Sexo por placer

Oblumi
Feb 20, 2017 · 6 min read

Siguiendo nuestro título se nos plantean en la cabeza una buena cantidad de preguntas: ¿Pero esto no es lo que hacemos (casi) todos? Pero ¿por qué lo necesitamos? ¿Por qué, si estamos un tiempo sin él, solemos excitarnos más fácilmente e incluso tenemos sueños erótico-festivos? ¿Después del embarazo no hay ganas de nada?

Por qué… por qué… por qué…

Sí, todas estas preguntas y más serán resueltas en las siguientes líneas. Y tú dirás «sí claro, seguro que siglos sin saber responder a estas preguntas humanas y ahora me lo aclaras todo…ya…». Que sí, que sí, que esto es #TheNowFamily. ;-)

Para seguir con nuestra conversación te diremos:

Zzzzzzzzzzzz… ¡Eh! ¡Toc! ¡Toc! ¡¿Ya te has quedado dormido?!

Bromas aparte, queremos contestar muchas preguntas y, como siempre, no tenemos tiempo. La primera de todas es: ¿Qué hace que queramos practicar sexo? En el 99.99 % de las veces que «lo hacemos» (lo practicamos si nos ponemos finos) no es precisamente porque queramos minar el mundo de pequeñas personas parecidas a nosotros. No, no lo hacemos por tener hijos, así que, ¿por qué? (A todo esto, quién sería el inventor de los ¿por qué?…)

Pues sí, es por «eso», por lo que tú y yo sabemos… Eeeemmm, queremos ese placercito que tanto gustito nos da. ¿Y de dónde sale ese placer? ¿Por qué, (qué pesado estamos con los por qués) lo queremos?

Pues le vamos a hacer un quiebro a los por qué y vamos a empezar por el dónde. Aunque el placer lo notemos «allí abajo» (los genitales si nos ponemos técnicos y finos de nuevo), resulta que es el cerebro el culpable. Es nuestra cabeza, nuestro cerebro el que segrega un conjunto de hormonas de forma repentina durante esos segundos donde nada más que «eso» importa. Luego, acto seguido, se acabó… solemos sentirnos sin ganas de más, incluso nos cambia el humor, sobre todos en los hombres. Y dirás:

—¡Eh! Espera, espera, esto me suena, ¿es normal que mi pareja-marido-amigo-chico se vuelva menos cariñoso y le entre sueño después del «tú ya sabes»? —Pues sí querida amiga, y no es culpa de él (no que va, para nada…), son sus hormonas.

La explicación científica (que nosotros tratamos de traducir a un lenguaje para los mortales) es que, cuando conseguimos llegar a ese placer (el clímax-éxtasis), el cuerpo obtiene su dosis de hormonas como si de una droga se tratase (sí, lees bien, una droga) y, como tal, llega un momento donde volvemos a necesitarlas.

—Eeeeeeeh, stop stop. ¿Me estás diciendo que si tengo mi dosis me vuelvo menos «cariñoso» y si las necesito, amable y cortés con el sexo opuesto? —Pues sí. —¿En serio? —Que síii.

Aunque claro, también se pueden poner desagradables (por no decir otra cosa) algunos hombres en su obsesión de conseguir su dosis…

Es más, este conjunto de hormonas cuyos nombres terminan todos en –ina (no, no tienen nada que ver con nombres femeninos) afectan al humor, al sueño, la afectividad, la irritabilidad… y por supuesto al apetito sexual. Es decir, actúan sobre ciertas características de nuestra personalidad.

—Con la edad… —Uy uy uy por ahí no vayas… —Con la edad, la libido de la mujer va en aumento. —¿Pero eso no es al revés? —¡No!

«Más allá de lo que se cree, el deseo sexual femenino es tan fuerte y voraz como el de los hombres, sólo que a éstos la sociedad les permite expresarlo de forma más abierta, así lo indica Daniel Bergner, columnista del The New York Times y autor del libro Lo que las mujeres quieren».

