Sobre el destino de la tripulación Argus IV, la más heroica y valiente en toda la historia de la humanidad

Colonization by Overseer. Deviantart

—Esto es imposible —el vidrio enterró devuelta las palabras en su garganta.

Alicia se llevó una mano a la boca, incapaz de procesar la imagen tras el cristal del mirador. Pequeñas lágrimas vibrantes se fueron acumulando en sus párpados. Con cada nuevo pestañeo salían eyectadas y se alejaban flotando hacia arriba.

La pequeña tripulación de exploradores se congregó frente a la ventana principal de la estación. Los cuatro cuerpos amontonados uno encima del otro, se sostenían en un abrazo pueril. Alicia Granda, Park So-Dae, Brad Rogers y Avi Phanuk. Lo mejor que la Tierra tenía para ofrecer. Hombres y mujeres de ciencia y de acción. Hechos del mismo mármol con el que se esculpe la historia. Héroes de antología. Mentes brillantes y desinteresadas. Los periódicos de la Tierra no escatimaron alabanzas en las semanas y meses previos a su partida.

—Dispuestos a sacrificar todo lo que tienen, por darle una oportunidad a la humanidad para volar más alto que lo que jamás ha volado —rezaba uno de los recortes (el que Alicia escondía en su camarote).

Hace 374 años a bordo de un cohete plateado, internándose en las profundidades del vacío espacial, vieron pasar zumbando silenciosamente por su ventana a la Luna, Marte, Júpiter y mucho más. Durmiendo un sueño criogénico por casi cuatro siglos hasta alcanzar la órbita de KEP-2713, una pequeña bola de roca y agua que orbitaba un sol joven. Un nuevo hogar para una raza que se rehusó a morir sin dar batalla. Los científicos de la tierra determinaron que, por su proximidad a la estrella y similitud con la atmósfera terrestre, este planeta podría con toda seguridad abarcar vida humana sin la necesidad de un proceso de terraformación. El descubrimiento fue anunciado como la noticia del siglo y la misión rápidamente fue fundada por el conglomerado energético y automotriz Tabula Energy & Development Corporation. Con bombos y platillos, la humanidad dio un nuevo gran salto en cuestión de volver al ser humano una raza interestelar.

Entendible pues, la profunda desesperación sentida por el equipo de héroes cuando —orbitando la atmósfera baja del planeta— vieron una enorme estación espacial directamente debajo de su posición. Extrañas banderas permanecían flameando estáticas a los costados, mientras una monstruosa holo-pantalla anunciaba en 17 idiomas y 6 alfabetos que eran bienvenidos a NUEVA GAIA.

—Se suponía…. Se suponía que seríamos los primeros —Brad Rogers golpeó su cabeza contra el vidrio con toda su impotencia norteamericana.

—A no ser que hayamos descubierto una civilización extraterrestre que también utilice sistema de comunicación PEAR, no somos los primeros —Avi respondió señalando con un dedo tembloroso al satélite flotando frente a ellos.

El logo del gigante de telecomunicaciones, la pera blanca sobre acero, giraba sobre sí misma, burlándose de nuestros héroes con cada nuevo ciclo. Grandes letras adornadas escupían una burla al vacío «El presente ya es pasado, sigue caminando».

—Capitana —interrumpió Park—, ¿cuál es el protocolo? Preparamos todo para el aterrizaje o…

—¡Sí! —Alicia respondió con decisión— Debemos cumplir la misión.

Para la capitana Alicia Granda, no había más que la misión. Había sacrificado tanto en su nombre. Ella había sido seleccionada en la Academia como la mejor líder por 7 años consecutivos, la opción natural para comandar una expedición de la importancia de ésta. Ya resolverían sus dudas una vez cumplido el protocolo de aterrizaje. Pero en este momento, lo primordial seguía siendo la colonización de este planeta. La historia de la humanidad esperaba ser escrita, sólo debían tomar la tinta y el papel.

Demostrando su liderazgo, comandó a su tripulación de héroes en sus respectivas posiciones para iniciar el reingreso a la atmósfera. Sin embargo, no hubo aterrizaje alguno, pues en pocos minutos se vieron rodeados. Decenas de naves los rodearon como un enjambre de moscas plateadas. Con lo que asumieron fue un cañón electromagnético, inutilizaron los controles de su nave y tomaron control de ésta. Los dirigieron hacia la gran estación orbital que continuaba flotando a unos 200 metros debajo de ellos.

Dentro del Argos IV, el flamante buque insignia de la humanidad, la tripulación estaba al borde del pánico. Brad y Avi propusieron improvisar armas con el equipamiento del laboratorio y esperar el abordaje. Avi, con su frío pragmatismo argumentó:

—Estamos, aunque suene increíble, frente a un claro episodio de piratería espacial. Sin dudas el primero en toda nuestra historia.

