Sobre la salvación

Conversaciones con Zhuangzi

Zhuangzi, necesito liberarme de este cuerpo, preciso salvarme.

Más bien tu cuerpo se tendría que liberar de ti.

Tu organismo es una expresión numinosa que flota vacía en el océano de la creación; tu pareces hundirte.

Muchas veces me siento encarcelado en él, quiero gozar soberanamente en el paraíso, en la eternidad, en mi esencia preternatural.

¡Deja de desvariar! La esencia es lo más natural; deslígate mejor del esoterismo que distorsiona tu andar.

Tus ideas «preternaturales» hacen pesado lo que es ligero, serio lo que es campante y, tortuoso lo que es muy claro.

Tu cuerpo, al igual que el sol y que un árbol, que una flor y que un gusano, es oriundo del seno del mismo Hontanar.

¡Pero eres muy astuto! Al verte incapaz de medir lo inmedible, de vivenciar la eternidad y, de saborear tu esencia, te has adjudicado un privilegio que te hace excluyentemente digno de un edén. ¿Por qué estarías tu antes que un puñado de tierra?

Pero soy consciente de mi existir. ¿¡Por qué!? Alguna razón habrá ya que las demás formas de vida no son conscientes de sí.

¿Y por qué no? Las otras formas son manifestaciones de la misma fuente, ¿no serían en todo caso la misma consciencia?

En realidad tú lo que quieres es ser eternamente consciente de ti; te aterroriza liberarte de ti, no ser nada.

Te es confortable menoscabar al cuerpo como si fuera un impedimento en tu eterno descanso.

Que ironía, ¡él llego al eterno no-saber antes que tú!

Entiendo lo que me dices, aunque sigo sin sentirme libre.

Aprende de tu cuerpo y del Cuerpo de la Vida, obsérvalos; tal vez así por lo menos te emanciparás de tu arrogante obstinación.

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