¿En cuál es estos edificios te sentirías más seguro viviendo? ¿A cuál de estos centros comerciales preferirías llevar a tus hijos los fines de semana? ¿Cuál de estos hoteles le recomendarías a tus familiares y/o amigos?

Semáforo de sismo-resistencia

Es totalmente injusto y preocupante que tengamos que esperar que ocurra un terremoto para poder diferenciar los edificios seguros de los inseguros. Antes de entrar en un edificio deberíamos poder ver, por medio de una señalización en la puerta de entrada, si éste tiene un nivel de sismo-resistencia bajo, medio o alto. ¿Si la señal indica que el nivel es bajo, entrarías?

El terremoto del sábado dieciséis me ha dejado muchas dudas sobre la capacidad de nuestra ciudad para soportar eventos sísmicos de esta magnitud o mayores. ¿En qué estado estaría la ciudad si el epicentro hubiera sido aquí en Guayaquil? ¿Cómo podemos saber si los lugares que frecuentamos son seguros?

El día siguiente al sismo, amanecí en un Ecuador distinto al de antes. Mi cama era la misma, mi cuarto igual, pero todo se sentía diferente. Amanecí en un país susceptible a terremotos. No temblores, sino terremotos. Claro, técnicamente eso ya lo sabía, pero no es lo mismo haberlo escuchado que haberlo vivido. Hoy vivimos una nueva realidad, una realidad «post-terremoto». Y en contra de la voz interna que desea que todo vuelva a ser como antes, no deberíamos permitirlo. Hay cosas que deben mejorar y es nuestra obligación identificarlas y exigir cambios. Me refiero específicamente a medidas de sismo-resistencia.

Este artículo no lo escribo desde el punto de vista de un ingeniero civil, porque no lo soy, sino del de un ciudadano preocupado.

Me preocupa manejar por la calle y ver edificios comerciales con paredes rotas y fachadas que inspiran más miedo que confianza. Si un individuo desea ahorrarse dinero en la construcción de su hogar, es su decisión, siempre y cuando cumpla con la normativa de construcción local. Sin embargo, en el caso de edificios comerciales, multifamiliares y públicos, me parece que el caso es distinto. Al tener una responsabilidad hacia terceros, estos deberían ser exigidos la más alta seguridad sismo-resistente. Más allá de lo que exija la normativa, esto debe ser exigido por el mismo consumidor, sin el cual estos proyectos comerciales no funcionan.

Nuestra seguridad por sobre todas las cosas

Luego de hablar con varios amigos ingenieros, tengo entendido que el código de construcción local es bastante bueno, con muchos requerimientos similares al de Chile. ¿Entonces por qué, en cuanto a edificios relativamente nuevos, el domingo amanecieron muchos intactos mientras que otros parecían estar al borde de desplomarse? Los factores seguramente son varios pero hay uno que se me ocurre y que me preocupa mucho, hablo de una posible cultura en el Ecuador de cumplir con la ley el mínimo necesario. En este caso, hacer el mínimo necesario para que un proyecto inmobiliario o comercial cumpla con el código de construcción y sea aprobado.

¿Por qué alguien haría esto? Es simple: 1) porque es legal y 2) para minimizar el costo de un proyecto y maximizar el retorno de la inversión. Hasta ahora el mínimo parecía ser suficiente, pero el sábado dieciséis quedó claro que no lo es. Para muchos ha llegado el momento de cambiar las prioridades. Esto debería quedar plasmado en la mente de todos los responsables de liderar proyectos inmobiliarios:

Maximizar seguridad del cliente > Maximizar retorno del proyecto

Es de esperarse que esta mentalidad incremente los costos de construcción, ocasionando que la rentabilidad de algunos proyectos caiga por debajo del costo de capital, momento en el cual usualmente se archiva un proyecto. Sin embargo, la seguridad y los altos retornos no necesariamente tienen que ser mutuamente excluyentes. Por ejemplo, ¿cuál es una de las principales características de los automóviles alemanes? Su alta seguridad. Los alemanes llevan décadas vendiéndole al mundo la seguridad de sus carros y ciertamente no les falta demanda en nuestro país. ¿Por qué no hacer nosotros lo mismo, de manera local, con la sismo-resistencia? Quizás de esta manera, los proyectos inmobiliarios que ofrezcan mayor seguridad sismo-resistente podrán vender su proyecto a un premium, así manteniendo el retorno del mismo.

