RECUÉRDAME

Lorenzo Servitje Sendra (1918–2017)

Algunos datos para recordar.

1995 Los negocios Fox-Servitje desde antes de la llegada de Vicente a la presidencia. ver aquí: http://www.proceso.com.mx/189724/los-negocios-fox-servitje

1997 CNI Canal 40 denunció los abusos sexuales de Marcial Maciel, líder fallecido de los Legionarios de Cristo. Lorenzo Servitje Sendra, patriarca del Grupo Bimbo, fundador del monopolio de la industria del pan y de pastelillos en México, impuso un boicot publicitario retirando toda la pauta programada para dicho canal bajo el argumento de “que la miseria humana no debe exhibirse”.

2004 Durante administración de Vicente Fox Quesada, los Servitje, aliados del partido con el que comparten ideologías católicas, aportaron dinero a “Vamos México”, fundación de Marta Sahagún de Fox. Tiempo después se descubrió que la organización fue beneficiada por la Lotería Nacional a través del fideicomiso Transforma México, declarado ilegal en 2004 por la Auditoría Superior de la Federación (ASF).

2005 Lorenzo Servitje Sendra, se afilió al PAN para apoyar la precampaña presidencial de Alberto Cárdenas Jiménez. Junto con Servitje Sendra, también se afiliaron al PAN varios miembros del clan que, además, le entregaban recursos para las campañas y los gastos ordinarios. Su hermano Roberto fue uno de ellos.

2012 “Tengo mucha esperanza en Peña Nieto” declaró Lorenzo Servitje, acompañado del gobernador Javier Duarte durante el 35 Encuentro Nacional de la Fundación Mexicana para el Desarrollo Rural en Boca del Río

2013 La evasión de impuestos que año tras año se incrementa, devela datos como el de este año, en el que Bimbo de los 173 mil 139 millones de pesos que gano al año, aportó al fisco apenas 1.2 por ciento. En cambio, una papelería, por ejemplo, que gana 50 mil pesos al mes, paga 11 mil 200 pesos en impuestos. Es decir, aporta al fisco 22.4 por ciento de sus ganancias. Si pudiera consolidar como Bimbo sólo pagaría 500 pesos.

2016 Acumula un total de 36 empresas adquiridas en los últimos 20 años, considerando la reciente de compra de la canadiense Italian Home Bakery (IHB). La mayor inversión fue para adquirir George Weston Foods, cuyo monto fue de 2 mil 380 millones de dólares; el segundo mayor desembolso fue para hacerse de Canada Bread en 2014, por mil 830 millones de dólares canadienses.

2017 Greenpeace constató que la empresa utiliza plaguicidas altamente tóxicos prohibidos en otros países por sus impactos negativos en la salud y el medio ambiente, afectando mantos freáticos, ríos, drenes, lagunas, mar y diversas especies importantes de los ecosistemas, entre ellas las abejas.

Cargill, Ingredion, ALMEX y Bunge son los proveedores cómplices de Bimbo señalados por Greenpeace en un informe citado por la revista Contralínea.

Asimismo, Grupo Bimbo fue denunciado durante el año pasado por abusar y explotar a sus empleados, particularmente aquellos en la primera fase de su ciclo de producción: la agricultura.

El modelo de agricultura industrial utilizado por Bimbo — por contrato y a destajo — , somete a los campesinos a condiciones injustas y poco transparentes, jornadas extenuantes de trabajo, sin derechos laborales y, encima, exponiendo a los jornaleros — muchos de ellos menores de edad — a los efectos directos de sus plaguicidas y demás sustancias tóxicas.

De esta manera, Grupo Bimbo viola todos los Códigos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, así como los Principios Rectores sobre las Empresas y Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que establecen la eliminación del uso de plaguicidas y el respeto a los derechos humanos. Esto, pese a que la empresa presume estar adherida a dichos pactos mundiales de la ONU.