Lejos de lo que se piensa, es a partir de los 30 años cuando la mujer llega a aumentar su líbido hasta su punto más alto. Lo que ocurre es que la líbido de la mujer se desarrolla más despacio. Pero el deseo sexual de las mujeres se mantiene invariable con el paso de los años, e incluso aumenta, lo único que pierden más rápido es el interés en sus parejas, algo que confundimos con la falta de libido, explica Kimberly Russell, investigadora en biología evolutiva, en el informe «Evolución y comportamiento de los sexos».

Lo que sí es cierto es que la líbido suele ir desapareciendo cuando llega la menopausia que es cuando el cuerpo de la mujer considera que va dejando de estar preparado para la concepción. Tranquilidad que a vosotros, hombres de TheNowFamily, también os pasa: Existe la menopausia masculina. ;)

—La andropausia es comúnmente conocida como menopausia masculina y consiste en la disminución paulatina de la producción de la hormona testosterona. —¿Esa qué es la única que no termina en –ina? —Eso parece. El caso es que la menopausia masculina suele comenzar a partir de los cuarenta años y en el proceso se pierde la capacidad de procrear. —¡¿Cómo?! ¡¿Justo cuando las mujeres tienen su mayor actividad sexual?! Se suponía que la naturaleza estaba bien hecha… —Ya… —Bueno y ¿a los hombres qué les pasa en la andropausia? —Pues tienen ciertos síntomas parecidos a las mujeres con la menopausia. Están la fatiga constante, los dolores de cabeza, la sudoración excesiva (los sofocos de calor en las mujeres) y, por supuesto también les disminuye la líbido.

Aunque creamos que los chicos-hombres-machos están disponibles (salidos) siempre, no es del todo así. Según un informe estos alcanzan sus mayores cotas sexuales en la adolescencia y el deseo sexual va disminuyendo conforme pasan los años.

—Apuesto a que esto no pensabas que fuera así, ¿no? —Bueno… Pero no me has contestado, ¿por qué mientras más tiempo estás sin «hacerlo» (practicar el coitus, que se dice en latín) más te excitas? —La excitación es proporcional a la falta de dichas hormonas. Pero ¡¡cuidado!! el cuerpo se acostumbra fácilmente, tanto al exceso, como al defecto, a ver si de tanto «tú ya sabes» vas a terminar dañado… Hay que buscar un equilibrio.

En cuanto a las mujeres que recientemente han sido mamás, se debe tener en cuenta que, al igual que el hombre se duerme por la serotonina (algúnos la queremos en vena para poder dormir 8 horas seguidas) segregada después de conseguir su «gustito», otra de esas hormonas terminadas en –ina se comienza a segregar en el cuerpo de la mujer justo después del parto. Se trata de la prolactina: la hormona anti-deseo.

Sí, siempre hay un culpable para todo y la prolactina es la explicación a que la sexualidad después de los embarazos hagan mella en las relaciones de parejas. La prolactina se encarga de hacer que la madre se centre en el cuidado de la cría y de que deje a su cuerpo reconstruirse y volver a su estado normal después del parto.

—Pero ¿entonces qué pasa cuando nuestro momento de deseo no se complementa con el deseo de nuestra pareja? ¿Nos quedamos con las ganas? ¿Nos «queremos» a nosotros mismos? —Ni tanto, ni tan poco, mantener una vida sexual activa pero equilibrada es sano tanto física como mentalmente, hay que conocerse y sobre todo, conocer a nuestra pareja.

Hay momentos para todo en la vida. Lo fundamental es ser conscientes del momento en el que estamos y, más allá de nuestras necesidades, si queremos tener relaciones sexuales de calidad, debemos pensar siempre en el otro.

Satisfacerse uno mismo está muy bien. Pero si hablamos de un juego de dos, ambas partes tienen que ganar. El sexo es el único juego donde el empate es un must!

—¿Te hemos aclarado los por qués que tenías? —Bueno, ahora habrá que poner los nuevos conocimientos en práctica. :D —Te diría que nos lo contaras pero… no lo vemos necesario. ;)

Este artículo ha sido escrito originalmente en el blog #TheNowFamily por el equipo de Oblumi.

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