Comunidad verdadera

La ambición, como la ceguera, nos impide ver la realidad, pero nos presenta otra. Sea de poder o de tener, la ambición implica competencia, necesidad de superar a los demás y eso nada tiene que ver con nuestro espíritu, es una distorsión, porque en esencia somos iguales, venimos de la misma fuente y a la vez somos parte de ella.

Asumirnos semejantes implica cooperación y para cooperar debemos necesariamente tener la mismo frecuencia. Se participa y se ayuda, las premisas y los fines son los mismos, entonces esfuerzos y logros también lo son. Nos reconocemos como parte de un Todo que nos abarca, buscamos el bien común y sabemos que éste contiene el bien individual.

Así se conforma una verdadera comunidad, donde todo es transparente, no hay secretos, no son necesarias las clasificaciones, divisiones, restricciones, tampoco se necesitan barreras ni fronteras, todos pueden disfrutar de todo.

Parece imposible pero antiguos habitantes de este planeta lo lograron, la civilización no siempre trae evolución…

Tenemos que comenzar a anhelar y sentir esas relaciones porque al sentirlas tenemos la certeza de que son verdaderas y entonces tienen posibilidad de materializarse.

Si no pregúntense, que sienten al escuchar los discursos llenos de promesas o al descubrir negociados secretos para rédito de unos pocos y desprecio por el resto.

Duda, desconfianza, mentira se han vuelto moneda corriente. Necesitamos revertir el individualismo avaro y sólo nosotros podremos, momento a momento, día a día, sintiendo, contagiando y mostrando el camino. El cielo ayuda pero hay que pedir en forma consciente y sincera.

Es absolutamente posible y está en nuestras manos, así que, una vez más, de nosotros depende…