Vida

Como una carretera


No es posible abrir los ojos y ver algo en medio de esta oscuridad.

Quizá por eso es más confuso todo esto de ordenar ideas, aclarar la mente, ver hacia adelante y creer que el mañana va a ser mejor.

Si te busco, se que hoy no voy a encontrarte.

No recuerdo como fue nuestra última despedida, de hecho creo que no la hubo, solo tomé el retorno a la derecha de la carretera y vi todavía por el retrovisor a tu automóvil desaparecer en la oscuridad de esa madrugada.

¿Por qué las cosas tienen que cambiar?

Eres una ausencia, aunque parcial, tan escasa que apenas y puedo encontrarte dentro de algunos recuerdos de momentos que nos construimos entre las cervezas de media noche, la película sin atención y las sábanas revueltas.

La vida sigue, como seguía la carretera delante de nosotros esa madrugada, en autos distintos, en mundos ajenos con miles de palabras.

¿Te fijaste en las señales del camino?

Si tan solo me hubieras pedido seguirte, hoy no estaría escribiendo estas palabras y tampoco sería tan importante decirte que la vida transcurre sin ti. Como nosotros conduciendo sobre una carretera construida de minutos y flores marchitas, donde no hay señales de retorno y tampoco un instante para detenerse y preguntar ¿cómo estás?

A pesar de todo aún tengo esa sensación de que podíamos haber hecho más cosas con el poco tiempo que teníamos para nosotros. Y aunque eso de lamentarse por las cosas que no pasaron no va conmigo, quiero que sepas que aún me duele el no haber podido disfrutarte más de lo suficiente.

La vida se va, y estamos tan mal acostumbrados a lidiar con la distancia, qué ni siquiera notamos la diferencia del carril sobre el cual conducimos.

No voy a rebasarte, voy detrás, por sí algo llegara a pasarte, aunque no me veas por prestar atención a la siguiente curva en el camino.

¿Por qué las cosas tienen que cambiar?

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