Un mensaje necesario

Es entendible que el ser humano se identifique totalmente con el plano de existencia en el que creció y con el que se relacionó. También es comprensible, en cierta medida, que deseche cualquier experiencia que no sea congruente con el entorno-socio-cultural-educativo-religioso en el que se desenvolvió. No obstante, lo que es inconcebible, es que después de miles de años de condicionamiento divisorio (naciones, banderas, religiones, sistemas políticos, creencias, etc.), el ser humano insista en mejorar al mundo, a través de la exclusiva «verdad» del contexto que conoce.

Estamos ávidos, de un mensaje humanista de paz; no sé si te has dado cuenta que hoy en día hay más de 7 billones de personas, en otras palabras, 7 billones de «verdades». Intentar imponer tu verdad, por más bienaventurada que te parezca, y por más noble que creas tu causa, es participar violentamente en el infortunio de la división.

Mientras el ser humano no se atreva a ir más allá de la constelación de pensamientos con los que se identifica, que representan una realidad limitada, seguiremos promoviendo el desmembramiento Humano y todo lo que conlleva; solo a través de una mente y un corazón con horizontes ecuménicos se podrá compartir un mensaje verdaderamente Humano.

El mensaje a la coexistencia humanitaria no necesita verdades, ni opiniones, ¿qué Verdad más bella que la Vida? El mensajero que nos une, requiere de un corazón completamente libre, de un mensaje personal de Humildad que esté por encima de todo conocimiento, un mensaje de Amor que carezca de opinión y de razón, y una misiva librada de la divisoria idiosincrasia que no va más allá del carácter «colectivo», de nuestro minúsculo entorno.