Ser leído

Ser leído. En este caso, también. Por eso lo comparto en Medium. Si no, pues puede guardarse con los demás borradores. Y ser leído ¿para qué? A bote pronto, soy un mar de dudas; ya van unos cuantos textos publicados (y no publicados) en los que doy vueltas sobre esta pregunta. El caso es que te asomas a la red y ves textos de mucha gente desconocida. De toda índole: sobre viajes, de chismes, sobre tecnología, sobre cine, sobre ciencia, sobre libros… Aparte de tropecientos mil comentarios, conversaciones en foros, etcétera. Te das cuenta de que la gente escribe.
En algunos casos mejor que en otros, pero se escribe y se comparte mucho públicamente. También se publican vídeos, y no se puede negar su difusión, pues YouTube, por ejemplo, cuenta con más de mil millones de usuarios (también se comparten millones de fotografías). Sin embargo, también se sigue escribiendo públicamente. Desde luego, no podemos dejar de lado los textos de mensajería electrónica. Pero quiero hacer hincapié en los textos cuya lectura es abierta. Pues parece como si nos hubieran dado poder para opinar con desconocidos, como si no fuera suficiente con las personas más allegadas. Ahí está mi duda: no sé si realmente todos podemos hacer valer nuestras opiniones. Está fuera de toda duda que unas calan más que otras. Y es casi indudable que las de algunas personas calan mucho más que las de la mayoría. Intuitivamente, estaríamos capacitados para afirmar que, a pesar de todo, el canal de comunicación se ha expandido al abrir mayor número de interacciones entre personas o instituciones más relevantes y personas o instituciones menos relevantes. Entre tanta opinión y entre tanta premura por estar al día de todo, cuesta separar el grano de la paja incluso al leer páginas que a priori son de información o de divulgación. Es posible que este sea uno de los factores por los que sigue habiendo personas e instituciones más relevantes. Pero no siempre más influyentes, pues no siempre hacemos caso de lo que más nos conviene; especialmente, si conlleva esfuerzo. Un esfuerzo como cambiar nuestros esquemas. O un esfuerzo como cambiar conductas concretas: dejar de fumar, no consumir alcohol, leer más y mejores libros, fiarnos de los transgénicos, acostar a nuestros hijos a horas razonables… Los que sean; cada cual tiene sus manías.
Influir, intervenir, dejar constancia, introducir nuestros intereses en la rueda que hace que gire todo. Sí, creo que siempre hay un propósito al comunicarnos. Sea ancestral, biológico o lo que sea que se halle baje ese propósito, eso no se antoja como asunto de discusión para este humilde post. En algún momento los seres vivos dejaron de ser inmortales y pasaron a intercambiar información con el medio (entre ellos también, pues). Pero solo el ser humano ha abierto la posibilidad de comunicación entre seres que no están en contacto (generalmente, de la misma especie, humana). Es un logro tecnológico que nos facilita el contacto con seres queridos, nos brinda mayor rapidez para solicitar ayuda (que puede ser determinante para la supervivencia en muchos casos), entre otros beneficios. Ahora bien, Internet es un melón que se abre para compartir información con personas que no conocemos: personas que necesitan sentirse queridas (por quien sea), personas que ofrecen o reciben ayuda, entre una amplia diversidad de inquietudes, expectativas, intereses… ¿Qué necesidad tengo de emitir un tuit? ¿O de colgar una foto en Instagram? Hasta ahora parecía claro por qué se hacía entre las personas cercanas: para compartir alegrías o tristezas, experiencias, sucesos… Lo que fuera. Pero si publico este post, tuiteo o subo un vídeo a Facebook, lo estoy haciendo público (sí, sabemos que no todo los usuarios tienen sus perfiles abiertos, pero no es la mayoría). De repente, a mucha gente nos ha dado por salir del anonimato (cada cual desde su IP, uses un alias o no).
