«¿Quieres que compre eso?»

Reflexión sobre la publicidad que uno se encuentra

Era medianoche en un avión. Yo estaba de camino a una visita amistosa y estábamos despegando. Apagaron las luces, pero no sirvió de mucho. En frente de nosotros teníamos las pantallas azules que puedes ver arriba.

Al principio parecían invitar a uno a sentirse cómodo con sus frases en en diferentes idiomas dándonos la bienvenida a un viaje que terminaría a las 4 o 5 de la mañana: Bienvenido; Willkommen; Welcome; Bienvenue.

Pero eso que parecía un gesto amable se torno irremediablemente en una molestia cuando empezaron a venderme cosas. Como si el letrero no me hablara a mí, sino a las marcas (no me tomaré la molestia de enunciar las que recuerdo). Pues ¿qué mejor oportunidad existe para vender que cuando tu audiencia no tiene otra alternativa que lo que tiene en la cara? (la otra alternativa puede ser ignorar)

No pude evitar pensar en el anuncio de una marca que criticó esto con su campaña de lanzamiento (sabes de qué hablo, de la que hace alusión a una distopía estilo 1984). La invitación al consumismo. O incluso esas escenas en Wall-E que a todos nos espantaron donde se exponía una sociedad totalmente sometida por un consumo excesivo y efímero:

Parece que nos quisieran hacernos creer que lo que debemos consumir es importante.

Try blue! It’s the new red!

Desde el punto de vista de alguien que quiere vender, ese espacio es de lo mejor que uno puede conseguir. Sin duda uno como consumidor tiene pocas opciones —entre ellas la de no ver los anuncios—. Pero esta fue una de las experiencias más invasivas que he tenido en mi vida con las marcas (más que los anuncios obligados de YouTube y las páginas que a fuerza quieren sacar las impresiones que le prometen a sus anunciantes).

Quizás esto es lo que somos ahora (quizás no)

Esta es una de las imágenes históricas definitivas que muestran una de las caras del futuro. Lo más tétrico de esta imagen es que parece que el único capaz de percibir el mundo real es Zuckerberg (por un momento en el avión me sentí como esas personas que salieron en esa foto).

Encontraremos mundos nuevos para crear con la tecnología, descubriremos mecanismos para relacionarnos y algunas cosas difíciles de imaginar ahora. Todo sigue siendo muy nuevo.

Pero también existe la posibilidad de que estemos firmando un contrato con algo que no entendemos aún como consumidores (y tristemente es ya lo que somos). No (creo que) lleguemos a esas distopías que imaginaron Bradbury u Orwell. No es ese el tipo de lugar al que nos dirigimos. Sin embargo sí nos encontramos vendiendo una parte de nosotros.

La Big Data, por ejemplo, es una herramienta que compañías utilizan para adquirir datos y personalizar la forma en la que nos presentan un producto ayuda mucho para que conozcan nuestros hábitos de consumo y sepan qué y cómo vender, cuando también se podrían hacer (y se hacen) maravillas con esto.

Detectando el incremento del blanqueo de los arrecifes de coral en el suelo marino. ‘Detecting coral bleaching’ (EOMAP, ESA)

Era medianoche en un avión. La pantalla azul me pareció molesta y simplemente la tapé con la chamarra que tenía. El aire acondicionado estaba muy fuerte, pero preferí un poco de frío a ver lo que la pantalla quería decirme.

Resultó que si uno no le prestaba atención, eventualmente se apagaba (solo no, mientras estaban los anuncios).


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