Silencio y dolor

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Me siento extraño al mundo. Eso no significa que lo sea. Pero también me siento lejano de una preocupación por conocer que no está dominada por un sentimiento de espera: cada conocimiento particular me parece eludir, en alguna forma, el conocimiento violento, sin el cual el hombre es la carta trucada dentro del juego que lo engaña. No he dicho que la acción y el conocimiento particular fueran dignos de desprecio (más bien digo lo contrario), sino que, a mi juicio, son dignos de interés en la medida en que se les considere como lo que son, subordinados a ese momento soberano en que la impaciencia y el conocimiento se confunden. Existe para el hombre un momento de grandeza incondicional en que el silencio reina, en que el sosiego es más fuerte que el dolor, en que el pensamiento tiene la pureza del vicio.

Jamás hay, de hecho, ausencia de esfuerzo. Lo que se asemeja a la ausencia de esfuerzo es ambiguo, es el decaimiento sin el dolor, es contra lo que se erige La experiencia interior.

Delirios que siento entre la experiencia, el silencio y el dolor: la angustia de existir.