
Apuntes sobre el #Tetazo
¿Cuántas tetas descubiertas hubo? el deseo de contarlas –o de que alguien lo haga- es fuerte. Números para dar cuenta de la efectividad, datos, pruebas, constataciones que sirvan para medir no la efectividad del #Tetazo sino la estrategia de aislar la potencia de la rebeldía mesurándola. Cuatro gatas locas –traducción coloquial de la tapa de Clarín- no hablan de un deseo colectivo.
Texto: Marta Dillon
Fotos: EMERGENTE


Se desvirtuó el #Tetazo: hasta el hartazgo, hasta el infinito, la frase se repitió en cuanto programa de televisión aludió al tema en boca de panelistas varones y mujeres, gente que exhibe sin pudor un saber a priori sobre lo que es la virtud de la protesta, sus razones más prístinas.
¿Fueron los mirones quienes la desvirtuaron –casi escribo desvirgaron?
¿Los que pasearon su mano boba entre la multitud esperando tocar un pezón y que lo vean sus amigos? No, fueron los discursos políticos. Como si ejercer la libertad de gozarnos entre nosotras no fuera política, como si organizarse en círculo para echar del medio de la rueda a los machirulos envalentonados no fuera político, como si la razón misma de haber estado ahí no fuera política.



Bruta y violenta: el dedito levantado en las redes sociales es el signo de los tiempos. El #Tetazo ya lo venía provocando. Primero las amenazas de hacer una contramedida llamando a mostrar la chota, después lo de siempre: que por qué no luchan por la paz en el mundo, la ley de adopción o el fin del hambre; las instrucciones que se nos aplican a las mujeres para el buen coger, para la belleza, para mostrar, para ocultar, para cocinar, para parir, vestir, salir. “Nos quieren calladas y sumisas”, dijo una chica y un tuit le contestó: “No, te quieren bruta y violenta para que nunca pelees por nada importante”.



Otra vez los números: Si para tres minas sin corpiño acudieron seis patrulleros –uno por pezón- a la playa en Necochea, la proporción no fue menor entre lo que se produjo en el Obelisco y la cobertura mediática que convocó hasta a la televisión china. Salimos en tapa, chicas, de casi todos los diarios. No así las respuestas políticas a la exigencia de que las centrales obreras llamen al paro del 8 de marzo; mucho menos el escándalo de que la línea 144 atienda casi nunca y cuando lo hace es con extrema demora. Somos la nota de color, la que alivia el contenido político, el solaz entre las malas noticias. A eso se llama infantilización, menosprecio; es algo parecido a cuando te dicen mamita cuando vas a parir y desplegás la enorme potencia que se necesita para partirse en dos.



Luchar con la compañera le gusta a usted: Aun con los pajeros rodeándonos, aun entre las manos bobas abusando, aun cuando nos asfixiaban con la presión de sus ojos los mirones, aun desvirtuado como lo califican; el #Tetazo se hizo. Por nuestro derecho a entrar en el mar sin elásticos que nos compriman, de sentir el sol en la torso, de andar a gusto, de gozarnos como queremos cuando queremos con quien queremos. Se hizo y se bailó y se cantó por el placer de estar juntas, de que nos vean en lucha
–y en pie de guerra-, que se sepa que a fuerza de luchar con la compañera, como decía el canto más popular, el patriarcado va a caer. Que así, a pura rebeldía, estamos tallando una sensibilidad nueva, un modo de decir #NiUNaMenos que es interseccional a todos nuestros derechos, y que cada vez que se repite desde una marea de cuerpos puestos en la calle como sucedió el martes, se está diciendo Nunca Más. Sobre nuestros cuerpos, Nunca Más.