Yo exijo transparencia

¿Como ciudadanos, cómo podemos saber que el edificio al cual vamos a ingresar sea sismo-resistente? La única «garantía» que tenemos hoy es el hecho de que esté abierto al público y/o funcionando, ya que esto indicaría que cumple con la normativa de construcción necesaria para funcionar. De no cumplir con la normativa, el edificio/negocio/lugar comercial seguramente estuviera clausurado (al menos eso sería lo lógico). Mi preocupación es que las propiedades de sismo-resistencia de una estructura en realidad no sean binarias. Pasar el código de construcción si es binario, ya que lo pasas o no. No hay punto medio. Pero la realidad es otra, habrá quienes lo pasen de largo y quienes lo pasen con las justas. Personalmente, preferiría evitar las edificaciones que pasaron rozando, ¿y ustedes?

Me atrevo a asumir que hay varios grados de sismo-resistencia, en vez del actual «si o no».

Debería ser nuestro derecho como ciudadanos el tener acceso a información sobre la seguridad de edificaciones de la ciudad, específicamente haciendo enfoque en sus propiedades de sismo-resistencia. Este acceso debería ser tanto conveniente e inmediato, como claro y simple.

¿Mi propuesta? Un «semáforo» de sismo-resistencia en la puerta de ingreso a todos los edificios del país que tengan un fin comercial o que sean de uso público, ya que estos especialmente tienen una responsabilidad hacia terceros. Idealmente, esto se podría observar de forma clara en la entrada de todos los hoteles, hospitales, restaurantes, condominios, centros comerciales, entre otros edificios de uso comercial y público.

Este semáforo podría ser tan simple como el que actualmente aparece en todos los envases de alimentos y bebidas, pero en vez de informar al consumidor sobre lo que va a ingerir le informará sobre la sismo-resistencia del edificio al cual va a ingresar. Este nivel de transparencia me parece lo mínimo que deberíamos exigir los ciudadanos de un país ubicado en el famoso Cinturón de Fuego.

Este sistema podría traer beneficios como los siguientes:

  • Transparencia: El principal beneficiado de este sistema será el ciudadano, quien podrá conocer y entender fácilmente la seguridad sismo-resistente de la estructura donde va a ingresar. La transparencia es buena, debemos exigirla. El único perjudicado por este sistema será el que está haciendo las cosas mal, porque se verá obligado a cambiar sus maneras.
  • Un sistema gradual, no binario, de calificación: Al no ser binarias las propiedades de sismo-resistencia de un edificio, como previamente mencionado, este sistema evaluará la seguridad de una estructura en una escala de varios niveles, así permitiendo mostrar que dentro del universo de edificios que cumplen con el código de construcción hay realmente unos más seguros que otros.
  • Premiar a los que priorizan la seguridad, castigar a los que no lo hacen: Con este sistema los mismos ciudadanos tendremos en nuestras manos el poder premiar a los que construyan edificaciones con los más altos estándares de seguridad sismo-resistente y al mismo tiempo castigar a los que se quedan contentos con simplemente pasar el código de construcción. ¿Cómo? Es fácil, simplemente frecuentaremos los lugares más seguros y evitaremos los menos seguros, o al menos tendremos la opción de hacerlo. Hoy esa opción no existe ya que simplemente hay edificios funcionando y otros clausurados. No tenemos manera de distinguir dentro de los que están funcionando cuales son los de más alta seguridad estructural. Este factor, por más pequeño que parezca, podría influir de una manera enorme sobre la industria inmobiliaria.

