Resonancia
Somos la lluvia, desterrados.
Las espinas de una rosa desmentida.
Los trozos de un periódico dañado.
El recuerdo incorruptible del Edén,
y mis desvelos.
Somos la arena de un desierto.
Imágenes de nuestras mentes.
Nexos de una historia incomprensible.
El último templario combatiente.
Somos la historia.
Ruinas de una Atlántida desvanecida.
Vorágine de pensamientos.
Ánimas, obligadas a vagar
por los recuerdos de sus vidas.
Somos lazos de palabras invisibles.
La historia censurada de una guerra indescifrable.
Los guardianes de un secreto indescriptible.
Descendientes de la Andromeda,
encadenados a esos besos maldecidos por el Kraken.
Somos el último
bastión de la esperanza.
El llanto póstumo de un adiós.
La ultima vertiente de un caudal
de aquellas lagrimas.
Delirios incubados por las agujas del reloj.
Somos el insomnio.
El recuerdo inerte de un pasaje de la vida.
Almas maldecidas.
Inolvidables pétalos de flores
ya marchitas.
Somos lo que queda de una
gran civilización desvanecida por los hechos.
Parte de un invento fracasado.
Experimentos de un nefasto intento.
La ultima fortaleza resistente al olvido.
La esperanza que se fue.
Nuestro martirio.
Somos las cenizas
de un incendio irreemplazable.
El fuego moribundo,
la furia desatada de gigantes y titanes.
Sobrevivientes del milenio,
desertores del destino,
vagabundos de un desierto.
Aves de alas rotas,
de inestable vuelo indefinido.
Somos las estigmas de una herida injustificada.
Náufragos de un barco,
el invento intermitente de una noche censurada.
El viento que quedó en aquél edén deshabitado.
La llave de encubiertos laberintos invisibles.
Espejos del pasado.
Somos poetas,
destinados a callar el grito
indestructible de esas almas.
La ultima voluntad de nuestra fuerza,
sombras en la oscuridad
de aquella noche arrebatada.
Discípulos de Prometeo,
destinados al exilio,
devorados por los cuervos.
La tierra prometida destruida por los sismos.
Desperfecto, eso somos.
Pilares principales de un inmenso Partenón
reducido a sus cimientos.
Somos nada.
Lo restos de una maravilla incomparable.
El recuerdo existente de nuestra armonía prestigiosa,
Inquebrantables.
Grandes fracasos de pensares ilusorios.
Incipientes penares,
enmascarado e inexistente matrimonio.
Somos los designios
de la quiebra de esos sueños,
los minutos invisibles del lamento.
Un misterio.
Somos el aroma de un te quiero,
y aquél atardecer.
Un mensaje destrozado del silencio.
Una melodía que no fue.
Somos los restos de ese algo,
que por un instante fue tan solo nuestro.
«A la memoria de una imagen inestable que evadió el olvido de mi mente malograda».