Todos tenemos cola….

o la historia de como aprendí a no juzgar a los demás.

Queridos míos, los tengo súper abandonados. Entre la vida y el trabajo extremo, cada día me resulta más difícil encontrar el tiempo para escribir. Hay días que se me ocurren 20 temas para contar y al no tener tiempo se me olvidan.

Hace un par de días, una aerolínea perdió un perrito. Hace unos meses, una chica comprometida besó a alguien que no era su novio. Hace otros tantos meses, se filtraron fotos de tal o cual artista en internet. Todos los días, pasan cosas en México, Estados Unidos, Brasil, Rumanía, Japón, en todos lados y la cosa es, todos creemos tener el derecho de opinar.

«Vieja loca, tanto alboroto por un perro. Así deberían de ser cuando se pierde un niño». Y ahí va todo el internet a opinar, a sentir que de alguna manera tenemos derecho a meternos en la vida de los demás. ¿Qué nos importa si ella quiere mover cielo, mar y tierra para recuperar a su perrito? Yo amo a mi perro y seguro hubiera hecho lo mismo.

«Es una fácil, besó a alguien que no es su novio en su despedida de soltera». Y ahí va todo el mundo a opinar si es una golfa o no. Unos defienden, otros castigan. ¿Qué nos importa la vida de la mija esa? A mí qué si se va a casar o no. Y la neta es que el que este libre de culpa que aviente la primer piedra. No somos unos santos.

Se filtraron fotos de Jennifer Lawrence (lo siento, es el escándalo que más recuerdo) y ahí van todos a opinar, que si se tiene que aguantar porque es una figura pública, que si ella tiene la culpa por tomar esas fotos, etc.

Hay personas que ni saben a fondo de que se trata, pero opinan solo porque todos lo hacen. Hay ocasiones que las notas o las imágenes o videos están incompletos, y de todas maneras todos opinamos o juzgamos sin mayor remordimiento, sin saber o tener la historia completa. Supongo que eso tiene que ver con el miedo de perderse de algo o de quedarse fuera del tema de moda, aunque eso implique llevarnos entre las garras la vida de alguien.

Todos tenemos cola que nos pisen, creo yo que no somos blancas palomas, al menos yo considero tener en mi lista un par de cosas de las cuales no estoy tan orgullosa, pero que sin lugar a dudas me han dejado grandes lecciones. A veces de las peores maneras, pero lecciones al final de cuentas.

Yo aprendí a no juzgar a los demás el día que me tocó estar en el banquillo de los acusados, el día que todo apuntaba a que yo era la peor persona sobre la tierra. Repito, no somos blancas palomas, todos hemos hecho cosas, pero qué más da. Somos desastres ambulantes porque las cosas y las circunstancias nos van dando el rumbo que debemos tomar, y a veces la falta de experiencia o conocimiento nos manda por el camino incorrecto y entonces todos los demás están listos para apuntar, juzgar y castigar. Porque al parecer todos nacimos perfectos.

Y la verdad es que a quien tratamos de engañar, ni entendemos bien que es la perfección, ni sabemos que es eso o si existe. Pero ahí estamos señalando los errores ajenos, y haciendo que el «acusado» se sienta peor de lo que ya se siente.

Todos tenemos una historia, un cumulo de experiencias e ideas que la vida, las circunstancias y las cosas nos van enseñando. Todo ese conjunto nos enseña a tratar de manejar la vida como se vaya presentando y con la experiencia que hayamos reunido.

A veces cometemos errores, y no es que tengamos que ir por la vida perdonando a los violadores o asesinos, pero la verdad es que todos somos unos pinches mortales sin poder alguno, que en vez de estar juzgando a los demás por lo que hacen bien o mal, deberíamos ocuparnos de enriquecer y abrir nuestra mente para mejorar nuestras experiencias.

Trato de no juzgar a los demás (acéptenlo, es inevitable), trato de pensar en cuales son las circunstancias que los orillaron a realizar esas acciones, trato de pensar en que hubiera hecho de estar en sus zapatos y que repercusiones hubiera tenido eso.

Porque al final, quién soy yo para juzgar a los demás.

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