Continuando con el último punto de la lista, les haré una breve pregunta: ¿si mañana están buscando alquilar un apartamento y ven dos edificios similares con unidades disponibles a precios iguales, pero el «semáforo» muestra que uno tiene un nivel de sismo-resistencia «alto» mientras que el otro muestra un nivel «medio», ¿cuál escogerían? ¿Qué tal si se trata del piso veinte? Asumo que siendo todos los otros factores iguales, se inclinarían por el más seguro, pero lamentablemente hoy no pueden hacer esa distinción. ¿Está bien eso? ¿Quién se beneficia del hecho que no podamos hacer esa distinción? Esta realidad tiene que cambiar, debemos exigirlo.

Ojo, que un edificio sea «seguro» no sólo quiere decir que no se vaya a desplomar, sino también que sus materiales internos y/o externos no se vayan a desprender fácilmente durante un sismo. Después de todo, basta con que se desprenda y caiga un pedazo de mampostería para acabar con la vida de alguien.

Sistemas similares han sido muy exitosos

Sistemas de semáforo informativos como el que propongo ya existen en el mundo, es más, ya hay uno implementado en nuestro país que en poco tiempo ha tenido un impacto muy positivo.

Ejemplo 1: Semáforo Nutricional —Alimentos/Bebidas (Ecuador)

Fuente: http://www.leximabogados.com/

Estos sistemas tienen como objetivo la protección al consumidor y su arma principal es la transparencia, tan solo con eso logran cambiar industrias significativamente. Según el diario El Comercio, este sistema ya ha cambiado los hábitos de consumo de alimentos y bebidas en el Ecuador, específicamente creando una tendencia hacia el consumo de productos más saludables.

Meta: Informar mejor al consumidor para que él mismo pueda tomar la decisión de elegir alimentos más saludables.

Ejemplos de éxito:

  • A fines del año 2014, la multinacional Mondelez (Oreo, Ritz, Club Social, entre otros) le indicó al diario El Comercio que aunque cree que «aún es muy temprano para evaluar el impacto que tienen las etiquetas», actualmente realiza proyectos de investigación para «ofertar productos más saludables».
  • Byron Orellana, gerente comercial de Supermercado de Carnes Orellana, indicó al diario que desde que se implementó el «semáforo» ha visto bajar las ventas de productos altos en azúcar entre un 5% y 15%.
  • Uno de los grandes beneficiados ha sido Orangine, quienes desde hace más de ocho años llevaban haciendo gaseosas bajas en azúcar. Una vez implementado el «semáforo», vio sus ventas incrementar en un 4% ya que «se evidenció más claramente los componentes de sus productos», los cuales tenían menos azúcar que la competencia. (Ejemplo claro de que el consumidor premió al más sano. En esa misma línea, creo firmemente que las empresas inmobiliarias querrán destacar sus edificaciones por ser de la más alta seguridad sismo-resistente, tanto por nuestra seguridad como para el éxito de sus proyectos.)
  • Carina Vance, ministra de Salud, indicó que «el resultado ha sido positivo, pues más del 20% de grandes y medianas empresas redujeron, al menos en un producto, azúcar, grasa o sal para evitar la alerta roja».

Ejemplo 2: Sistema ABC —Restaurantes (Nueva York, EE. UU.)

Fuente: http://www.bardblog.com/

Hace aproximada 6 años, el departamento de salud de la ciudad de Nueva York (EE. UU.) implementó un sistema de transparencia y protección al consumidor conocido como el «Sistema ABC». El sistema funciona de la siguiente manera:

  1. Inspector visita restaurante y evalúa el nivel de higiene del mismo con una lista de varios factores como: la temperatura que mantienen la comida, si hay indicios de ratones/cucarachas, accesibilidad de lavamos, entre otros.
  2. Una vez revisados todos los puntos, se genera una calificación promedio de higiene que puede ser: A (alta), B (intermedia) o C (baja).
  3. Una vez recibida, el restaurante está obligado a exhibir su calificación en la entrada del local de una manera que sea altamente visible para todos los potenciales clientes. Mientras el restaurante espera que le llegue su calificación debe exhibir que la calificación está pendiente.
  4. Si el restaurante recibe una calificación de C, usualmente debe cerrar sus puertas hasta subirla a una de B o mayor.
Las dos caras de la moneda: A la izquierda se puede ver al dueño de un restaurante orgullosamente exhibiendo su calificación A, mientras que a la derecha se puede ver algo decepcionado al dueño de un restaurante que recibió una C.

