DETRÁS DE ESCENA

por Catalina Manzalini

Francisco Gómez nació el 2 de noviembre de 1994 en la ciudad de La Plata. Estudia Periodismo en la UNLP y está a pocos pasos de obtener su título. Su anatomía es tan singular como él: el cabello oscuro resalta y contrasta con su tez pálida y de su cara lo más característico son sus ojos rasgados. La remera de colores vivos que lucía esa tarde, a tono con las zapatillas que tenía puestas, bailaba sobre su esbelta figura.

La casa que comparte con sus padres está anclada en un barrio en el que se respira un ambiente familiar. El acceso es a través de una escalera que conecta directamente con la puerta de entrada al living. Allí, había un sillón de dos cuerpos color naranja donde él se sentó. A cada lado se encontraban otros dos sillones más pequeños. Detrás había un cuadro con trazos poco sutiles dándole forma a unas piernas femeninas. El lugar también estaba adornado con centenas de cds, mamushkas y unos diminutos suecos de porcelana blancos con flores azules.

Mientras cebaba mates recordó lo que podría considerarse su primer acercamiento al mundo de los videos. “Cuando éramos pibitos, mi hermana me filmaba con la cámara de mi viejo. Hacía columnas de información, por ejemplo de especialista en agua potable, o imitaba a Facundo Arana en Padre Coraje”.

Su camino como influencer inició en febrero. Luego de un breve paso por los canales de YouTube junto a sus amigos, decidió abrirse para probar suerte en otras redes sociales. De esa manera empezó a filmar videos con su celular y a subirlos a Instagram, bajo el usuario ffrangomez. Al principio no sabía ni siquiera editar. “esa fue la primera cuestión técnica que resolví. Después comencé a prestarle más atención a los planos, al sonido y a otras cuestiones de la post producción”, afirmó.

En un primer momento, sus videos en Instagram tenían un propósito: llamar la atención de María Deal, cantante del grupo musical uruguayo Toco Para Vos. Cuando logró su cometido, se dio cuenta de que tenía que dedicarse a eso. Sin embargo decidió cambiar la lógica del contenido de sus producciones para no cansar a sus seguidores. En esa misma línea, cada vez que tiene alguna idea realizable piensa en su público y lo que esperan de él o lo que están acostumbrados a ver.

En los siete meses que lleva en la red social alcanzo 61 mil seguidores. Como la mayoría de los jóvenes que se dedican a este tipo de entretenimiento, inicialmente lo veía como un hobby. Pero hoy considera la posibilidad de convertirlo en una salida laboral. En este sentido, la publicidad no entra en sus opciones para lucrar con su imagen: “hacerlo no sigue la lógica del contenido de los videos. Hay otras maneras de hacer plata fácil. La pérdida con la publicidad es más que la ganancia”.

En la vorágine virtual en la que se encuentra inverso, la posibilidad de explorar nuevos horizontes se hizo latente. Por ejemplo, antes no se planteaba hacer stand up porque se sentía más cercano al teatro que al simple monologo. Pero ahora, al trabajar con cuestiones relacionadas a lo cotidiano le resultaría más fácil vincularse con ese estilo.

A pesar del reconocimiento que obtuvo en tan poco tiempo, mira a la fama con cierto recelo. “La fama es efímera y muy mentirosa, hay que estar preparado. Es oficio y aprender el camino. Es complicado no saber quiénes se te acercan y por qué motivo. Es un mundo de mierda”. Algo similar le sucede con la plataforma que utiliza: “mi objetivo es dejar de depender de ese servicio. Al igual que la fama, es efímero y si muere, muero con él”.

Aunque la carrera universitaria y su trabajo en la red social podrían vincularse, él teme hacerlo. “Me encanta lo que hago con los videos y me encanta el periodismo, pero tengo miedo de mezclarlos porque puede ser una catástrofe”. Sin embargo, en varias ocasiones filmó en las instalaciones de la facultad, ya sea en las aulas, los pasillos, el estudio de radio o el patio. De hecho uno de sus videos tiene lugar en la clase del Taller de Producción Radiofónica III, con la participación de sus compañeros y docentes.

Más allá de la popularidad que alcanzó en menos de un año, Fran no tiene aires de superioridad. Mientras muchos lo consideran un influencer, él prefiere apartarse de esa definición. “No me gusta separar a la figura del influencer con la de la persona. Eso genera que algunos se sientan más importantes que otros, y yo no me siento así”, concluyó.

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