Sigo sin tener una respuesta clara de por qué lo hacemos (en este enlace traté de dar una explicación lo más certera y concreta posible).
Quizá la respuesta sigue siendo simple: por necesidad de relación. Empero, eso no centra nada la cuestión de por qué se escribe. Y, más concretamente, por qué se escribe desde cero; me refiero a escribir sin entrar en un foro de discusión, sino, simplemente, como quien comienza una conversación. Aunque, después de todo, ¿qué conversación puedes tener si no sabes si te van a leer lo que publicas? Se queda en un monólogo, en una rueda de prensa sin preguntas, en una conferencia sin preguntas o en cualquier discurso por el estilo: unidireccional. En este texto estoy compartiendo una mera reflexión personal. Pero hay miles de textos en la red que tienen un carácter técnico o erudito, que son de autoridad. Por ejemplo: el Boletín Oficial del Estado (BOE), la nueva gramática de la lengua española (RAE), The OnLine Encyclopedia Of Integer Sequences… Estos los englobaría en la categoría de ayuda. Son claramente relevantes. ¿Son influyentes? El BOE es determinante, no solo influyente, pero, claro, incluso para quien no lo consulta. Pienso en la incidencia que puede tener un vídeo de El Rubius y sospecho, solo por probabilidad, que afectará más a las conductas que tengan unos chavales que una lectura en clase de un pasaje de El Lazarillo de Tormes, por ejemplo. Quién sabe si, pasados veinte años, algunos de estos chavales es médico en un campamento de refugiados por el vídeo o por la lectura del clásico. En realidad, es estéril buscar la medida de esa influencia porque hay muchos factores más y, quizá, más importantes (no sería estéril cuando se analizara la frecuencia y se complementara con entrevistas a un número de sujetos expuestos a ambos estímulos). Ahora pensemos en ejemplos menos extremos. Comparemos la incidencia de miles de páginas que fomentan las pseudociencias con la incidencia de cientos de páginas que fomentan el pensamiento racional y crítico basado en la ciencia. Quizá no sea esa la proporción exacta, pero no creo equivocarme al afirmar que son más visitadas las primeras que las segundas; pero, de todos modos, ¿cuándo se podrá observar que las páginas escépticas habrán calado más que las otras? ¿Será mensurable o siquiera apreciable la influencia de unas y otras a medio plazo?
Por aclarar un poco más el asunto: aparte de intereses, que los hay, uno escribe desde sus convicciones. No puedo decir que uno escribe desde sus verdades porque me parece pretencioso. Daría lugar para un debate sobre la filosofía de la ciencia determinar si el científico cree en la verdad; así que me conformo con denominarlo convicciones. Descartando los intereses (lo cual es un ejercicio atrevido), quizá uno escriba desde sus convicciones (incluso convencido de sus dudas, como es mi caso) para ponerlas en juego con el resto de personas. ¿Por qué? O, más bien, ¿para qué? Tal vez para conectar con su entorno. Lo cual nos lleva a la respuesta básica de antes: por afán o necesidad de relación.
Muchas personas escriben textos que no serán leídos, ya sean escritores o no. Pero cuando, después de escribir, lo publicas, quieres algo más. Y ese algo más es la conexión con lo que te rodea: bien con algo específico, bien con algo más amplio, bien con la humanidad en potencia. Hay quien necesita la aprobación (puntualmente, a menudo o siempre), ora porque le gusta mostrar cuestiones propias, ora porque disfruta intercambiando pareceres, ora porque le gusta crear…; hay quien necesita deshacer nudos y no encuentra otra manera mejor (empiezo a pensar que es mi caso en este texto)…. Incluso hay gente que se gana la vida con ello o espera ganársela (la vida).
Llevo relativamente poco tiempo en esto, pero voy aprendiendo algunas cosas útiles. Entre ellas, la que más me fascina es haber descubierto personas que siguen sin conocer el doble sentido de la expresión «ser leído», por mucho adorno que se pongan.