Aquí algunos resultados del sistema en los primeros 5 años desde su implementación:

  • Reducción de 24% en casos de salmonela
  • Reducción de 18% en indicios de ratones
  • Incremento en porcentaje de restaurantes con calificación A del 80% al 95%

Adicional: en el minuto 1:32 de este video se puede ver una entrevista al dueño de un restaurante hindú de Nueva York donde cuenta lo duro que tuvo que trabajar para conseguir su calificación «A» y explica que ahora la exhibe con orgullo, trabaja fuerte para no perderla y cree que todo el esfuerzo ha valido la pena. ¡Imaginen tener esa mentalidad acá en cuanto a la seguridad sismo-resistente de nuestros edificios! Seguramente marcaría un antes y un después.

Detalles del semáforo de sismo-resistencia

El semáforo debería evaluar varios factores críticos a la seguridad de un edificio, aquí incluyo algunos para empezar la conversación y dejo la puerta abierta para que los ingenieros especializados propongan los que ellos crean que sean los principales:

  • Suelo: ¿Cómo es el suelo sobre el cual está construida la edificación? ¿Es fango? ¿Es piedra? Cada suelo tiene un perfil de riesgo distinto y puede ser un factor determinante durante un sismo. Las empresas inmobiliarias siempre saben el tipo de suelo sobre el cual están construyendo, ya que el estudio de suelo es una parte crucial —y requerida— del proceso de planificación. La transparencia en este factor servirá para motivar la búsqueda de suelos más seguros para proyectos comerciales, al mismo tiempo deteriorando la construcción de ciertas edificaciones sobre suelos de mediano/alto riesgo.
  • Bases: ¿Qué tipo de cimentación tiene la edificación? ¿Va acorde al tipo de suelo donde se edificará? ¿Cuenta con alguna tecnología sismo-resistente específica?
  • Factor de seguridad: Este elemento es muy conocido entre ingenieros y especialistas pero usualmente desconocido por el ciudadano común. En resumen, es un factor mayor a uno que indica la capacidad en exceso que tendrá el edificio por sobre sus requerimientos (un factor de 1,5 indicaría que la estructura será 1,5 veces, o 50%, más segura de lo que requiere la norma). Este factor influye considerablemente en la calidad y cantidad de materiales que se utilizan (principalmente en la cimentación y estructura, piezas fundamentales de una construcción). Por ejemplo, los hospitales usualmente se construyen con un factor de seguridad de 1,5, así minimizando su vulnerabilidad ante posibles sismos.
  • Calificación: Este elemento considerará todos los factores previos, dando un puntaje final de A (alto), B (medio) o C (bajo) a la sismo-resistencia total de la edificación.

Dejo la puerta abierta a que estos diferentes factores sean discutidos y cambiados por expertos con la finalidad de llegar a diseñar un semáforo que pueda abarcar los factores más importantes para la seguridad de las personas que visitan estas edificaciones.

(Con los puntos anteriores titulados «Bases» y «Factor de Seguridad» recibí la gentil ayuda de Mario Idrovo, estudiante de último año de Ingeniería Civil en la U.E.E.S.)

Aquí algunas imágenes del sistema que propongo:

Jóvenes entran a un centro comercial. En la puerta se exhibe un semáforo de sismo-resistencia.
Aquí se pueden ver los semáforos de tres edificios con distintos perfiles de sismo-resistencia. Este sistema permitiría a los ciudadanos rápidamente conocer el nivel de seguridad de las edificaciones que están considerando visitar.
Semáforo de sismo-resistencia en la puerta de un hostal en un destino turístico del Ecuador. Aquí el turista podría rápidamente identificar que el hostal es seguro contra sismos.

