La investigación primero

A primera vista puede no tener sentido, pero quienes se dedican al oficio saben que se trata de una regla: escribir es el último paso de la tarea de escribir.

¿Cómo hace un redactor creativo, sentado en una oficina bulliciosa, con plazos sobre su cabeza, para dedicarse a crear? Lo cierto es que nadie escribe desde cero. No existe algo como el “genio creativo” que se conecta con seres sobrenaturales, sean musas o demogórgones. Por eso, quienes escribimos vemos películas y series y leemos como si de eso dependiera el destino del universo. Bueno, por lo menos para nuestro mundo, de eso depende tener una idea rápida a partir de la info almacenada en nuestro disco rígido mental.

Así y todo, cualquier cosa que salga de lo profundo de nuestra experiencia como consumidores voraces de productos culturales será solo el principio, la primera idea, un piso que no sea lava.

No creo en las musas, decía Picasso, pero si llegan que me enganchen trabajando. Y es que las ideas hay que encontrarlas en movimiento. Nuestro cerebro no va a inventar nada si no lo estimulamos.

Aquí van, entonces, 5 recomendaciones para encarar una investigación y nutrir la creatividad.

1. ¿Qué pasa en tu nube hoy?

El inverosímil Isaac Asimov escribió su serie Fundación basándose en la historia de la caída del Imperio romano (más específicamente, en el libro del historiador Edward Gibbon). 1984 de George Orwell translitera las purgas stalinistas. La película Avatar, de James Cameron, no tiene otra base que la historia de la conquista de América.

Sin dudas, tomar formas, tropos, tipos de eventos, ambientes o problemáticas de la historia social ha dado grandes resultados a la escritura. Y no necesariamente se tiene que tratar de “historia universal”. La defensa de la ciudad de Buenos Aires frente a las invasiones inglesas de 1806 y 1807, ¿no es un evento apasionante y cargado de épica? Hernán Cortés internándose en las desconocidas tierras mexicanas sin apoyo, ¿no resulta una locura llena de osadía?

Leer historia es una muy buena forma de construir una historia.

2. Una imagen para tener mil palabras

El cerebro piensa bastante en imágenes para las tareas de creación, y una de las mejores formas de ayudarlo a pensar es mostrándole referencias visuales.

Tal vez sea necesario mirar miles de imágenes para tener una idea concreta. Y probablemente ninguna sea perfecta por sí sola, pero siempre se pueden tomar pedazos de cada una. Para imaginar y delinear un personaje habrá una que muestre la contextura y la personalidad corporal, otra con el tipo de outfit, o en el caso de un escenario una general que dé cuenta del ambiente y otras que solo nos devuelvan objetos, fragmentos, pequeños lugares dentro de la gran foto.

Pinterest y DeviantArt son una fuente para estimular las imágenes mentales.

Una imagen no dice más que las palabras, pero estimulan la imaginación y la sensibilidad con mucha velocidad.

3. Tirana memoria

“Me hace acordar al robot de la película…”. Si tenemos algún pensamiento de ese estilo, nunca hay que quedarse en la superficie. Es necesario profundizarlo.

Hay que saber todo sobre esa referencia que aparece. Y sobre todo no confiarle a nuestra memoria, porque puede estar olvidando los detalles que nos sirvan para evitar la copia y sacar un jugo real.

Para eso existen herramientas maravillosas como la hermosa Internet Movie Database o TV Tropes. Estudiar la sinopsis de una película, el detalle de un personaje, revisar el tropo en el que se engloba un personaje y sus características de construcción o recordar las reglas de un género específico, es decir, analizar los datos duros.

Hay que exprimir la referencia que haya aparecido hasta poder seleccionar la información que nos gusta del ejemplo y la que no. Pero, sobre todo, aquella info que habíamos olvidado y que tal vez sea lo que verdaderamente nos dejó una huella.

4. Pregunto, entonces existo

Cualquier tarea de escritura precisa hacerse antes algunas preguntas. Y no se trata solo de preguntarse por la finalidad del texto. Todo buen escritor debería hacerse preguntas y escribirlas. Tener bien presente la tarea de contestarlas, como un problema a resolver, porque en esas respuestas estarán los detalles que le den verdadera vida al trabajo.

La asociación de escritores de ciencia ficción y fantasía de Estados Unidos tiene un cuestionario nutridísimo y hermoso de preguntas para responder y encarar la construcción de un mundo. Pero también existen los test psicológicos de personalidad que nos permiten ponernos en la piel de los personajes y obtener un esquema claro, o los cuestionarios de guionistas como el que desarrolla Christopher Vogler en El viaje del escritor.

Lo que diferencia a una idea de un escrito es el detalle. En el mundo de nuestro texto, ¿hay magia o hubo alguna vez magia? ¿Tiene hermanos nuestro personaje? ¿Mayores o menores?

5. Leer

Tal vez sea la recomendación más evidente, pero no está mal remarcarla. Internet está bastante poblada de libros en pdf, en txt, en ebooks, digitalizados y otros tantos formatos. Leer ficción es una parte necesaria del trabajo para cualquiera que deba escribir, aunque se encuentre en una oficina. Y podemos leer capítulos o fragmentos salteados, leer en diagonal o repasar las páginas finales si el tiempo apremia.

Leer es la forma de ponernos en el lugar de nuestros usuarios, intentar entender cómo el que escribió ese texto consiguió hacernos sentir lo que sentimos. Es la mejor forma de analizar la user experience de los textos para diseñar la narrativa, tomar todo aquello que nos gusta, evitar lo que nos choca y, cuando sea el momento adecuado, sentarnos por fin a escribir.


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