20 libros para lectores de unos ocho o nueve años

Nueva selección de libros por edades, esta vez de veinte (o veintitrés si contamos como independientes los correspondientes a A. A. Milne y Patricia Maclachlan) para lectores de unos 8 o 9 años. De nuevo indico que los libros que asigno a una edad bien podrían estar en otra, superior o inferior. He procurado que haya variedad —origen, géneros, longitud, complejidad— y no poner libros ya incluidos en selecciones de otro tipo publicadas aquí, en Medium, en los últimos meses. Es intencionado que haya libros que no están disponibles en librerías ahora mismo (a ver si los editores se animan a devolverlos a la circulación).

1924. Bambi, Felix Salten. Relato sobre un pequeño cervatillo conocido universalmente por la película de Disney. El libro no es una historia tierna sino una exposición, a veces dramática, del dolor y la perplejidad que, tantas veces, van unidos con el crecimiento.

1926. Winnie the Pooh, A. A. Milne. La última edición, en España, de los dos libros del personaje se titula Historias de Winny de Puh. Son veinte pequeñas historias protagonizadas por el hijo del autor, Christopher Robin, y por sus animales de trapo con el osito Pooh a la cabeza. Estas historias están en el origen de tantas otras acerca de cómo las relaciones afectivas de los niños con sus juguetes pueden marcar sus personalidades futuras.

1938. Los pingüinos de Mr. Popper, Richard y Florence Atwater. Manual sintético de cómo montar un circo de pingüinos en casa, cuya popularidad inicial también se fundó en unas graciosas ilustraciones de Robert Lawson.

1947. Cocorí, Joaquín Gutiérrez Mangel. Relato escrito con una cautivadora prosa musical y colorista. Su protagonista es un chico negro que atraviesa la selva costarricense, acompañado por un pequeño mono travieso y turbulento, preguntando a hombres y animales por qué la belleza de una rosa muere tan pronto.

1952. Tony y la puerta maravillosa, Howard Fast. Relato que recrea el pasado de Nueva York y enseña de paso el valor de los museos. En 1930, un chico logra viajar en el tiempo a través de la puerta de un patio, pero los adultos, que tan fácilmente olvidan que han sido niños, no le creen, y Tony tendrá que aportar una prueba.

1957. Tistú el de los pulgares verdes, Maurice Druon. Libro heredero de El principito, sin tanto encanto pero con un protagonista que también es un niño sabio cuya presencia todo lo transforma y que tiene algo de abanderado del pacifismo hippie de moda en los años posteriores a su publicación.

1960. Un grillo en Nueva York, George Selden. Relato compuesto con sensibilidad, buen humor y naturalidad. En Nueva York, el canto del grillo Chester logra, incluso, un momento mágico en el que «Times Square permaneció tan silenciosa como una pradera al atardecer».

1962. Zapatos de fuego y Sandalias de viento, Ursula Wölfel. Tim, un niño gordo y pobre, se siente rechazado por sus compañeros. Hasta que su padre decide hacerle un regalo especial el día de su cumpleaños: unos zapatos rojos, una mochila…, y un viaje juntos. Buena y amable narración sobre la importancia de que los padres sepan escuchar y dedicar tiempo a su hijo, y que se puede unir a otras acerca del valor curativo de las historias.

1966. Dailan Kifki, María Elena Walsh. Un viaje caótico en el que no importa tanto seguir el argumento como dejarse llevar al paso que marca una narradora de lo más persuasiva. El protagonista es un elefante, Dailan Kifki, que se presenta un día en la casa de la narradora con una nota en la que se dice que su dueño le ha dejado y se le pide que lo alimente y lo cuide. A partir de ahí comienza una persecución frenética.

1968. El ratón Manx, Paul Gallico. Un ratón de cerámica fabricado por un artesano en un momento de gran agitación es azul, tiene orejas de conejo, patas de canguro, y no tiene cola. Una noche cobra vida, sale de casa, y algunos personajes le anuncian el terrible destino que le aguarda cuando encuentre al gato Manx. Con buen humor, la narración habla del descubrimiento de la vida, la búsqueda de la propia identidad, etc.

