Quise ser más ella

Una vez más, envuelta en lo prohibido, he de confesar que ésta sería la segunda, tercera, cuarta o quinta vez, ni siquiera llevo una cuenta, quizá no necesite cuentas porque se ha convertido en enfermedad, esas crónicas, donde no hay vuelta atrás…

Sí, lo volví a hacer, como aquella vez cuando sentada en la cama lo vi, de hecho no lo vi, lo sentí… En esta ocasión no estuvo él con su sonrisa falsa justificando su acción; aquí, hoy, no necesitas justificarte con mentiras.

Admito el error, perdón, soy un monstruo al que le gusta el dolor.

Terminé de leer aquellas letras queriendo ser más ella, bueno no, sería idiota y justo en estos momentos sonreiría y llamaría «amor» a aquel que ha querido pero no ha debido estar…

Hoy supe que la sustituyo día a día…

Los te amos que me has dicho no son míos, las caricias, los besos, flores y pasiones pertenecen a otra vida.

Mira hombre que debes leerte, cuánta pasión, cuánto amor, cuánto corazón… No, juro que el estandarte no es la envidia que podría provocar leer todo lo que sentías por esa mujer, no, no lo es, es más bien el proceso de adjudicarse palabras y deseos dirigidos a un ser, que no soy yo. Quizá no te ha quedado opción.

¿Sabes? Lo medité y «su amor», su falso amor, ¿qué era?, ¿qué es? Era real, tan real como respirar, bueno, aquí me he perdido, lo tuyo hacia esa mujer era real, la veías hermosa, no existía vida en ti que no fuese destinada a ella. Lo tuyo sí era real…

Ella… ¿Quién soy yo para hablar de ella? Soy otra «ella» igual de falsa o igual de real… ¿A qué estaba jugando cuando decía te amo? O, ¿me enamoré de ti. ¿Qué tal sus chantajes emocionales? ¿Miedo? ¿A qué? ¿Al amor? A un hombre que la miraba como un verdadero imbécil y sin ella pedírselo la convirtió en su musa de inspiración…

¿Por qué demonios un día no llegas afuera de su casa y solo gritas: renuncia ahora a todo que te amo y siempre te amé?

Siento que estoy ocupando su lugar, soy más pero no debo estar.

Lamento estas letras; no, no las lamento.

Todo mi miedo quizá sea porque no pertenezco, ella tampoco pertenece a él, pertenece a ti. Vayan por su sueño juntos, respiren el mismo aire… Yo, por mi parte ya estoy buscando otra tierra, no quiero cambiarte, ni controlarte, me siento un nefasto y repugnante ser controlando lo que no.

Pocas veces, quizá, encuentres las alas para volar, sin cadenas.

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