Terrorismo tuitero (sobre las explosiones en Bogotá)

Hubo dos explosiones, una tras de otra, en extremos opuestos de la capital colombiana. Eran pasadas las 4 de la tarde, cuando Twitter se empezó a inundar de fotos tomadas por ciudadanos que estaban cerca. Vidrios destrozados y escombros tirados en la calle. No hubo muertos, sólo unos cuantos heridos.

La onda explosiva de los dos artefactos que estallaron tuvo más impacto en Twitter y Facebook que en los mismos edificios donde ocurrieron (sedes de un reconocido fondo de pensiones y cesantías). Durante esa tarde, las redes fueron un escenario de intenso debate. Algunos atacaban al gobierno, otros lo defendían. Unos cuantos mamertos justificaban el hecho (las explosiones), mientras otros la emprendían contra el alcalde de Bogotá, quien hacía pocos días había advertido sobre la intención de las FARC de sembrar pánico en la ciudad. La discusión se fue calentando: se pasó del argumento al insulto, de la defensa ideológica al fanatismo y de la defensa del proceso de paz a la agresión. Y ahí estaba Colombia, reflejada en una catarata de trinos y publicaciones en Facebook: un país polarizado, donde las emociones hierven y los argumentos se esfuman.

Si las explosiones fueron un ataque terrorista, lograron su cometido. No causaron gran devastación en las calles y, gracias a Dios, no hubo muertos. Pero generaron el pánico, despertaron la ira y revivieron los odios en las redes sociales, ese escenario virtual que cada vez se parece más a la calle.

Mientras escribo esto, me llegan mensajes por Whatsapp advirtiendo sobre una nueva amenaza de bomba en Bogotá. Ya Twitter está lleno de fotos de la evacuación del edificio y mensajes de pánico. Bienvenidos a la era del terrorismo tuitero, versión Colombia.

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