No olvidar que Lorenzo Servitje estuvo en contra de ciertas expresiones artísticas, de la promoción del condón, de la educación sexual en las escuelas primarias, del aborto, de las marchas gay, de las escenas eróticas en los programas de tele”, en 1995 crearon la fundación “A Favor de lo Mejor”, que buscaba supuestamente mejorar la calidad de los contenidos en los medios.

A lo largo de su carrera, los Servitje se han hecho de un papel con gran peso en la clase política de México. Detrás de las obras filantrópicas y altruistas de la familia están personajes que luchan contra cualquier situación que, desde su perspectiva política, empresarial y católica, genere descontrol o atente contra el orden establecido de las cosas.

El apellido Servitje está ligado a organizaciones de la ultraderecha católica como el Opus Dei y los Legionarios de Cristo; a empresas como Walmart y Coca-Cola; a fundaciones como Vamos México, de Martha Sahagún Jiménez, esposa del ex Presidente Vicente Fox Quesada, al Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, a la Red Internacional de Empresarios Católicos, y a sucesos emblemáticos como la aportación de recursos para la campaña que el Partido Acción Nacional (al que está afiliado) emprendió contra Andrés Manuel López Obrador, candidato de las izquierdas durante el proceso electoral de 2006.

(Fragmento de: PERFIL | Los Servitje, incendiarios y conservadores, también tienen lengua que les pisen. Texto de Daniela Barragán


La doble moral, la simulación y el partidismo que caracterizaron a Lorenzo Servitje será sin duda su gran legado. “Descanse en paz”.

El siguiente texto es de Edgar González Ruíz · 13 de septiembre del 2008.

Al Grano. Vida y Visión de los Fundadores de Bimbo (Khalida editores, México, 2008)

Lorenzo Servitje es uno de los principales empresarios que apoyan a la derecha en el poder. Es enemigo de los derechos laborales y de las libertades civiles, pero se presenta como mártir y filántropo.

Conocido como uno de los principales promotores de la ultraderecha católica y del fraude electoral del 2006, a la vez que de las políticas impopulares que ha padecido México de Salinas a Fecal, el empresario panista Lorenzo Servitje, patriarca del grupo Bimbo, acaba de publicar sus memorias, bajo la forma de una extensa entrevista con la periodista Silvia Cherem.

En el libro Al Grano. Vida y Visión de los Fundadores de Bimbo (Khalida editores, México, 2008), Cherem aborda la trayectoria de Lorenzo -“don Lorenzo”, como le llaman sus súbditos y lambiscones- y de otros dos personajes de esa empresa: Roberto Servitje y Jaime Jorba.

La entrevistadora se esfuerza por confeccionar una obra al gusto del prepotente y ególatra nonagenario, a quien sólo le agrada escuchar el lenguaje de la lisonja y de la sumisión.

Pese a ello, como ocurre con las biografías de otros personajes de la política empresarial (Vicente Fox, Juan Sánchez Navarro, Hugo Salinas Price, por mencionar algunos), el testimonio de Servitje constituye una involuntaria exhibición de la miseria humana que suele convivir con la abundancia de dinero, quizá porque las grandes fortunas suelen tener su origen en el abuso, el crimen y el fraude.

Al igual que los otros personajes mencionados, en Lorenzo Servitje conviven la voracidad sin límites, el autoritarismo, la increíble falta de escrúpulos para perjudicar a los menos favorecidos, con una retórica sentimentaloide, quejumbrosa, donde el millonario pretende tener una frustrada vocación de mártir, de idealista y de redentor de los pobres.

Un enemigo del pueblo

Hijo de Juan Servitje y Josefina Sendra, emigrantes españoles, Lorenzo, quien con el tiempo llegaría a ser uno de los más activos enemigos de las conquistas laborales y de las libertades civiles emanadas de la Revolución Mexicana, nació en la ciudad de México, nada menos que el 20 de noviembre de 1918.

“Comencé a descubrir “lo mexicano” en el contacto con el hijo de la portera y (con) las sirvientas”, dice Lorenzo Servitje, quien afirma también que su madre, quien llegó a México a los 21 años, desde el principio “detestó la imagen de gallinas y puercos que vio al desembarcar” (p. 39).

