Sueños reales

No sé si es un oxímoron, pero puede serlo en determinadas circunstancias.

Todos sabemos que hay dos clases de sueños: los que tenemos dormidos y los que tenemos despiertos. Se puede decir que los primeros son, según el psicoanálisis, manifestaciones de pensamientos reprimidos, deseos ocultos, experiencias pasadas, todo mezclado para dar lugar a escenas e historias que pueden o no recordarse con el café del desayuno; y los segundos son aquellas ilusiones o proyectos que tenemos para el futuro (cercano o lejano).

Tanto unos como otros tienen sus subclasificaciones: realistas o absurdos; y, en mayor o menor medida, todos tenemos de ambos tipos.

Yo tiendo a los absurdos. Lo reconozco, sueño con absurdos todos los días. A veces tengo el día realista y me digo que tengo que centrarme y dedicarme a algo tangible, para acto seguido darle rienda suelta a mi afición.

«Las oposiciones para trabajar en esa biblioteca son tu mejor baza para tener un futuro decente. Si consiguieras trabajar allí, podrías estar todo el día rodeada de libros. LEER EN EL TRABAJO [sueño realista]. Un día podría venir alguien a preguntar por un título o pedir ayuda para encontrar el mejor ejemplar sobre un tema para hacer una película y BAM, resulta que es Chris Evans». De un sueño realista al surrealismo más absurdo en 1 segundo, y de ahí a verme como consultora histórica para una productora de cine y amante de Chris Evans pasan sólo 5 minutos.

Hay gente que defiende tener sueños y perseguirlos para hacerlos realidad y otra que dice que te dejes de tonterías y te dediques a vivir lo que te ha tocado. Entre los defensores, de nuevo, hay dos tipos. Están aquellos que aconsejan tener y perseguir sueños realistas, porque hay que saber invertir los esfuerzos —gente práctica, con plantillas excel para llevar la contabilidad en casa— , y aquellos que aconsejan tener y perseguir los sueños sin importar del tipo que sean. Me da algo de envidia esta última —tan optimista, tan llena de energía y positivismo que te provoca ganas de cortarte las venas— porque son capaces de sacar fuerzas de debajo de las piedras para luchar por lo que quieren. Y si fallan, lo vuelven a intentar. O se buscan otra cosa y todos tan pichi.

Normalmente tienen recursos para intentar hacer realidad todos los sueños que quieran, por eso no les importa fallar. Si se les rompe la docena de huevos, van a su gallinero y recogen más. Sin embargo, aquellos que no disponemos de gallinas tenemos que pensarnos bien las cosas y no poner todos nuestros huevos en la misma cesta.

¿Es eso ser práctico, previsor, realista o simplemente pesimista? No sé, quizá un poco de todo.

Es cierto que hay que arriesgarse, pero seamos serios, no es buena idea hacerlo a lo loco, sin un respaldo. Toda esa gente a la que hacen entrevistas en revistas y páginas web y habla sobre su gran éxito después de dejarlo todo y cambiar de vida tenía recursos, un colchón, un modo de mantenerse a flote mientras trabajaba en su cambio de vida o su proyecto. Ahorros, vamos. Ninguno se lanza al vacío sin nada. Cuando saltas sin paracaídas, en la vida real te estrellas contra el suelo.

Eso no ocurre en los sueños absurdos, por eso me refugio en ellos cuando no me gusta la vida real o cuando mis sueños realistas se vuelven difíciles o se rompen. La idea es llevar a cabo nuestros sueños, sean realistas o no, gracias a un método de trabajo. Establecer objetivos, plazos y pasos para alcanzarlos. Pero a veces es taaan aburrido y tan frustrante que hace falta soñar absurdos. Como mi ardiente aventura con Chris.

Sin embargo, no ha sido siempre así.

Antes soñaba con Joaquín Phoenix.