Día 25/100, foto por Deschannel

Salí a caminar a la 1 a.m., mi mente estaba en remolinos

Necesitaba un poco de espacio para pensar, caminar y pensar. Quizá no fue el mejor momento para hacerlo, lo sé, pero era necesario. Caminar, caminar y dejar que las ideas fluyeran.

Casi di un portazo cuando salí, casi, pero no lo hice. Mi mente estaba un poco alterada y era una pista de velocidad para mis ideas, tenía que calmarme.

Cuando lo pienso en retrospectiva, siempre empiezo echándole la culpa a alguien más. Yo estoy haciendo las cosas bien, el mundo no está haciendo su parte. Luego de un rato trato de verlo más objetivo, quizá ver qué puedo hacer para no estar metido en esta clase de situaciones. Al final, me doy cuenta que yo también tuve algo de culpa. Es complejo aceptarlo, incluso conmigo mismo, mucho más hacerlo con otra persona.

Es casi imposible a veces decir: «me equivoqué, perdón».

En algún momento de la noche recordé algún texto donde el autor comentaba que emprender un proyecto para vivir de ello es muy difícil, mucho más de lo que te puedes imaginar, es difícil para ti y para las personas que te rodean.

Recuerdo después haber leído más artículos donde subrayaban, quizá hasta ponían en negritas, que iniciar negocios o actividades similares tiene un precio alto, y las personas que rodean a quienes emprenden generalmente son afectadas de manera colateral. Recuerdo haberlo leído, pero no lo creí.

Anoche me di cuenta que todo lo que decían es cierto, tu vida es un remolino sin principio ni final, y la mayoría del tiempo no sabes si lo que estás haciendo tiene sentido o no, pero te sigues moviendo en aras de que en algún momento la tempestad amaine y haya un poco de luz detrás de las nubes.

No sé, aún lo estoy procesando, todo esto es nuevo para mí.


Este es el post número 25/100 de mi proyecto de creatividad. Si mis palabras te inspiraron o te fueron útiles, te agradecería le des clic al corazón de abajo para que más gente pueda ver este post.

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