RESEÑA

Cevdet Bey e hijos

de Orhan Pamuk

Penguin Random House, México, 2014, 654 pp.

En la primavera de 1901, Thomas Mann, con tan solo veinticinco años, publicaría su primera novela de larga extensión: Los Buddenbrook. Decadencia de una familia. El joven Mann, que por entonces trabajaba como redactor en la revista literaria y satírica Simplicissimus —puesto que abandonaría en breve, pues trabajar para otros no era su fuerte— no se imaginaba el éxito que cosecharía con su novela y cómo ésta se convertiría en una gran influencia para muchos escritores a lo largo del tumultuoso siglo XX. Lo que el autor llamaría humildemente el «relato de mi vida» narra la historia de una familia burguesa de la cuidad de Lübeck, situada al norte de Alemania. La obra abarca cuatro generaciones de la familia Buddenbrook, desde el abuelo Johann, el patriarca, hasta Hanno, su frágil biznieto, que representa el último estadio del proceso por el cual lo sucesivos integrantes de la familia ganan sensibilidad y refinamiento, pero a cambio pierden vitalidad y posición social. En las ambiciosas páginas de esta primera novela, Mann no sólo traza un gigantesco fresco de una época, sino también un profundo retrato de la naturaleza humana. Es precisamente ahí donde radica su importancia.

​Ochenta y un años después de la aparición de Los Buddenbrook, el mundo literario vería nacer una nueva saga familiar, ya no alemana sino turca. Al igual que la novela de Mann, ésta sería la primera obra de su autor y en ella se retratarían los cambios sociales e ideológicos de una Turquía convulsa por la búsqueda del camino hacia la modernidad. La novela en cuestión es Cevdet Bey e hijos, de Orhan Pamuk. Si bien es innegable que Cevdet Bey e hijos es, por su estilo y forma, un claro homenaje a las epopeyas familiares —en especial a la obra de Mann—, en ella se puede vislumbrar una voz narrativa propia que lo alejan, en cierto sentido de una vulgar emulación. Es esta característica, aunada al manejo del fondo, la estructura empleada, el tratamiento de los temas y su ambición, lo que realmente hacen loable esta obra.

​Al adentrarnos en las páginas de esta novela, asistiremos, como es de esperar, a la inauguración de una literatura: Orhan Pamuk nos muestra, con maestría, los temas, la filosofía y las inquietudes que tratará en sus futuros trabajos literarios. Asimismo seremos testigos de un periodo importante en la historia turca (1905–1970) y formaremos parte de la innúmeras convulsiones políticas y sociales que azotarán al país. Aun así, la novela no es nada panfletaria; ya que su misión es mostrar la vida cotidiana de un pueblo, sus ideas, sus esperanzas, sus éxitos y sus sufrimientos. De igual forma, recrea, como ya lo hicieron las grandes sagas familiares del siglo XX, lo más profundo del alma humana. En pocas palabras, Cevdet Bey e hijos es más que una novela, todo un mundo.

​La historia comienza en 1905, a finales del reinado del sultán otomano Abdülhamit, y ofrece, como ya se dijo, un maravilloso panorama del Estambul de aquella época y sus gentes. La novela cubre tres generaciones de una familia de comerciantes burgueses y cómo sus integrantes se relacionan con los cambios ideológicos y culturales de su país. Si bien ni la estructura del relato —lineal y sencilla— ni la prosa —lenta y de sintaxis común— se emparejan con el ruido y desorden del contexto histórico, la novela posee vértigo y claridad gracias a la forma en que el narrador dispone los hechos. En ella, un lector un poco cultivado, verá lazos consanguíneos con obras tan dispares como: Doctor Zhivago —ambas tratan el tema de la vida y el sentido de ésta—, Berlín Alexanderplatz —en ambas, la ciudad en la que se desarrolla la acción es uno de los personajes más importantes— y Sueño en el pabellón rojo —el reflejo del auge y decadencia de una familia y, por extensión, de un sistema político—. Lo anterior no sólo demuestra lo ambiciosa que es Cevdet Bey e hijos, sino también lo necesaria que es para entender mejor el mundo literario de Pamuk y la dualidad de la cultura turca.

​Cabe argüir que en ésta, una de sus obras más políticas, Orhan Pamuk urde su escritura menos lúdica, como si la vorágine de su universo literario fuese más que suficiente. Célebre por sus juegos con la literatura en sus obras posteriores, retoza poco en estos folios. Solamente cuando el relato parece tullirse un poco, transgrede el clasicismo e incrusta piezas para los amantes del posmodernismo: intertextos y narraciones en forma de diarios con tinte existencialista. La acción es tan deliberada, y en cierta forma tan anecdótica, que Pamuk podría compararse fácilmente con Goran Petrović, Georges Perec o Witold Gombrowicz.

​Mas allá de sus temas y su fiel retrato de una época, lo que recordaré siempre de esta novela es la ineludible pregunta que generó en mí: ¿es posible retratar en un texto literario las pujantes tensiones entre el Oriente Medio y el Occidente? No lo sé con certeza, pero sin duda alguna Cevdet Bey e hijos es ante todo un fruto occidental. Al igual que Haruki Murakami en su obra, Pamuk observa a la sociedad Oriental desde afuera y con una perspectiva un tanto occidental. Quizá por esto, sus trabajos, en especial Cevdet Bey e hijos y Nieve, optan por criticar, hasta cierto punto y sin ofender, algunos de los preceptos de la cultura oriental e islámica. Con esto queda claro que Orhan Pamuk sólo desea entregarnos el retrato más fiel posible de su mundo y es precisamente esto lo que convierte a su obra en una herramienta clave para el análisis de aquel país lejano y enigmático que ostenta el nombre de República de Turquía.