¿Vas de compras al mercado?
A cuenta de la exhibición que se realiza todos los años en Salónica, en donde se homenajea a un país invitado (Rusia este año), las calles aledañas al centro de convenciones HELEXPO han permanecido con poca afluencia de algunos autobuses. A cuenta de ello, y también, de la visita que el Primer Ministro Alexis Tsipras realizó a la ciudad, hace unos días me encontré con la dificultad de poder tomar el bus que generalmente me lleva a casa.
Era tarde, alrededor de las 21:00 h, mientras observaba en la pantalla electrónica de la parada como el tiempo de espera alternaba entre 24 y 15 minutos sin que pasara una unidad de la ruta, cuando me encontré con una chica extranjera. De casualidad, ella esperaba el mismo autobús. Y como ella tenía ya rato de estar esperando, decidimos empezar a caminar juntas.
Tomamos el trayecto que realiza el autobús, en caso de que empezaran a circular, y en el camino comenzamos a charlar un poco sobre la vida, Portugal y Grecia. Un poco sobre España también, y acerca de las diferencias que se pueden encontrar entre los distintos países.
El trayecto duró suficiente como para intercambiar diferentes observaciones sobre el idioma griego, la universidad, música y otros temas diarios; y una de esas observaciones nos condujo al tema del mercado central de la ciudad, el Mercado Kapáni (Καπάνι) también conocido como Vlali (Βλάλη), que se encuentra justo al margen de la calle principal de la ciudad, Egnatías (Εγνατίας). El tema surgió a raíz de su sorpresa al ver que el mercado, acá en Grecia, o mejor dicho, los locales que venden alimentos, ropa, y demás artículos varios tienen su producto a la vista, uno al lado de otro en las calles que conforman el mercado.


El Agorá, como le llaman en griego, se extiende por un enramado de pequeñas calles que conectan y dan salida a la plaza principal de Salónica, Platía Aristotélus, la calle principal Egnatía, y otras dos calles importantes: Venizélu que es vecina de un antiguo Hamam turco, y Ermú. Dentro del mercado encontrás una variedad de productos, empezando por los más tradicionales como las olivas, traídas de diferentes regiones del país, el blanco queso feta que acompaña a la famosa ensalada griega, los vinos, el ouzo, el tsípouro (ambas bebidas anisadas tradicionales), pasando por artículos de cocina, ropa y artículos de viaje, hasta llegar a las tiendas de recuerditos que venden camisas con lemas espartanos, pequeños llaveros en forma de cascos de guerreros antiguos o la misma cara de Aristóteles en yeso. Te ofrece también, por si se te antoja probar el café tradicional de grecia, pintorescas cafeterías en el centro del mercado, alrededor de los puestos que venden olivas frescas.
Por aquello de que ahora que me mudé, esta última vez, no cocino con tanta frecuencia, mis visitas son para comprar frutas, o cualquier otra excusa que valga para pasar por ahí (y de paso sacar alguna que otra fotografía). Es una experiencia imperdible para cualquier turista también.



Los alimentos, la ropa, los productos, es decir, los puestos de venta se encuentran en la calle. Las carnes, los pescados troceados sobre el hielo, las verduras y frutas, de igual manera. Los locales están bastante organizados, incluso tienen un sitio web en Internet en donde podés encontrar información más detallada sobre las ventas —en 28 idiomas—, el cual podés encontrar aquí.
A la chica, le comenté que podía imaginar su sorpresa, que en otros países es más común que los mercados se encuentren en espacios delimitados y no en las calles mismas. En España, por ejemplo, me quedé con la impresión de que los mercados se encuentran bajo techo y entre cuatro paredes —no un solo diseño exactamente, pues, no todos lucen igual—, más o menos así:


Por sus palabras, creería que, al menos ella, en su país, también está más acostumbrada a este tipo de mercados cerrados. Entonces, la pregunta que me surge de inmediato es: ¿cuáles son las ventajas y desventajas de cada uno?
La extensión, como primer punto, que se observa en los mercados cuyos locales se encuentran en las calles es mucho más amplia, permitiendo la concentración de un mayor número de locales de venta —y una mayor variedad de productos— en un solo lugar. Esto puede resultar beneficioso a la población si en realidad existen oportunidades de fácil acceso al mercado, tanto para los compradores, como también para los dueños de las ventas a la hora de obtener los insumos que necesitan para poner en marcha el negocio.
Por otro lado, si existe mayor dificultad de acceso, entonces en lugar de implementar o fomentar un mercado de gran tamaño, en las calles, quizá lo más adecuado se presenta en la forma de varios y pequeños mercados distribuidos en el territorio. De esta manera se evita el cierre o la obstrucción de las calles —que sería el objetivo si ya existen dificultades en la movilización de las personas y productos—, delimitando el espacio en el cual se encuentra.
En la ciudad de Salónica, por ejemplo, el mercado Kapani está ubicado en el centro y, al menos como visitante, encuentro medios que me brindan fácil acceso —claro, sería mejor si estuviese el metro ya construido—. Existen mercados de menor extensión, sí, y también encontramos los mercados ambulantes, que llegan a tu región una vez por semana. Sin embargo, el mercado central es el más surtido y está disponible todos los días.
De una forma similar sucede en Estambúl, donde existen dos mercados principales y de gran extensión para satisfacer a la población y la afluencia de turistas. Uno de ellos, el Gran Bazaar, incluso combina ambos métodos para agrupar a los vendedores. El centro está dentro de las instalaciones y luego los locales se distribuyen en los callejones aledaños.


Otro de los posibles puntos de discusión, que está relacionado con la extensión, sería el nivel de regulación que permite una gran aglomeración de locales respecto a una mucho menor. Mercados con agrupaciones de un menor número de locales, distribuidos en distintos puntos podría dar lugar a un mejor control del aseo (por parte de la municipalidad o de los locales mismos) y una mejor implementación de las regulaciones respecto a los intercambios de los productos —evitar las estafas, digo—, así como un buen seguimiento inicial relativo a los gastos por parte de los locales como la energía eléctrica y la renta (si se cobra alguna).
El clima, por su parte, es otro factor a tomar en cuenta para decidir la locación de un mercado. Si se encuentra en un lugar donde hay posibilidad de lluvia copiosa, frecuente e imprevista, lo mejor sería que se encuentre en un lugar donde el producto pueda refugiarse. Si por otro lado, las temperaturas son bastante altas o los productos se encuentran expuestos directamente al sol, existe posibilidad de que se estropeen con mayor facilidad. En este caso, un local bien acondicionado es necesario para garantizar la durabilidad del producto y evitar costes extraordinarios.
Como último punto, podríamos tomar en cuenta las observaciones del vendedor respecto a la movilidad de los insumos para su venta, y por consecuencia, el precio de los productos; o cualquier otra consideración que como comerciante podría tener.

Como mencioné un poco antes, visitar el mercado para mí es una experiencia enriquecedora, ya sea porque necesite el producto, ya sea por el simple gusto de visitar.
Al final, después de andar sin que pasara un autobús, cada una se fue por su camino, y yo me quedé considerando en las diferentes modalidades de establecer un mercado, los motivos que pueden influenciar tal decisión y de las consecuencias que conlleva para los habitantes locales y los turistas.
¿Vos qué opinás?