Un necesario «detox» ante las redes sociales

por Sergio Sala
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A final del año pasado por un mes entero decidí cerrar todas mis redes sociales, quitar las apps de mi celular, desactivar las notificaciones y nada de compartir en línea.

Lo hice como un experimento y reconocimiento de esta adicción que todos hemos tenido alguna vez.

Cuando estaba aprendiendo a crear mi primer proyecto en línea, todos los expertos decían que necesitaba estar publicando en todas las redes sociales para tener éxito. Según esto, debía mostrar mi cara todos los días. Debía publicar algo cada tres horas o iba a perder a los clientes.

Ahí me veías publicando cosas inútiles a cada rato. Programando tuits para que sepan que estoy «presente». Poniendo frases inspiradoras en Facebook para que sepan lo bueno que soy (aunque la verdad sólo recolectaba frases de otros).

La verdad es que nunca he sido un gran fan de las redes sociales.

Para mí simplemente son herramientas que como cualquier otra, se usan cuando se necesita lograr algo (en este caso es comunicarte con alguien, compartir una idea, etc.) en vez de usarlas sin razón (lease: estar pegado todo el día viendo videos).

Aún recuerdo cuando comenzaba el auge de Facebook. Todos hablaban de él pero yo me resistía. Tardé casi un año para abrir el mío. Y no te voy a mentir, cuando lo hice me obsesioné por un tiempo.

A cada momento veía lo que publicaban todos mis amigos. Me enteraba de la fiesta de aquel compañero que casi no conozco. Del compadre que comía en un bonito restaurante.

Sé que como escritor, diseñador web y nómada digital necesito usar el social media para crear reconocimiento de lo que hago y vendo, además de conectar, crear relaciones y estar en contacto con amigos que están lejos. Aún cuándo mi vida laboral depende por completo del Internet (cosa que me da miedo pensar), siempre pensé que no debería ser sinónimo de estar en la pantalla las 24 horas.

Fue entonces cuando leí un reciente artículo de Paul Jarvis mencionando su ausencia de las redes por un mes e inmediatamente me cayó el veinte que yo podía hacer lo mismo.

Si él, un excelente autor y creador bastante conocido en el mundo en línea podía hacerlo, ¿por qué no un simple mortal como yo?

Es más, si era menos frecuente mi uso de estas redes sociales, ¿qué pasaría si no accedería a ninguna de ellos por un largo tiempo?

La experiencia «detox»

Me di a la tarea que hacer la prueba: por más de un mes, no habría ninguna publicación nueva en este boletín; no habría ninguna publicación en mis redes sociales; no habría rastro de mi en el mundo digital.

Removí las aplicaciones de Twitter e Instagram (la de Facebook no la tengo instalada) y puse en silencio el celular. Cerré sesión en todo lo que tenía conectado.

Lo que sucedió no te lo podrás creer. (…Esto me sonó a las publicaciones baratas que vemos en Facebook para que hagas clic).

Lo primero es que sentí más espacio.

El tiempo que pasaba publicando una foto o escribiendo un nuevo tuit, ahora lo podía usar para hacer nuevas cosas. Encontré más tiempo para pasar con mi familia (ya que me encontraba en mi casa de Tabasco, México) hasta volví a jugar videojuegos… ¡tenía rato que no lo hacía!

También me dio espacio para estar conmigo mismo. Podía dar una vuelta por mi ciudad mientras escuchaba mis pensamientos. Por fin podía tener foco en lo que realmente era necesario en ese momento.

De hecho estos ratos de hacer nada, más que pensar, me hizo definir más los planes de mis proyectos —de lo que quiero hacer en la vida y el impacto que me gustaría dejar en los demás.

Es que ya no hay tiempo libre en nuestras vidas. Siempre estamos en el celular cuando hacemos alguna fila, cuando comemos, cuando nos levantamos o para mirar un atardecer. El tiempo para nosotros mismos lo dejamos para después por la cantidad de distracciones que tenemos a la mano.

Lo más preocupante es que las redes sociales definen lo que vas a pensar cada día. Que si están publicando sobre un partido de fútbol o una noticia reciente, todo tu atención se irán a esos temas mientras tú tenías planeado enfocarte en algo más.

También sentí mayor productividad.

Lo que más gustó es que yo era quién decidía lo que quería hacer en el día. Era más fácil trabajar ya que no había otra cosa más que hacer en la computadora. Por ende las distracciones eran muchos menores.