Pese a su desdén por la pobreza y por lo mexicano, en 2002, en compañía de su hija Marinela (militante de grupos ultraderechistas, como Enlace en la Comunidad Encuentro), Lorenzo se dignaría a viajar a la Sierra del Nayar en un tour para darse el lujo de “conocer de cerca la miseria” (p. 169).

Su gran contacto con la miseria que lo “cimbró”, según él, consistió en quedarse a dormir un par de días en casa de unas monjas, que le ofrecieron abundantes tortillas y sopa de lentejas, lo cual él y su hija consideraron el colmo del sufrimiento y de las privaciones.

A sus noventa años, Servitje carece del buen sentido, del pudor y de la elemental prudencia que lo hubieran llevado a evitar en la larga entrevista toda una colección de frases hechas, lugares comunes, rebosantes de cursilería y falsedad.

Leemos: “pienso más en ayudar a los pobres que en todo lo demás…” (p. 202); “el amor es por lo único que vale la pena vivir. Ni el poder ni la riqueza se comparan con la capacidad de querer…”; habla también de su “vocación de sacrificio” y de su “gozo al dar a otros” (p. 203).

Más aún, dice Servitje: “a mí dar nunca me dolió. Hubiera querido ser un hombre que pusiera su vida por delante, haberme sacrificado más, haberme entregado con devoción a alguna causa, como aquellos hombre verticales: Mahatma Gandhi, Václav Havel, Tomás Moro…” (p. 114).

Desde luego, Servitje no explica por qué toda su pretendida abnegación se quedó en frases sensibleras y por qué, a diferencia de Gandhi, se dedicó a amasar dinero y no tuvo empacho en explotar inmisericordemente a sus propios parientes en su empresa panadera, negándoles apoyos, prestaciones y días de descanso. Como ocurre por definición con la gente deshonesta y mezquina, sus palabras y sus actos están en completo desacuerdo entre sí.

En contradicción con sus pretensiones de mártir y bienhechor, el magnate de los alimentos chatarra deplora una y otra vez todo uso de los recursos del erario para beneficiar a las clases trabajadoras, e incluso ha propuesto eliminar las prestaciones y derechos laborales. Esa es su verdadera filantropía.

Como otros empresarios, Servitje odiaba el llamado “populismo de Echeverría”, pues “era común que los campesinos recibieran todo… del paternalismo gubernamental: la reforma agraria les daba sus tierras, los extensionistas los capacitaban, los bancos rurales les prestaban dinero, Fertimex les proporcionaba los fertilizantes, Conasupo comercializaba sus productos. Nuestro objetivo (de él y de otros empresarios bandidos) era quitarles de encima ese lastre de tender la mano y que ellos aprendieran a valerse por sí mismos” (p. 118).

Pero, al mismo tiempo, Servitje no tenía empacho en tender la mano al gobierno de Echeverría para pedirle nada menos que tres millones de pesos para “impulsar más proyectos productivos” mediante sus operaciones seudofilantrópicas. Con toda justicia y sensatez, Echeverría se abstuvo de entregar el dinero al empresario que tan ferozmente se oponía a que se ayudara a los campesinos.

El empresario derechista, que hoy en día es entusiasta partidario de Fecal y de sus proyectos, como la privatización de Pemex y los aumentos a los bienes y servicios, ha vociferado rabiosamente contra toda política que implique dar incondicionalmente algo a los pobres.

Según él, en épocas pasadas los gobiernos hacían mal en evitar los aumentos a productos básicos y en otorgar buenos aumentos a los salarios de los salarios populares, porque con ello “a los trabajadores les cayó un río de dinero que no esperaban…” (p. 145).

Sugiere que los gobiernos deben, a la manera de Fecal, poner en práctica políticas que beneficen a los más ricos en detrimento del pueblo, prescindiendo de “culpas y remordimientos morales” (p. 146).

