Un CEO es como un director de cine

(Imagen de la película Steve Jobs)

La primera vez que me explicaron el orden estructurado dentro de una compañía fue por medio de los roles existentes en la producción de un largometraje. Recuerdo que la visión artística caía en las manos del director, pero quién realmente llevaba el orden de todo era el productor.

Su rol siempre era muy importante pues es quién se encarga de bajar al director de su nube artística y hacerlo verse de frente con la realidad de su rodaje. Era quién decía: no significa no.

El productor era una figura de autoridad, y gracias a su organización y su capacidad centrada es que las mentes más libres como la de un director o un guionista no se pierden mientras corren detrás de sus sueños y visiones artísticas, pero también se encarga de ayudar a aquellos miembros del equipo a veces menospreciados por el público común, pero demasiado importantes dentro de la realización del trabajo.

No es mentira, en una estructura tan dependiente de todas y cada una de sus partes, es necesario que alguien sepa hablarles a todos los integrantes, y la voz no necesariamente debe venir de la figura con mayor autoridad, porque la gran parte del tiempo la perspectiva de un director es tan particular, que es casi imposible pedirle que se acople a la de uno de sus subordinados.

Esta analogía no la comprendí, sino hasta que trabajé en una empresa de esas serias, con todas las de la ley.

Un CEO y un director de cine no son demasiado diferentes, son visionarios, con una idea detrás de ceja y ceja, la cual desean cumplir a toda costa. Pueden estar tan nublados por sus planes que no les importa como tratan a las personas, pues la verdad es que su posición en la pirámide les da el derecho de hacer todo lo que quieran

Pero si un CEO es a una empresa lo que un director es a una película, entonces un manager es una especie de productor, y se encarga de que todos los empleados no sólo logren los objetivos común, sino que por encima de todo, está ahí para hacerle entender al CEO que sus ideas no siempre son las más posibles de ejecutar.

Pensemos en Steve Jobs y Joanna Hoffman, ella era la Ejecutiva de Marketing de Apple y NeXT computers. Era la voz de la razón detrás de los sueños de Steve. Era quien lo frenaba cuando él ya no tenía filtro, pero al mismo tiempo era la que con la ayuda de todos lograba que las cosas al final se cumplieran, en la medida de lo posible.

Si lo analizamos un poco, todo lo que como tal depende en extento del trabajo directo de otros, no puede lograrse solamente con la visión de un genio o un emprendedor. Se necesita a una persona que acompañe a la mente maestra, desde el momento que se enciende el bombillo, hasta que las ideas finalmente se vuelven o no, una realidad.

Steve no sabía programar, no era un ingeniero de software, era una especie de director de orquesta, con la capacidad de hacer a los otros tocar de manera armoniosa, pero él no habría logrado nada sin cada una de las pequeñas personas que detrás de él trabajaron sin descansar para cumplir objetivos.

Pero por encima de todo uno de los mayores esfuerzos y los aplausos lo merecen personas como Joanna, y todos aquellos productores y managers que se enfrentan a la tan temida figura del director, del CEO. Aquella persona que se pone de pie frente al mandamás como se conoce por ahí y sin que les tiemble el puso dicen que las cosas simplemente no pueden ser de la forma que lo pide, pero que siempre se puede hallar otra vía si está dispuesto a escuchar.

Quizás por eso es que Steve siempre contó con Joanna, porque al menos dentro de su arrogancia el sabía que no tan en el fondo la necesitaba más de lo que podría admitir.


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