Secuelas

Plena noche. Puro insomnio. Cuatro y pico de la madrugada y seguía ahí, hecha pedazos, viva, pero muerta.

Desde el accidente nada fue lo mismo. Mis días se convirtieron en encerrarme sola a llorar, con las luces apagadas, escondida en una esquina de la habitación. De vez en cuando me acuerdo que salía a la calle, pero solo para hacer las compras para la casa… Después, todo el día encerrada en casa. Poco a poco, hora tras hora, segundo tras segundo me iba desvaneciendo sin darme cuenta, mi capacidad humana de socializar poco a poco fue desapareciendo, y sí… Me convertí en un animal solitario, alejado de esos tales bichos llamados personas, alejada del mundo en sí. Primeros síntomas: dejé de comer. La comida se transformó en un enemigo mortal, cada bocado era inducirme al vómito, cada trozo me generaba repugnancia. Hasta el punto que, sin haber comido, me metía los dedos en la boca. Sí, no voy a mentir. Fui al médico reiteradas veces, pude escapar de la tan mal vista muerte, pero después todo volvía a ser lo mismo. Ahí fue cuando aparecieron otros síntomas: lastimarme. Me arañaba para sentir placer provocándome dolor, me arrancaba mechones de pelo para sentirme bien. Me reía. Lloraba después.

Y por supuesto, caí en la cuenta —en uno de mis pocos momentos de lucidez— que estaba sumergida en una gran depresión. Yo no era la única que se daba cuenta, el vecino, que muy pocas veces me vio salir de mi casa, me mostraba en sus ojos la preocupación y el miedo que yo le generaba. Era lógico, muy pocas personas salen de un accidente de tal magnitud sin ninguna secuela. Recuerdo que intenté buscar una solución por mis propios medios. Recuerdo que me forzaba a salir a la calle para darme a mí misma la impresión de que era una ciudadana más, alguien «normal», una más del montón. No me sentía humana, sentía que todos eran una especie diferente a mí, que nadie me entendía, que todos me tomaban por loca. Yo, ingenuamente, pensaba que los locos eran ellos por no estar como yo. Te preguntarás si algún familiar se preocupó por ayudarme. La respuesta es sí, y yo rechacé a toda costa cualquier tipo de salvavidas que me pudieran tirar. Como dije, la ayuda la intenté buscar por mis propios medios.

Y acá estoy, encerrada hace no sé cuantos días, ya perdí la cuenta. Solo sé que cada vez que me miro el brazo, veo piel pálida con aspecto viejo, veo mis huesos sobresaliendo por no nutrirme, me veo débil.

Amor mío, ser viuda me deshumanizó. Ojalá pueda fallecer pronto, así viajo a la vida en la que te encuentras ahora. Ojalá pueda fallecer pronto, así terminamos ese beso en el auto que nunca nos terminamos de dar.