapaces de comprometerse con nadie ni con nada. Todo lo contrario. No creo que comprarse una casa sea negativo, ni lo es casarse, ni tampoco el hecho de saber en qué querrás trabajar el resto de tu vida; no van por ahí los tiros. No busco ni defiendo una ausencia de compromiso, no apunto a la eterna inmadurez… Simplemente creo que nada es tan grave como para no ser cambiado, y que es precisamente ahí, en la decisión de cambiar aquellos aspectos de tu vida con los que no estás satisfecho o que se creían inmutables, donde reside la valentía y la esencia de la vida. No deberíamos dejar de tomar decisiones de cambio por el simple hecho de haberlas tomado en el pasado.
Toma decisiones, comprométete, equivócate, y si es necesario, decide cambiar todo lo anterior. No uses esto como excusa para evadir responsabilidades, sino todo lo contrario: úsalo para perder el miedo a tomar decisiones, y no olvides que (siempre y cuando no afectes a terceras personas) es tu vida de lo que hablamos. No existe un único modelo que seguir o acorde al que vivir. Tú decides.
Vale, pero… ¿Qué quieres ser de mayor?
Empiezo hablando de vocaciones profesionales, y acabo hablando de una hipoteca. Así es la vida. Quiero decir, en serio. Todo esta más relacionado de lo que a simple vista parece.
Un trabajo no es para toda la vida. O mejor dicho, no tiene por qué serlo. No existe un motivo por el cual tengamos que elegir desde pequeños en qué gastar nuestros días, y menos con años de adelanto. No nos hace ningún bien. No hay nada de malo en tener varios intereses. Ni en dudar acerca de tu futuro. Lo importante es decidir, probar, y equivocarnos… para volver a decidir. Así constantemente. Pocas decisiones que no involucren muerte en algún punto (y perdón por ponerme dramático), son verdaderamente insalvables o irreversibles; desde luego, tu futuro profesional no es una de ellas… Así que no hay lugar para el agobio.
Parece que está de moda aquello de «el trabajo fijo se ha acabado» (como bien decía aquel, recientemente…), pero es que en parte, es cierto. Y me explico: Esta nueva corriente del trabajo temporal, entendida como una consecuencia de la actual crisis, y camuflando un intento de establecer la precariedad laboral como estándar, no es admisible. Eso está claro.
Sin embargo, sí creo firmemente (y aquí va el otro punto de vista), en la idea de no conservar el mismo trabajo a lo largo de una vida. Cambiamos de casa, cambiamos de empresa… ¿Por qué conservar un trabajo en un campo que quizá no nos llena lo que otro sí podría?
No tienes por qué trabajar de lo que has estudiado, ni hay nada de malo en probar un campo totalmente diferente al que tenías pensado hace unos años.
Creo que nos hemos hecho (y hacemos) un flaco favor al mirar la vida como un recorrido lineal y monolaboral. Al hacerlo, nos estamos limitando a nosotros mismos desde pequeños. Puede serlo, pero no tiene por qué. No hay que continuar trabajando en el campo en el que uno empezó, si creemos que seríamos más felices o más productivos en otro diferente. Con el fin de un trabajo no se acaba el mundo; todo lo contrario, se abre la posibilidad de uno nuevo. Y voy más allá; no tienes por qué trabajar de lo que has estudiado, ni hay nada de malo en probar un campo totalmente diferente al que tenías pensado hace unos años.
La vida avanza y nosotros cambiamos, hay que perder el miedo a las variaciones. Se está muy cómodo en la tan manida (y odiada) zona de confort, pero salir de vez en cuando nos hace crecer. De hecho, lo ideal sería entender nuestra vida de tal forma, que cambiar de trabajo no supusiera un horror… Sino una oportunidad.
Por supuesto, hay excepciones; y además, no olvidemos que esto es algo voluntario. No pretendo que alguien con tres hijos y en paro se lance a la aventura solo porque un chico diga en Medium que hay que perder el miedo a buscar nuevos trabajos. Para nada. No quiero sonar a millennial.
Lo que pretendo, es relativizar la importancia real de nuestros dilemas y dudas, y desmitificar a la vez la necesidad de trabajar en lo mismo siempre. Si vas a conservar tu trabajo toda la vida, que sea porque realmente estás a gusto, y no porque sea tarde para cambiar y probar algo nuevo.
No tengas miedo a encasillarte a la hora de elegir, porque no va a suceder; no tengas miedo a desviarte de tu idea de trabajo ideal, porque siempre puedes cambiar; no tengas miedo a probar algo nuevo, no tengas miedo a lo desconocido.
Si algo te frena, que no sea el miedo; puede aplicarse a una carrera, a un trabajo, a una oferta de empleo que se aleja de lo que pensabas o habías estudiado… pero en el fondo, es extrapolable a todo en la vida.
Entonces, quiero ser…
Hablando de mÍ, si por estudios fuera, sería arquitecto. Exclusivamente, quiero decir. Pero por inquietudes, sería mil y una cosas diferentes. Y eso intento ser.
Si tienes la suerte de tener una única pasión, pelea por ella. Si no la tienes, sigue probando todo lo que te presente la vida, hasta que la encuentres. Y si tienes varias, no dejes que el miedo al cambio te prive de probarlas todas.
Mi profesión ha sido una de las más golpeadas, como muchas otras. No hay duda. Y es cierto también que eso ha obligado a mucha gente a reconvertirse y buscar otras salidas; lo cual no siempre es fácil. Pero no hay nada de malo en ello, al revés.
De momento, estoy a caballo entre la arquitectura, el diseño y el desarrollo de aplicaciones para iOS (tanto freelance como a nivel personal)… Pero hay muchas otras áreas que me gustaría probar.
Si tienes la suerte de tener una única pasión, pelea por ella. Si no la tienes, sigue buscando y probando todo lo que te presente la vida, hasta que la encuentres. Y si tienes varias, no dejes que el miedo al cambio te prive de probarlas todas.
¿Qué te impide trabajar de lo que te apetezca, cuando te apetezca, y como te apetezca?
Espero leer esto dentro de unos años, pudiendo decir lo mismo.