1969. Mona Minim, Janet Frame. De modo reflexivo se cuenta que una hormiga doméstica llamada Mona Minim sale por primera vez de su nido y acaba cayendo por un agujero hasta donde viven las hormigas de jardín. Después de sus peripecias, Mona vuelve a su hogar del principio, ya convertida en una hormiga mayor y sabia.

1974. El paquete parlante, Gerald Durrell. El viaje de unos chicos a Mitología es una sucesión de aventuras tan sorprendentes como hilarantes. La imaginación que derrocha Durrell se desborda en la creación de desternillantes personajes y en las descripciones de paisajes imposibles.

1980. Las manos en el agua, Carlos Murciano. Mudy, de ocho años, vive unos meses en la casa de su abuela y allí conoce a un leñador que le regala una piña de plata con poderes mágicos. Con ella Mudy podrá entrar en el río, al meter las manos en el agua, igual que cuando uno descorre una cortina.

1980. Veva, Carmen Kurtz. Veva es un bebé que puede hablar y manipular los sentimientos y las reacciones de toda su familia. Relato que muestra, con divertidos acentos de fantasía, las realidades familiares ordinarias.

1982. Celestino y el tren, Magolo Cárdenas. Un chico de diez años, Pablo, va con su padre a México D.F., y llevan a Celestino, su burro azul. El mismo lo cuenta y explica cómo, en el camino, les asaltaron y tuvo que ir a la ciudad él solo. Pablo sabe transmitir al lector sus sentimientos: apego a Celestino, ilusión al comenzar a ser arriero, orgullo ante las cualidades de su padre, asombro en la ciudad, sentido de responsabilidad cuando el encargo queda en sus manos…

1985–2001. Sarah, sencilla y alta, Como una alondra, Caleb, Patricia Maclachlan. Tres relatos cortos consecutivos sobre una familia de granjeros norteamericanos en el siglo pasado, cuyo núcleo emocional está en las reacciones que provoca en los chicos, Anna y Caleb, que no llegó a conocer a su madre, el nuevo matrimonio del padre, viudo, con una mujer de otro estado. El pulido estilo lacónico de la autora, a base de frases cortas y precisas, va dejando aflorar de modo muy natural, los sentimientos que se anudan en las relaciones familiares y que brotan con motivo de las dificultades de comprensión y aceptación de nuevas o viejas circunstancias.

1991. El secreto de Lena, Michael Ende. Lena es una niña que quiere que sus padres la obedezcan a ella y acude a un hada para que le conceda sus deseos. Pero, al ponerlos en práctica, Lena entiende la otra cara de la moneda. Relato ingenioso, en su planteamiento y en su desarrollo, y muy certero en su mensaje para padres e hijos.

1992. El gato al que le gustaba la lluvia, Henning Mankell. A un chico de seis años se le pierde su gato un día de lluvia. Narración calmosa, con excelentes momentos descriptivos del interior del niño. Tiene buen humor de fondo pero también transmite al lector su sufrimiento. Se reflejan bien los comportamientos de los padres, amables siempre, y del hermano mayor, harto por momentos del pequeño.

1998. Tobías y el ángel, Susanna Tamaro. Una niña de ocho años, cuyos padres están siempre peleándose, se refugia en su sensato abuelo, que inventa un juego en el que Martina se llama Tobías. Cuando un día su abuelo no viene, y sus padres discuten y se marchan, Martina también se va de casa. En su periplo dialoga con distintos seres y, además, se le aparece su ángel de la guarda. Obra bien estructurada, con excelentes momentos, aciertos expresivos, ramalazos de buen humor, y reflexiones certeras.

2000. Pocapena, Alicia Yánez Cossio. El protagonista es un niño indígena ecuatoriano que acaba yendo a una escuela de la ciudad donde choca con profesores y compañeros, tiene dificultades para coger el ritmo, se niega en redondo a cambiar de vestido y a cortarse la trenza… Relato diferente a los de otros entornos, escrito con agilidad propia de buen narrador oral, con localismos que le dan precisión y un sabor propio, y un personaje principal bien perfilado.