Tu nombre

Y me alegro, y me enfado a la vez.

Hace poco leí acerca de un pueblo antiguo que se basaba en lo que Dios les ordenaba. Principios y mandatos, dicho de otra forma. Con el tiempo, ello se fue tornando a costumbres. Y como dice la canción, la costumbre es más fuerte que el amor.

Una de esas tantas costumbres fue que no debía utilizar el nombre de su Dios a la ligera. Ello, a medida que se añejaba la forma, se transformo en una abierta prohibición a decir su nombre.

Con el tiempo se perdió.


Hoy desperté con una sensación amarga en mi boca. Recordé las mañanas cálidas de aquella ciudad que jamás fue nuestra, a tu cuerpo junto al mío, y todo lo nuestro.

Pero por alguna razón, al decir tu nombre, no pude. Lo olvidé. Sentí el dulce efecto de su pronunciación en mis labios, como siempre, pero no pude pronunciarlo.

No sé qué tanto tenga que ver la costumbre. Lo cierto es que soy un hombre que más bien, se acostumbra a algo y aunque no está bien, no lo cambia.

Quizá, con el tiempo, tu nombre también se pierda.

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