—¡Esto es un ataque contra toda la humanidad! —acotó Brad.

Alicia les hizo ver la precariedad de su situación. Los músculos de nuestros héroes aún se sentían agarrotados y débiles, los químicos criogénicos seguían en sus sistemas. Propuso cautela antes de tomar algún tipo de decisión brusca, sin dudas la mejor ruta a seguir. Las puertas se abrieron y los 4 paladines de la humanidad fueron vomitados hacia una gran sala rebosante de sonido y movimiento. Se trataba de una gran bóveda de cristal y acero. Debajo de ellos el planeta, con sus océanos verdes y tierra roja, orbitaba imperturbable. Ni bien emergieron hacia la gran bóveda, nuestros temerarios científicos experimentaron un quiebre en todo lo que daban por sentado. Hombres y mujeres menores, sin duda hubiesen sido aplastados por el peso de tamaño conocimiento.

La amplia mayoría eran humanos. Algunos vestían como ellos. Otros, sin embargo, cargaban con ropas extravagantes. Testimonios de una infinidad de mundos y culturas inimaginables. La mayoría de humanos tenían un tinte particular de piel. Una especie de degradado rojizo que no dejaba de verse humano. Entre ellos marchaban incontables robots, de tamaños y formas variadas. Sin duda confeccionados para realizar una serie de tareas particulares. Diferentes pero similares eran los numerosos ciborgs y humanos modificados que caminaban frente a ellos sin prestarle atención. Muy grande fue la sorpresa de nuestros forjadores de historia cuando vieron, reptando frente a ellos, a una criatura extraña. Visiblemente alienígena. La respuesta a una de las grandes preguntas de la humanidad tenía una piel escamosa y emplumada, se sostenía sobre cuatro patas y arrastraba un bolso plateado moviéndose con lo que algunos postularon era una cola mientras que otros un brazo.

Las paredes estaban decoradas con numerosos holo-videos que mostraban un sinnúmero de paisajes alienígenas. Grandes extensiones de mar verde. Extensas praderas con vegetación morada y vastos campos de géiseres y aguas termales. Sobre cada video, en varios idiomas una voz anunciaba

Vuelva a lo natural. Experimente Nueva Gaia.

El choque cultural fue tan fuerte, que este grupo de las 4 mentes más prodigiosas del planeta no pudo siquiera ubicar un destino fijo. Todas las personas e imágenes fluían siguiendo un ritmo superior al que sus cerebros podían procesar. Cada nueva imagen destruía y reformaba su visión preconcebida del orden cósmico (y más importante, su lugar en él). Sin anuncio alguno, un androide surgió desde una plataforma en el suelo y los guió hacia una larga fila de personas. Los 4 héroes mantuvieron la formación, observando con cautela a los seres extraños que los rodeaban. El hombre de ciencia, al fin y al cabo, debe ser precavido.

Unas luces con símbolos abstractos parecían gobernar el ritmo de movilización de la masa. Uno a uno, eran asignados distintas cúpulas para cada individuo. Cuando finalmente fue su turno, un símbolo desconocido emergió frente a ellos y fueron enviados hacia una de las habitaciones. Dentro los esperaba uno de estos humanos extraños sentado en lo que a primera vista parecía ser un escritorio flotante.

El hombre los miró largamente con ojos grises. Su piel colorada parecía tener una grasosidad alienígena, sin embargo, la expresión de aburrimiento en su rostro era marcadamente humana (a pesar del tono rojizo de su cutis). Sin decidirse a quien debería hablar primero, los 4 embajadores de nuestra raza se mantuvieron en silencio. El hombre finalmente pareció impacientarse y se dirigió a ellos con una voz sorprendentemente suave.

—Pasaportes, permisos y bitácora de viaje, por favor. —Al no obtener respuesta alguna más que miradas confundidas el hombre repitió— Pasaportes, permisos y bitácora de viaje.

Alicia se revolvió incomoda en su sitio. Al ser la más compuesta de los 4, acababa de comprender donde estaban, pero eso no dejaba de volver toda la situación menos delirante. Aclaró su garganta y midió sus palabras.

—Verá… somos colonizadores del planeta Tierra. Saludamos a los miembros de su poderosa raza. Sepan que venimos en paz… y…

El hombre de la piel roja, visiblemente molesto repitió su demanda.

—Pasaportes, permisos y bitácora de viaje.

—Somos miembros de la misión Argos IV —la capitana continuó—, la más importante en la historia de nuestra raza. Se suponía que seríamos los primeros humanos en KEP-2713. Nuestros estudios no demostraron ninguna evidencia de vida, mucho menos avanzada… No pensamos que necesitaríamos pasaportes.

