¿Sin filtro?

Es ya una rutina en las publicaciones de Instagram la edición de cada una de las fotos con los respectivos filtros que la app nos ofrece y, claro está, el objetivo es tener la foto perfecta usando el filtro perfecto. Imagino que te pasa lo mismo, ¿no?

Honestamente, no sé cuál sea el filtro más usado, pero lo que sí sé es que en la vida real la gente suele ponerse filtros para verse mejor, para lucir de la manera más conveniente ante el mundo y sus circunstancias. A propósito de eso, me gustaría hablar sobre la autenticidad y lo valioso que cada uno es a su manera.

Es muy común ver cómo las personas adaptan su actitud o personalidad a la medida de las circunstancias, de la necesidad. Un poco más de escote por aquí no viene mal para conquistar, una sonrisita hipócrita con el jefe para asegurar el puesto, amabilidad con los chicos populares para que me acepten en el grupo, una subida de tono y algo de rudeza para dejar en claro quién está por encima, una pose frágil para convencerte sobre mi inocencia… ¿te suena familiar? Seguro sí.

Pero ¿por qué lo hacemos? Para ser sincera, lo entiendo. Lo entiendo porque somos imperfectos, débiles, inseguros… y claro, creemos que actuando de tal o cual manera podemos conseguir las cosas o solucionar los problemas. Además, creo que muchas personas utilizan estos filtros para sentirse aceptados, para sentirse mejor, para ser parte de la sociedad, esta sociedad tan infestada de estereotipos de perfección.

Sin embargo, no lo acepto. No acepto que tengamos que recurrir a caretas sin sentido porque creo que somos más que nuestras debilidades e imperfecciones, somos increíblemente talentosos y llenos de potencial, somos únicos.

El problema es, en mi punto de vista, que no nos aceptamos, no nos queremos, no nos creemos, o ¿es que acaso no somos lo suficientemente buenos para conseguir un puesto de trabajo, para conquistar a la persona que nos atrae, para mostrar nuestra valía frente a los demás? Claro que sí, eres suficientemente bueno para todo ello y más, simplemente no eres consciente de ello; o tal vez sean los demás los que aún no descubren tu potencial, tu belleza, tu talento; o es que aún no te has dado la oportunidad para mostrar(te/les) realmente quién eres y lo que vales.


El otro día me dijeron que un aspecto fundamental al momento de tomar una foto es la luz; sin importar la cámara que uses, con buena luz puedes obtener una gran foto. Lo mismo pasa con nosotros. Todos tenemos una luz interior con un sello particular, tan única como nosotros mismos. Así, la foto de tu yo interior es siempre una gran foto porque estamos plagados de luz, independientemente del escenario que nos rodee.

Existen muchos factores que pueden hacer las veces de efectos de edición que incrementan el contraste, las sombras, la calidez o saturación de nuestra foto personal, haciendo que se distorsione la verdadera versión de quienes somos realmente.

Por ejemplo, las actitudes negativas —propias o de quienes nos rodean— tienen como principal efecto oscurecer nuestro brillo interior, apagar esa luz que nos acompaña desde que nacimos. Actitudes auto-destructivas, saboteadoras, son las que dañan nuestra autoestima, nuestra felicidad y la posibilidad de alcanzar nuestros objetivos. Por eso, debemos tener claro que: 1) Somos nuestro principal aliado. Si tú no crees que tu foto es perfecta, que tienes la luz para que así sea, nadie mas lo hará… así de simple; 2) NUNCA debes permitir que los demás (ya sea por envidia, complejos, miedos o pura negatividad) menosprecien tu talento, tu capacidad, tu belleza, que te hagan creer que tu foto no es la mejor, porque ¡es una gran MENTIRA!

Entonces, no dejemos que nos tomen una foto que no refleje nuestra propia identidad, nuestra propia luz, ese brillo natural que nos caracteriza; no nos pongamos un filtro que oculte la verdadera belleza de nuestro yo interior. Nuestra propia luz es suficiente para una foto genial, entonces… ¿por qué mejor no dejamos nuestra foto sin filtro? #NoFilter