Una y otra vez, Servitje ha criticado los logros sindicales, con el argumento mezquino de que implican una “injusticia” hacia los demás trabajadores.

En septiembre de 2004, en una asamblea de Coparmex, el malhechor de cuello blanco con pretensiones de mártir y filántropo llamaba a los sindicalizados “parásitos de la economía” y exigía “renegociar” los contratos colectivos de las empresas estatales y dependencias.

El hipócrita que en algunos pasajes de la entrevista abunda en que nunca le ha dolido dar, afirmaba en esa ocasión: “no hay que darles nada, absolutamente nada, al contrario, hay que quitarles” (p. 182).

En contraste con esa actitud ruin y miserable que siempre ha mostrado contra los trabajadores, la momia de la derecha empresarial no critica las millonarias subvenciones de los panistas para el clero católico, ni los fraudes millonarios que han cometido los parientes y amigos de Fecal y de Fox.

Bimbo cuenta con un sindicato blanco que nunca ha hecho una huelga, y en esa empresa, como detalla Servitje en la entrevista, ha existido la práctica de clasificar a sus trabajadores y despedir arbitrariamente a los que les parecen inadecuados.

Como otros dirigentes de la derecha, Servitje niega hipócritamente que se identifique con ese sector, pero su propia historia, que él relata, es elocuente sobre su compromiso con esa corriente política: en su primera juventud fue entusiasta simpatizante de cristeros y franquistas, enemigo del cardenismo, al grado de participar en manifestaciones violentas contra él, fundador o militante de grupos conservadores y de organizaciones empresariales desde mediados del siglo XX, y en los últimos años miembro del derechista PAN, al que apoya tanto material como polítictamente.

El “desorden sexual”

Servitje ha sido promotor de la censura en los medios de comunicación, pues le horroriza lo que llama el “desorden sexual”, es decir los bikinis, el juego erótico, las películas que muestren cuerpos desnudos o semidesnudos; en fin, el atractivo de la juventud.

Desde luego, una de las motivaciones de su celo inquisitorial es la sexofobia de las doctrinas católicas, pero en la entrevista con Silvia Cherem él mismo revela inadvertidamente que el verdadero “desorden sexual” y de otros rubros que inspiró su afán por prohibir fue la conducta errática y desgastante protagonizada por su propia madre, quien se cambió de casa 23 veces y al morir su esposo, el padre de Lorenzo, se buscó un hombre 15 años menor que ella.

Confiesa Servitje acerca de la relación con su progenitora: “Dolorosamente nos dejamos de hablar cuando volvió a casarse, en 1954 (luego de la muerte del padre de Servitje). Enviudó a los 44 años y a los 62 decidió unir su vida con una persona 15 años menor que ella. Pepita mi hermana y yo nos opusimos, quizá por un cierto egoísmo, pero también porque no elegía a la persona adecuada. Era romántica y soñadora; trataba de tener la vida que no tuvo con mi padre…” (p. 46).

De hecho, cuando Lorenzo tenía 3 ó 4 años, Josefina, quien al lado de Juan estaba “anémica y débil, con hemorragias continuas, frustrada por la soledad, la enfermedad y la falta de éxito económico (de su esposo)” se marchó con sus hijos a España, donde murió uno de ellos.

Además de revelar la doble moral y la miseria afectiva del matrimonio de sus padres, el amor de Servitje por la censura tiene que ver con su prepotencia que lo lleva a pontificar sobre lo que evidentemente no ha leído.

Según él, “las grandes obras literarias aluden a las pasiones humanas pero no lo hacen de manera morbosa ni están destinadas a toda clase de público”.

Por el contrario, los clásicos son universales, y muchos de esas grandes obras (sea la Biblia, las Mil y Una noches, los clásicos griegos y latinos, franceses, etc.) contienen descripciones tan candentes y atrevidas que mil veces merecerían la condena de los fariseos encabezados por Servitje.

En fin, el poder de que ha gozado el magnate panadero le ha permitido limitar la libertad de expresión en nuestro país, ejerciendo presiones sobre los grandes medios de comunicación.

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