Un instante entre todos los instantes: Un recuerdo para fotógrafos

La primera vez que tomé una fotografía tenía once años. Levanté la cámara, miré a través del visor y contuve la respiración. Nunca lo había hecho antes y me pregunté que sucedería cuando apretara el obturador. Miré el mundo como jamás lo había hecho antes, como si se tratara de un lugar por completo nuevo, como si de pronto, ese pequeño rectángulo pudiera definir mejor que otra cosa lo que podía ver. Y que rápido me latía el corazón, cuando finalmente escogí el instante que viviría para siempre. Que sensación tan inolvidable esa de tomar un fragmento de tiempo para crear y soñar. Que idea tan sublime la de comprender que gracias a ti, el mundo tiene un recuerdo que conservar.

Han transcurrido casi dos décadas y un poco más desde ese día, y aún sigo pensando que el mundo se detiene, que el tiempo deja de transcurrir para darme la oportunidad de construir una realidad nueva. Aún levanto la cámara con las manos temblorosas, aún sonrío con nerviosismo, aún se me humedecen las manos de sudor porque encontré un instante irrepetible, un lugar en mi imaginación que me pertenecerá por esa magia extraordinaria de soñar y crear a través de las imágenes. Porque la fotografía es el arte que capta el tiempo y la belleza y lo captura para siempre, de conservar los pensamientos y los sueños. El único método que conozco para asumir la trascendencia, la propia y de lo que construyes a diario. La puerta abierta hacia crear, hacia captar lo inmediato como una obra de arte diminuta, tan intima que duele, tan profunda y personal, que te pertenece. Desde la luz y la sombras, desde la idea que nace y se renueva. Desde esa capacidad de crear que te atrapa y te brinda un lugar bajo el mundo.

Nadie olvida la primera vez que fotografía, esa ocasión única en la que descubrió que la magia — la real, la profunda, la personal — existe. El momento exacto en que comprendió que hay un enorme poder en mirar, que hay una aventura en cada clic del obturador, que hay un idea que construir. Que la imagen es una puerta abierta, una ventana que muestra, una opinión que se comparte, una visión que crea símbolos, un sueño a medio completar. Que cada fotógrafo encuentra un trozo de historia para atesorar. Porque somos creadores, no sólo desde la imagen, sino desde esa región misteriosa de la imaginación que hace a cada fotógrafo mirar lo que le rodea de manera distinta, que le hace elaborar un idioma nueva en cada mirada a través del obturador. Que la fotografía es un arte que se alimenta de la alegría, del asombro, del dolor, de la perseverancia. Que es un reflejo fidedigno no sólo de lo que somos sino de lo que deseamos expresar. No hay una fotografía inocente, pero tampoco un fotógrafo que no descubra antes o después, que fotografiar es una forma de enfrentarse al tiempo, de asumir un instante digno de vivir para siempre.

Porque el fotógrafo — el apasionado, el persistente, el obsesionado con las ideas que transforman el mundo en un lenguaje de imágenes — jamás deja de fotografiar. En donde sea que se encuentre, en la circunstancia en que esté, la fotografía va a su lado. En los momentos pequeños y grandes, en los íntimos y delicados. En los Universales y devastadores. En los que son tan frágiles que parecen olvidarse en un parpadeo, el fotógrafo siempre fotografía. Despierta para soñar con la imagen. La lleva como un estandarte de ideas. Se inclina, salta, se levanta, se atreve, encuentra el camino de la audacia gracias a la imagen. Y es que la fotografía es la razón para atreverse, la razón para saltar al vacío, el motivo para continuar el camino, para seguir un trayecto personal. Para crear en cada instante, para creer lo imposible, para construir lo invisible.

Y es que si vas por el mundo sosteniendo tu cámara como tus ojos, con tanto cuidado y delicadeza como lo es cada pensamiento que te hace soñar con la imagen, la fotografía ya es parte de tu mundo. Si la fotografía te hace sonreír, si levantas los brazos para sostener la luz y las sombras, si la fotografía te curo del miedo y la angustia, si la fotografía te permite construir un tiempo nuevo cada día, si danzas entre esa necesidad de capturar el tiempo entre tus dedos, si la imagen es tu voz. Si cada día de tu vida encuentras en la imagen fe y un motivo para sonreír. Si la cámara te ha consolado, ha escuchado tu temor. Si la imagen te ha brindado un abrazo y satisfacción. Si la fotografía es tu cómplice, tu mayor alegría y motivo de orgullo. Si cada día aprendes para crear y para elevarte sobre cada día, para captarla con mayor precisión y a la vez solo sentir el placer de contemplar el mundo con toda la fuerza tu visión personal. Si reíste a carcajadas, si lloraste a lágrima viva, si sentiste el corazón saltar con una imagen. Si cuando creas una fotografía sientes que el tiempo se detiene en todas direcciones y nace una palabra que nadie ha pronunciado jamás. Si el cuarto Oscuro te refugio, si sostuviste tu primera fotografía y los ojos se te llenaron de lágrimas. Si enfocaste y de pronto, el pronto se lleno de luz y color, si tu primer pensamiento es para este amor por la imagen y el último al dormir un deseo de mejorar. Si sentiste el poder de crear, si creas a cada paso, si piensas en blanco y negro, si la luz se te derrama entre los dedos, si la sombra te habla de secretos, si encuentras belleza en lugares insospechados, si el mundo es enorme y puedes comprenderlo a través de tu perspectiva personal.

Si cuentas historias de paisajes, rostros y momentos a través de tus imágenes, si recorres el mundo con la cámara al hombro buscando el secreto que solo encuentras a través de tu lente, si conservas cada sonrisa, si buscas en el mundo un momento que conservarás. Si deseas aprender cada día un poco más sobre esa pasión que te consume, que se convirtió en necesidad y parte de tu vida. Si sientes un escalofrío cuando captas la imagen que buscabas, si un rayo de luz te parece el paisaje más hermoso, si llevas la imagen a todas partes, aunque no lleves la cámara en la mano. Si la calle es tu patio de juegos en busca de una buena fotografía, si recorres cada momento de tu vida persiguiendo eso intangible que hace una imagen eterna.

Si preferiste comprar un buen trípode antes de llevar bellos zapatos, si tu habitación esta llena de tus fotografías antes que cuadros, si en tu computador hay imágenes de cada momento y lugar, si hoy despertaste para sonreír y si se te llena los ojos de lágrimas antes de leer esto, ya es irremediable: la fotografía es tu lenguaje y lo será para siempre.

¡Feliz #DíaMundialDeLaFotografía!

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