
Somos la muerte de la moral
Aún faltan dos horas para el tortazo convocado por Belén Arena y La Biela está colmado por sus clientes. Seis mujeres en todo el salón, el resto, hombres.
Texto: Mariana Leder Kremer Hernández para Emergente
Fotos: Emergente
En la mesa de al lado, cuatro señores de entre 65 y 75 años se toman una Imperial Cream Stout y entre salamín y queso:
– ¿No te parece triste que vengan las cámaras para ver esto? –, dice uno de boina mientras se para de la silla.
– ¡No te muevas, Juan, tenés orden militar, hasta las ocho y media que es cuando llegan esas no te podés ir — .
Y mientras pareciera que en esta ciudad las botas de pisar y ordenar ideas vuelven a estar vigentes, afuera del bar “esas” empiezan a llegar, refugiándose de la lluvia con capuchas, banderas y paraguas, porque hace un rato nomás que uno de los mozos se encargó de cerrar todos los toldos que rodean al local, cortesía de la casa.



Carlos Gutiérrez García es el actual gerente de La Biela; acá trabaja desde que vino de León, España, y aunque eso fue en 1966 conserva el acento en forma impecable.
– Lo que sucedió es que había dos chicas que no estaban comportándose bien y se les dijo que respetaran el lugar — , explica Gutiérrez García según su “buena información”, ya que él no estaba presente el lunes pasado en el bar, y asegura:
– Es la primera vez que tengo este lío con la prensa, aquí concurren tanto nacionales como extranjeros de ambos sexos, de todos los sexos y todas las religiones.
MENTIROSO, MENTIROSO. El coro de gritos al unísono llega desde la calle, y pareciera que el “lío con la prensa” de La Biela es un lío enorme lleno de cámaras, sí, pero más aun lleno de besos, abrazos y sonrisas, un lío lleno de tortas (y putos) que no quieren dar ni un paso atrás en todos los derechos igualitarios conquistados en los últimos años por medio de la lucha y la visibilidad de todxs.


– Vivimos en un país con Ley de Matrimonio igualitario y Ley Antidiscriminatoria — , dice Belén ante el tumulto de micrófonos que la rodean.
– Queremos visibilizar a las lesbianas, queremos besarnos bien y acariciarnos bien, ya que aquella noche nos dijeron que nos estábamos acariciando mal — , y los aplausos son acompañados por el Azo, azo, azo, se viene el besazo.

Visibilizar, besar, acariciar, todo este amor es político porque ningún beso nace heterosexual, porque este amor es el mejor arma para dispararle al patriarcado ahí donde más le duele: El momento en que dejamos de tener miedo. Entonces aparece un cartel que dice Amar sem Temer y las dos pibas que lo llevan:
– Estamos en contra del golpe de estado a Dilma, que es también un golpe homofóbico y se expresa en contra de todas nuestras libertades, derechos y sexualidades, porque nuestros besos son políticos — . El momento en que dejamos de callarnos.
Más ruido, más lío, desde la esquina se escucha la llegada de otro grupo de tortas bajo la lluvia, con batucada andante e improvisada: un bidón de agua como tambor, un jam block, una pandereta, un redoblante y muchas letras para agitar. Cuando la banda alcanza el ventanal de La Biela que está sobre Ortiz, las chicas arman una ronda a la que se suman más pibas, pibes y fotógrafos. La batucada es interrumpida para besarse. Olé olé, olé olá, no soy amiga de tu mamá, somos lesbianas no paramos de garchar. Adentro los dinosaurios que al principio se lamentaban por la presencia de las cámaras, habían acomodado sus sillas para contemplar.

Desde la esquina se escucha el conteo en el grito de un hombre: 10, 9, 8, 7… 3, 2, 1, be sa zooo. Y varixs se besan mientras otrxs colocan unos parlantes sobre la entrada principal para que luego hable Belén.
– Tenemos que dar cátedra de cómo se besa bien y visibilizar a las lesbianas en esta sociedad falocéntrica que piensa que porque no tenemos un pito no tenemos relaciones válidas — . La joven que fue echada del bar de Recolecta agradece la participación de todxs lxs que se acercaron y a las organizaciones: La LGBT, La Fulana, todas las organizaciones de izquierda, la Comunidad Homosexual Argentina (CHA).
Y de los parlantes empieza a sonar Madonna, la esquina está repleta y todas las anchas veredas que rodean La Biela también, cuando desde adentro dos señoras se chapan, se funden en un largo y profundo beso que es la señal para que la puerta principal y las de los costados se abrieran: Avalancha hacia el bar, aplausos y abrazos a las dos mujeres, Biela, careta, tomá la tijereta.

– Hablamos con el mozo, y nos dijo que aquella noche las chicas habían estado haciendo movimientos indebidos. Cuando se fue a buscar nuestro pedido, empezamos a besarnos — . Alejandra tiene “53 años de lesbiana” y Stella tiene 67. Decidieron hacer su acto de resistencia adentro del bar y se convirtieron en el detonante para que el salón esté con más lío que nunca: A la iglesia, católica apostólica romana, que se quiere meter en nuestras camas, le decimos que se nos da las ganas, de ser putas, travestis y lesbianas, aborto legal en el hospital. Mesas tomadas, adentro la batucada, acá también está la resistencia trava. — ¡Mozo, una torta bien grande por favor! — , gritan algunas. El personal de La Biela, el encargado, el gerente y algunos de la Policía Federal miran desde la barra. En tu cara, La Biela.
El besazo se muda al calor del interior, giran algunos vinos y cervezas y se chocan algunas botellas para brindar. Pepa Gaitán, presente, Pepa Gaitán, presente, exclama la multitud en referencia a la cordobeza de 27 años asesinada por lesbiana en 2010. Alejandra y Stella asienten, mientras se toman de las manos y las levantan como si fueran un solo puño.

Porque la discriminación en La Biela es sólo una muestra de la lesbofobia que estigmatiza, señala y asesina pibas en todo el país. Porque esta es la quinta denuncia de Belén en la ciudad por ser discriminada en bares (también le pasó en Burguer King y Starbucks). Porque hay muchas de estas situaciones que nunca llegan a la denuncia, camufladas en la impunidad y el anonimato de la calle, cuando caminar de la mano con tu novia implica un constante acoso verbal que “hay que bancarse”. Y digo bancarse porque muchas veces tenés más ganas de escupir una cara que de ponerte a dialogar para explicar por qué no querés recibir lo que a un tipo se le ocurre decirte. Y tenemos derecho a no recibirlo. Tortazo en las calles, en las casas y en las camas, y al ritmo de We will rock you, se escuchan las últimas estrofas adentro de La Biela: No que-re-mos machos, que nos a-se-sinen.

