Todos podríamos usar un poco menos de estrés en nuestras vidas, ¿no?

¿Sabías que el sufrimiento es completamente opcional?

La mayoría de nosotros tenemos que enfrentarnos a demasiadas reuniones, aumentos en el volumen de trabajo, teléfonos móviles hiperactivos y políticas perniciosas en la oficina. Además vivimos en una sociedad del aquí y ahora, y todo lo queremos para ya. Todo ello se suma a una enorme cantidad de presión. Y cuando la tensión es excesiva, puede afectar negativamente nuestra productividad, nuestra salud y nuestras relaciones tanto profesionales como personales. Sabemos que necesitamos relajarnos, ¡pero raramente lo hacemos!

Por desgracia, muchos de nosotros hemos aceptado el estrés como un hecho de la vida. Vemos el mundo que nos rodea cambiar rápidamente, con más y más demandas en nuestro tiempo y paciencia, y nos encogemos de hombros pensando que las cosas simplemente son así. El mundo es un lugar estresante y no puedo hacer nada para cambiarlo, pensamos. Pero ese pensamiento es erróneo. Puedes cambiarlo.

De hecho, tú eres la causa de tu propio sufrimiento. Cuando un compañero de trabajo socava un proyecto que tú estás liderando, no es la acción en sí la que hace que aumente tu presión arterial. Es tu reacción —la sensación de traición o preocupación sobre tu reputación— es la que te hace que tengas estrés. Es posible que te preocupes, te obsesiones y te quejes. Puede que fantasees sobre cómo ponerle los puntos sobre las íes a tu compañero de trabajo. También podrías empezar a inventar excusas y formas de echarle la culpa a otro. Pero si prestas atención, te darás cuenta de que todo tu dolor y sufrimiento proviene de la enrevesada historia que has creado en torno a un simple evento externo.

Esto son buenas noticias, porque significa que tienes el poder de aliviar tu propio estrés —en todos los aspectos de tu vida—. Con la práctica, puedes controlar tu reacción a los acontecimientos que ocurren a tu alrededor. A continuación numero cuatro recordatorios diarios que pueden ser útiles para ti y te pueden ayudar a que alcances un estado de paz mental.

  1. Deja de usar la palabra “debería”. No hay una forma en particular en la que las cosas deberían de ser. Deja de discutir con la realidad, y ponte a la tarea de encontrar soluciones.
  2. Elige la felicidad sobre la necesidad de tener la razón. Empeñarte en tener la razón todo el tiempo es un camino solitario y doloroso —y no va necesariamente a hacer que tu carrera avance—. Tener la razón simplemente no es tan importante como producir resultados.
  3. Atente a los hechos. Deja de imaginar una historia sobre lo que está ocurriendo de verdad, y céntrate en lo que sabes a ciencia cierta. Recuerda que la imaginación no es una fuente creíble para completar la información que falta.
  4. Deja de juzgar y empieza a ayudar. Si ves que gastas mucho tiempo y energía en los problemas de otros, decide enfocar tu atención hacia algo creativo y productivo. La mejor manera de empezar es preguntar, “¿cómo puedo ayudar?”

Estas simples prácticas te ayudarán a minimizar el estrés o a cualquier cosa a la que te estés enfrentando en tu trabajo o en tu vida en general. Son eficaces, ya que te permiten operar desde un lugar neutral, liberándote de las reacciones emocionales que no te ayudan para nada a la hora de lidiar con la realidad. Y vas a conseguir tirar todo el pesado equipaje que puedas tener lleno de historias, excusas, drama y culpa. El camino a seguir está claro: Sabrás exactamente qué tienes que hacer a continuación, y tendrás un montón de energía para hacerlo.


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