
Vivir sin culpa
Mujeres trabajadoras, trabajadoras sexuales.
Producción: EMERGENTE
Se dice, es la profesión más antigua de la humanidad. Eje de innumerables debates, la prostitución ha estado presente en las sociedades más despóticas y las más democráticas, han crecido y muerto con la civilización infinitas veces y en el mundo de hoy, en la Argentina de hoy, reclaman el derecho a ser reconocidas como trabajadoras. En una trama no falta de complejidades, quienes ejercen este oficio por opción, e incluso por amor a ello. Sus testimonios hablan de la hipocresía dominante en una sociedad que consume a una mujer cosificada a través de los medios de comunicación pero excluye a quienes hacen carne ese deseo.
¨Mi nombre es Florencia aunque muchas personas también me conocen como María Riot (mi nombre artístico/de trabajo) tengo 24 años y soy de Zona Oeste, Buenos Aires. Aunque hace dos años que vivo entre Barcelona y Buenos Aires.
Comencé a dedicarme al trabajo sexual hace tres años. Primero como modelo webcam, lo que me llevó a querer traspasar el límite de lo virtual a lo real y así empecé a investigar sobre prostitución, un tema que siempre me había llamado la atención y con lo que había fantaseado desde mi adolescencia. En un debate sobre abolicionismo-reglamentarismo mostraban en un foro de escorts como supuestamente todos los clientes que escribían ahí eran abusivos. Entré por curiosidad, y terminé publicitándome ahí. Trabajé dos meses, junté plata y me fui a Europa donde empecé a trabajar en porno alternativo y feminista.
Llegué a Ammar al poco tiempo de empezar a trabajar de prostituta, fui a algunas charlas y como luego empecé a viajar mucho, no volví a asistir aunque siempre tuve el interés de formar parte y colaborar desde adentro de la Organización. En mayo recibí la invitación por parte de Georgina Orellano de coordinar un Taller de Trabajo Sexual, para ayudar a todos aquellos que quieren empezar y tienen dudas o no saben cómo. Fue muy importante para mí ya que ella fue quién me ayudó, con su historia y su discurso, a decidirme a empezar a hablar, ya que aunque hacía dos años que había empezado a trabajar de prostituta, no me animaba a decirlo públicamente.


Empezar a colaborar activamente en Ammar y sentirme parte, me hizo dar cuenta de que no estoy sola sino que somos una gran comunidad y no solo en Argentina sino en todo el mundo. Escuché las historias de mis compañeras, sus experiencias, aprendí y aprendo de ellas cosas que tal vez son ajenas a mí y a mi manera de trabajar o de la vida en general, nos ayudamos y aprendemos entre todas a cuidarnos y a cómo organizarnos para trabajar eficientemente por nuestros derechos.
No solo luchamos por una Ley que nos ayude como trabajadoras sino también que al exigir que estos derechos se nos reconozcan, se pone el tema en debate y eso hace que un montón de personas puedan replantearse pensamientos y pre-conceptos que tienen incorporados por lo que alguna vez han leído o escuchado pero que no son ciertos. Hay una confusión muy grande en lo que respecta al trabajo sexual: se lo equipara o confunde con la trata de personas, se cree que no hay gente que realmente lo elige como su trabajo, se quiere criminalizar al cliente (con el que también hay muchísimos prejuicios).
Existimos las trabajadoras sexuales que lo elegimos por propia voluntad. Cada vez somos más las que decidimos hablar y es en parte porque nos cansamos de que hablen por nosotras y quieran invisibilizarnos. Nosotras por supuesto que estamos en contra de la trata de personas y queremos que desaparezca, pero persiguiéndonos a nosotras solo entorpecen y ponen el foco en el lugar equivocado.
El abolicionismo quiere controlar nuestros cuerpos y decirnos qué hacer con nuestra sexualidad y nuestros genitales. Nosotras decidimos que hoy en día, de todos los trabajos posibles, la prostitución es lo que mejor se adapta a nuestras necesidades, y más allá de cualquier debate posible, miles de personas lo seguiremos eligiendo. Negar nuestro discurso es ningunear nuestra existencia y querer que sigamos en un lugar de precarización, estigmatizado y lleno de prejuicios que hacen que muchas tengan que trabajar en condiciones desfavorables que con una ley podrían mejorar. Hay chicas que tienen que pagarle todos los meses a la policía para que las dejen ejercer tranquilas, otras que viven escondiéndose por el miedo de que sus familias las descubran…
La desinformación, el estigma y el moralismo hace que muchas vivamos con culpa algo que queremos vivir libremente.¨


¨Mi nombre es Lili, tengo 42 años y hace cinco que me dedico al trabajo sexual.
Llegue a AMMAR por una tarjeta que un compañero de trabajo “volantero” agarró de la calle y me lo dio. Llamé y pude hablar con Georgina, le comenté por teléfono los problemas que teníamos con la policía, sobre los allanamientos muy frecuentes, además de las coimas de las cuales éramos victimas por parte de la policía. Al día siguiente de haber hablado con Georgina, mis compañeras y yo recibimos su visita.
Los derechos por los cuales luchamos a través de la organización son la legalización del trabajo sexual, que podamos tener los mismos beneficios y derechos que un obrero, que el trabajo sexual sea considerado honesto, que podamos acceder a una obra social y el día de mañana gozar de una jubilación.
Con AMMAR me siento protegida, cuidada y contenida. Ser parte de la asociación y militar me generó sentido de compañerismo y lucha colectiva.
Como una valiente Sor Juana Inés de la Cruz reprochara a los inquisidores de entonces ¿O cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga:la que peca por la paga o el que paga por pecar? Mientras el debate se plantea, sus derechos continúan sin ser reconocidos y sus vidas cosechan historias de violencia.¨


¨Mi nombre es Georgina, tengo 29 años y hace diez años ejerzo el trabajo sexual.
En AMMAR luchamos por el reconocimiento del trabajo sexual autónomo, por acceder a derechos laborales, por terminar con la violencia institucional y derogar los artículos contravencionales que están vigentes en 19 provincias, que otorgan poder de arbitrariedad a las fuerzas policiales para detener y perseguir a nuestras compañeras. Queremos poder estar amparadas en un marco legal para que el estado no solo reconozca nuestra actividad como un trabajo formal sino que esa legalidad nos de las herramientas para sacarnos el estigma y la discriminación que hoy padecemos donde una parte de la sociedad no respeta nuestras decisiones.
Desde que llegué a la Asociación me sentí como en mi casa, un espacio donde no tenía que utilizar la mentira ni ocultar ni mi nombre ni a qué me dedicaba, un espacio de militancia que me contuvo y me empodero, no me trabajó la culpa sino que me ayudó a sacarme esa mochila pesada que traía de afuera. Que los compañeros de los demás sindicatos te digan “compañera” me hizo comprender que éramos parte de la clase obrera que se organizaba y luchaba para mejorar por sus condiciones laborales, que los otros ya no te señalan con el dedo sino que te tratan como una par mas, una compañera perteneciente a un sindicato, de la central de los trabajadores.
Gracias a Ammar hoy pude decirles a todos quien soy verdaderamente: una mujer trabajadora, una trabajadora sexual.¨