Podía levantarme, tomar un café y dedicar toda la mañana a escribir o en conseguir clientes. Podía aprovechar para leer algún tutorial de algo que todavía no sé aplicar bien en mi trabajo.

Tenía más tiempo para programar algo. Yo y el código. Solos. Creando nuevos hijos —perdón, quise decir, nuevos sitios web.

¿Recuerdas cuando la gente molestaba tocando a tu puerta con el último invento o cuando te hacían una llamada con la nueva tendencia que debías comprar?

Ahora sucede lo mismo en Facebook. Todos te quieren enseñar la última novedad. Quieren que le des like a la página de su proyecto sobre pañales (que no tiene nada que ver contigo). Quizá te enteras del video más reciente que no te aporta nada pero te entretiene por horas.

También me sentí un poco distante.

Ya que hoy en día todo mundo está conectado a través de estas redes sociales, naturalmente las conexiones con otras personas son menores.

A veces es importante tener esa distancia. Cuando estás en tu espacio no hay interrupciones, no hay comparación con lo que los demás están haciendo. No hay distracciones con los temas “actuales” de la sociedad.

Recuerdo una vez que estaba planeando una actividad con unos amigos y como ya estaban acostumbrados a usar los grupos en Facebook, al principio fue algo difícil seguir la plática hasta que pudimos continuar la conversación por otro medio que no fuera esta red. Siempre se puede encontrar la manera de comunicarse.

Sabes que una de las mayores razones por la cuál permanecemos pegados a las redes sociales es por el miedo a perderse de algo (lo cuál se conoce como FOMO en inglés). De creer que si no estamos constantemente leyendo las noticias de los demás, nos perderemos de algo muy importante.

¿Y qué crees? Al menos que el chisme de tu tía sobre su nuevo corte de cabello te afecte, la mayoría del tiempo nada malo sucede.

Me di cuenta que realmente no era necesario estar compartiendo todo lo que hago en el día. Es más, en enero me fui a Costa Rica con unos amigos y no lo dije en Facebook. En serio. No tuve que avisarle al mundo entero adonde iba.

Por último, mi proyecto no fracasó.

Afortunadamente aquí sigo escribiendo un artículo para ti.

Nada malo sucedió en mi ausencia. Curiosamente el numero de seguidores en mis tres redes principales seguía creciendo.

Cómo mis artículos generalmente están hechos sin una fecha de vencimiento (ya que no son noticias sino artículos evergreen) muchos seguían leyendo este blog y se suscribían para esperar un nuevo mensaje a pesar de mi ausencia.

Por eso créeme que las personas no pierden el interés si no has publicado esa cita de un famoso en una imagen bonita.

En cuestión del trabajo podía lograr mejores resultados con los proyectos de recientes clientes ya que podía enfocarme completamente en ellos. Al parecer ninguno se enteró que estaba alejado de estas redes.

Haz un «detox» de las redes sociales

En conclusión ha sido una grata experiencia que espero repetir cada fin de año. Descubrí que no pretendo retirarme completamente del social media y que tampoco voy a sugerirte esto. Entiendo que las redes sociales son muy buenas para su función principal, que es la de permanecer comunicados.

Seguiré estando activo en estos espacios digitales, aunque mi presencia no será continua y quizá me tome tiempo responder algunas cosas. Seguiré dandole mayor importancia a platicar con la gente en persona, así que no dudes en saludarme si me ves rondando por ahí.

Pero si este mensaje te ha dado la cosquilla de intentar lo mismo, te aconsejo que tomes un detox de las redes por una semana, por treinta días o más. Si el sólo hecho de pensar que no es posible o que estoy loco por hacerlo, puede ser sinónimo de una adicción.

En serio te recomiendo probarlo. Elimina todas las aplicaciones y desactiva tus notificaciones. Si pudimos vivir años sin estas redes, seguramente lo puedes hacer ahora.

Con esta experiencia valorarás tu tiempo y lo que haces con él cuando estás en el medio digital. Tendrás espacio para hacer lo que realmente importa. Evitarás las noticias y las distracciones. Serás más productivo y tendrás más trabajo que valga la pena.

Es obvio que nuestra generación es más dependiente del Internet, pero también es necesario tener un equilibro para saber cómo aprovechar esta gran herramienta de la mejor manera posible.

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