Querido Alvite, descansa en paz

Siento despertaros con la noticia de que el gran escritor José Luís Alvite, realmente se llamaba José Luis Rey-Alvite Martínez, ha fallecido. Se lo han llevado por delante dos cánceres con 65 años. Como él mismo dijo le ha tocado “cáncer de colon y cáncer de pulmón. Dos golpes en un solo mazazo. Fue algo desproporcionado, como encontrar un centollo en el interior de una almeja”.

Hace bastante tiempo que lo leo, siempre me ha gustado su modo de contar la vida, por eso siempre me he alegrado que dejase de trabajar en la banca decantándose por las letras, sin duda aportan más a la sociedad. Quizás siempre me ha llamado la atención las historias que contaba, sin duda te dabas cuenta de que hay gente con peor vida que tu y eso anima, pero su modo de hacerlo es lo que me atrapaba. Sus columnas parecen cuentos, pequeñas historias y apuntes de personajes, y la verdad es que raro es que no aparezcan en sus relatos el humo del tabaco, el alcohol y las mujeres de mala vida que rondan por el Savoy, ese local imaginario donde “se prohíbe no fumar” y deambulan unos seres de vida nocturna y conductas nocivas, por lo que siempre ha tenido un aire políticamente incorrecto.

Siempre fue un poco depresivo, quizás por eso escribía de ese modo, tratando de escapar del “sitio malo” donde no le gustaba estar, quizás por eso me gustaba leerlo, porque en el fondo, cuando estás mal te sientes arropado y cuando estás bien te sientes afortunado. Seguramente que todo eso, sus historias, su vida, sus personajes, se le pusieron delante en noviembre del 2013 cuando le diagnosticaron la enfermedad que se lo ha llevado, aunque afortunadamente ese hecho no le nubló el pensamiento y pudo escribirle esta carta a su amigo Carlos Herrera, no como hace mucha gente ahora que no llama a las cosas por su nombre, sino tomando su vida y el toro por los cuernos.

Siento deciros que nos quedaremos sin nuevas historias del Savoy, ese club nocturno de Nueva York, sin esas letras que más que columnas eran novelas de folio y medio. Se nos ha ido un grande, pero siempre nos quedarán sus personajes, su voz cascada por el tabaco y sus historias. Descanse en paz.

No hice nada por la vida ni haré tampoco ningún esfuerzo por la muerte. (José Luís Alvite, El intruso)