Beneficios de este sistema para la industria de turismo:

  • Reducir el temor e incertidumbre que puedan estar sintiendo algunos turistas internacionales luego de ver la destrucción de una gran cantidad de hoteles en Manabí y Esmeraldas durante el último terremoto.
  • Ofrecer a turistas un sistema pionero de mitigación de riesgo sísmico.
Un edificio de oficinas moderno exhibe un semáforo de sismo-resistencia con calificación alta.

La realidad de donde vivimos: Proyecto RADIUS (GYE)

El Proyecto RADIUS tuvo como finalidad el evaluar el riesgo sísmico de Guayaquil. Este estudio inició en Febrero de 1998, bajo el liderazgo de la Dirección del Plan de Desarrollo Urbano y Cantonal de la M.I. Municipalidad de Guayaquil, con la responsabilidad técnica y científica del Instituto de Investigación y Desarrollo de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil (IIFIUC) y la supervisión de GeoHazards International Institute (GHI) con sede en la Universidad de Stanford, California.

El estudio identificó las siguientes fuentes principales de peligro sísmico para Guayaquil:

En esta tabla se puede ver cada cuanto tiempo se esperan eventos sísmicos en las zonas de peligro para Guayaquil. Según este estudio, la zona costera-norte (Manabi/Esmeraldas) ya ha producido 5 sismos con magnitud superior a 7Ms, la sur-oriental ha producido 2 sismos mayores o igual a 7 y la zona local (Guayaquil) ha producido 2 sismos de entre 6 y 7Ms.

El estudio también detalló los siguientes como algunos de los principales factores de vulnerabilidad de las edificaciones de la ciudad:

  • Mala práctica de la construcción y el diseño sismo-resistente fuera de norma.
  • Columnas débiles y vigas fuertes en edificios de hormigón (factor característico de las estructuras construidas sin diseño sismo-resistente).
  • Uso de elementos no estructurales peligrosos y volados de gran longitud.
  • Primer piso débil.
  • Vetustez y altura de los edificios mixtos.
  • Esbeltez excesiva.
  • Proximidad excesiva.

Aquí otros hallazgos importantes del estudio:

Las estructuras que albergan muchos de los servicios esenciales (cuarteles del Cuerpo de Bomberos, Cruz Roja, entre otros) no son sismo-resistentes […], por lo que en estas se esperan daños desde moderados a muy fuertes.
A pesar de que la construcción informal no aplica normas sismo-resistentes, la mayor parte de estas edificaciones son suficientemente seguras. Las construcciones de madera o caña (20%) por ser muy livianas y las viviendas de hormigón de 1 o 2 pisos (60%) por la nobleza de este material, tienen bajo riesgo.
La mayor parte de las vidas se pierden y el mayor impacto social post-desastre es producido a consecuencia del colapso de un reducido número de edificios, por los daños en los sistemas vitales y esenciales de la ciudad, la falta de preparación y de acción oportuna.
El 75% de la construcción no se realiza con una rigurosa aplicación de códigos de construcción y normas sísmicas. Muchas edificaciones se construyen informalmente (50%) al margen del control municipal y sin la participación de profesionales.
La vulnerabilidad de la ciudad ha aumentado por la antigüedad de muchas edificaciones, el incremento de la construcción informal con materiales pesados sin previsiones sísmicas, y la falta de aplicación de códigos de diseño sismo-resistente. La ciudad no se encuentra preparada para enfrentar los efectos de un terremoto de intensidad VIII.

En la página 31 del resumen ejecutivo del proyecto RADIUS, se puede ver la metodología que se empleó para analizar la sismo-resistencia de edificios, a continuación muestro la ficha del antiguo Edificio Cámara de Comercio.

Fuente: Proyecto RADIUS (1998/99)

En la ficha de este edificio, se puede ver claramente como se usa una lista de varios factores, mismos que a su vez tienen un rango de evaluación, para finalmente determinar el perfil de sismo-resistencia de la edificación. Ésto sirve como evidencia para mostrar que los expertos no ven la sismo-resistencia como algo binario, sino como algo que puede variar en un amplio rango, con edificios ciertamente más sismo-resistentes que otros.

