Roja la sangre

Ordenaron la guerra
acojinados en torno a una preciosa mesa,
no les importó quien fuere el que muriera
en una trinchera cualquiera.

Roja la sangre
se escapa entre dos laderas de carne.
La bala fría
rasgó en dos partes encarnada herida.
No hay dolor
en el cerebro cuyos ojos leen el color
de la sangre burbujeante
en la herida recién amanecida.
Frío sudor.
Estupor.

Por qué lo permitió Dios
si eran niños
el que recibió el tiro
y el que lo disparó.