El inspector levantó la mirada de la pantalla y casi pareció sorprendido.

—Es el protocolo. Sin documentación nadie entra a la atmósfera. Ahora, lo siento, si no pueden presentar la información requerida deberán regresar a su nave. En la estación encontrarán lo necesario para llevar a cabo el regreso a su planeta… ¿De qué planeta dijeron que son?

—La Tierra —esta vez Avi fue el que habló.

—Tierra…. Hmm… sí. Bueno, sin papeles no hay nada que pueda hacer por ustedes. Lo siento. Allí está la salida, no me obliguen a llamar a los droides.

—Usted no está entendiendo —Brad saltó de su sitio—. ¡Llevamos viajando 374 años! Cruzando millones de kilómetros de vacío espacial y peligros inimaginables. ¿Tienes idea de lo que sacrificamos? ¿De lo que dejamos atrás para poder estar aquí? Todo para ayudar a la humanidad. Para impulsarla hacia nuevos horizontes.

Alicia se sentía al borde de una crisis nerviosa. Sin duda testamento de su temple de acero, el haber resistido tanto tiempo después de ver toda su realidad y lo que creía desmoronarse frente a sus ojos.

—¿Un momento… Argus IV dijeron que es su nave? —esta vez el hombre se mostró interesado.

El empleado tecleo unos comandos y frente a sus ojos apareció un nuevo holo-video. Primero el logo de la Tabula Energy & Development Corporation. Y después un anciano hablando.

—Saludos, exploradores. A pesar de que yo ya habré muerto para cuando este mensaje sea recibido, me alegra profundamente saber que han llegado a su destino. Sepan que han dejado el nombre de la Tabula Energy & Development Corporation, junto al de la humanidad, en lo más alto. Tomen asiento, pues esto podría ser un golpe anímico.

—El señor Cobol —dijo Park, señalando lo obvio.

Los siguientes 4 minutos con 20 segundos fueron una pesadilla existencial. Básicamente, el señor Cobol, CEO de la Tabula Energy & Development Corporation, les agradeció el sacrificar tanto por viajar hacia donde nadie antes había viajado. Pero les informó además que unos 70 años después de su partida, los ingenieros de la corporación diseñaron un nuevo acelerador cuántico que permitió a las turbinas acceder a las capacidades de transportación del universo subatómico. El viaje que a ellos les tomo 374 años, ahora demoraba tan sólo tres. Nueva Gaia fue el primero de muchos planetas y sistemas colonizados por la humanidad. En pocas palabras, la raza humana acababa de experimentar un segundo renacimiento, y los cuatro astronautas se lo durmieron. Pero eso sí, —y esto fue enfatizado numerosas veces— la compañía (y la humanidad) agradecerían infinitamente su sacrificio.

Por decreto supremo de la Liga de naciones de Nueva Gaia los 4 astronautas entraron en calidad de refugiados. Algo que no sonó muy descabellado considerando que venían de la Tierra y que técnicamente la atmósfera del planeta había sido incinerada hace 120 años por una llamarada solar. Se les asignaron trabajos para los que estaban sobre calificados, ya que estaban sub calificados para cualquier otro tipo de labor. Tenían, después de todo, más de 300 años de edad, y la mayoría de la tecnología empleada en Nueva Gaia les resultaba ajena.

Nunca pudieron acostumbrarse a las nuevas razas, ni a los distintos procesos de evolución que los colonos de nueva Gaia habían pasado. El sol nunca tiñó sus pieles de rojo, y por eso siempre fueron vistos con cierto recelo. Sin embargo, se mantuvieron juntos. Quizás no colonizarían el planeta, pero sí podrían conquistar este problema peculiar que la vida les había arrojado. Poco a poco fueron encontrando su propia identidad como habitantes de este planeta, e intentaron encontrar un nuevo propósito. Y lo hubiesen logrado sino fuese porque 7 años después, enfermaron todos. Los químicos criogénicos nunca abandonaron sus sistemas y fueron silenciosamente envenenando sus células y cubriendo sus órganos de tumores. La humanidad ya estaba al tanto de este efecto secundario, pero como tantas otras cosas, fue descubierto después de su partida. Avi fue el ultimo en morir y a su funeral tan solo fue un representante de la corporación. Avi era, al fin de cuentas, un héroe de la humanidad.


Estoy dando mis primeros pasos y experimentando con la idea de publicar. Los invito a revisar mi revista de literatura: www.revistaplasma.com. Aún no hay contenido pero pronto lo habrá. Si te interesaría colaborar con el proyecto no dudes en hacerlo. En el link encontraran la información de contacto.

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