Viceversa del orden

Morir;
tengo la luz que no se ve,
hondonadas de las llanuras en el desierto,
alma que descansa en lo estruendo.

Oliendo la vida
sentiré los deseos,
—suavidad de algodón,
veo lo que no tengo—
toco lo que no siento.

Río que desemboca 
entre líneas del océano,
y el horizonte del monte;
visión de alcatraz
con gran inocencia fugaz.

Idóneo entre las verdades del camino.

Rebuscando la piedra angular,
Aumentando los placeres del destino
joven perdido en el camino
en el bosque de manjar.

Nacer;
despejar la sinceridad de un niño en la angustia,
mundo de penurias
¡con ganas de crecer!

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