Quizás algunos de los factores de esta ficha puedan ir en el semáforo, o quizás el semáforo debería ser basado completamente en esta lista y simplemente dar una calificación al final, eso lo deberán determinar los expertos. Lo que si podemos determinar los ciudadanos es el derecho que tenemos a conocer, con total transparencia, el nivel de sismo-resistencia de los edificios que frecuentamos y/o habitamos en la ciudad.

Debe haber un cambio de cultura

No podemos esperar a que alguien más se preocupe por nuestra seguridad, nosotras debemos hacerlo con nuestras decisiones de día a día. Démosle preferencia a los establecimientos que prioricen nuestra seguridad, ese es el primer paso. Lo que mi propuesta busca lograr es simplemente hacer más fácil e informada esta decisión, porque nosotros tenemos la capacidad de cambiar las cosas simplemente cambiando nuestros hábitos de consumo. Si mostramos preferencia hacia lo sismo-resistente, incrementará la oferta de este tipo de edificaciones.

En el Ecuador de mañana, los proyectos inmobiliarios nuevos deberían diferenciarse por traer nuevas tecnologías de sismo-resistencia, dejando en un segundo plano las propuestas de valor que sean recreativas (o en otras palabras, priorizando lo prioritario, nuestra seguridad). Un buen ejemplo de esto es el proyecto llamado Sky Building (con cuyos promotores no tengo relación), ubicado atrás del aeropuerto de Guayaquil. Este proyecto no tiene como propuesta de valor principal el incluir un restaurante 5-estrellas ni la discoteca más moderna de la ciudad, sino un sistema pionero de «disipadores antisísmicos», que incluye la «instalación de aisladores y deslizadores sísmicos», entre otros elementos. Hoy aplaudo esta iniciativa y espero que sea el primero de muchos proyectos que se enfoquen en nuestra seguridad, sin importar quien los lleve a cabo.

Para la implementación del semáforo de sismo-resistencia invito tanto al sector público nacional y local como al privado, para que juntos se analice el más idóneo para llevar a cabo esta iniciativa. De ser llevado a cabo por el sector público podría ser manejado de una manera similar a la que se maneja el actual semáforo nutricional, mientras que en el privado, podría ser manejado por una consultora reputable que cobre por analizar la sismo-resistencia de proyectos inmobiliarios y colocar los «semáforos» fuera de estos, así ofreciéndole a sus clientes un importante valor añadido.

La cuenta regresiva para el siguiente sismo que nos amenace ya empezó. Y aunque sea imposible saber exactamente cuando llegará, cuál será su magnitud o donde será el epicentro, debemos hacer todo lo que esté en nuestras manos para estar bien preparados. Todo empieza con una conversación. Agreguemos el tema de la sismo-resistencia a nuestros temas de mayor interés, preguntemos sobre esto al que nos quiera ofrecer un apartamento, hotel u otro lugar comercial. Cuando el mercado vea que la sismo-resistencia está en demanda, empezarán los cambios.


Quisiera dedicar este artículo a todas las víctimas del terremoto del sábado 16 de abril del 2016, a todos los que perdieron familiares y/o amigos, a los bomberos y otros rescatistas que pusieron su vida en la línea por el prójimo, a los países internacionales que enviaron a sus mejores equipos y a todo el pueblo ecuatoriano que puso en pausa sus actividades para ayudar a los afectados por el sismo. También quisiera agradecer a mi padre, a Mario Idrovo y a Emilio Rumbea por brindarme sus conocimientos técnicos para este artículo.

Nota: Al jueves, 28 de abril del 2016, no tengo afiliación alguna a empresas inmobiliarias y pido que este artículo sea leído con la consideración de que hay muchas suposiciones, ya que, como mencioné previamente, no soy ingeniero civil y mi único propósito ha sido empezar una conversación.