RetroFuturo

por Paco López

Soy uno de esos tantos que nacimos en la década de los 80. A menudo se refieren a nosotros como la generación perdida, la generación maldita. Y lo cierto es que no les falta razón.

En cierto modo me siento estafado, éste no es el futuro que me prometieron.

Los 80 fue una época llena de luz y de sombras, pero sobre todo de luz. Y no es de extrañar que constantemente aparezca un sentimiento de nostalgia hacia esa época y que éste se vea reflejado en diferentes aspectos de la cultura popular.

Y es que nacimos en los 80. Fuimos testigos de un futuro lleno de naves espaciales que podían llegar hasta los confines del universo, de coches voladores que viajaban por autopistas flotantes, de máquinas de teletransporte en cada esquina y en el que existían robots humanoides a tu servicio. En definitiva un mundo bien distinto al que vivimos actualmente.

Vivimos y adoptamos una cultura rica en matices. Donde la moda era algo realmente extravagante y la música venía directamente del futuro bajo el brazo de un tal John Carpenter.

Y crecimos, nos hicimos adultos y descubrimos que todo había sido un engaño. Añoramos un futuro esperado que casi pudimos tocar con los dedos, que muy probablemente exista en una realidad paralela, pero que nos fue negado.

De ahí que continuamente salgan experimentos que nos hacen recordar lo que podría haber sido nuestro futuro y que a menudo se catalogan como retro. Seguimos disfrutando con cualquier videojuego hecho a base de pixeles y que destile una banda sonora igualmente «pixelada». Y se nos eriza la piel escuchando la infinidad de grupos musicales que han florecido y que representan todos estos sentimientos en un estilo de música bautizado como Synthwave o Outrun, sí, como el mítico videojuego de coches.

Sin embargo el futuro que tenemos es un futuro que en ocasiones se me antoja aséptico, gris, sin gracia. Un futuro donde la obsesión por la perfección y por estar a la moda lo inunda todo. Y olvidamos que la imperfección es diversidad, que somos únicos e irrepetibles y que a pesar de estar en un futuro que no es el que nos prometieron, tenemos la corazonada de que vamos por el buen camino.

Y para los impacientes e inconformistas, para todos ellos, siempre tendremos los 80 y la ciencia ficción.

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