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El planeta de los simios

Tim, Tim, Tim… ¿qué te ha pasado?, ¿por qué haces esto a tus seguidores? No te das cuenta que una horda de adoradores de Eduardo Manostijeras, Pesadilla antes de Navidad, Mars Attacks… acudirán al cine sin pensárselo dos veces sólo por el mero hecho de que tú dirigías la película.

El capitán Leo (Mark Whalberg), se siente frustrado al no poder demostrar sus habilidades como piloto espacial de exploración; unos primates modificados genéticamente le están quitando el trabajo, y eso mosquea a cualquiera. En una de estas exploraciones rutinarias, pierden a un primate, y Leo decide saltarse el reglamento e ir a recuperarlo y demostrar que no hay que enviar un mono para hacer el trabajo de un hombre.

Por listo, por chulo y por guaperas, se mete de lleno en lo que podría ser un agujero de gusano y da con sus huesos, y con su nave de reconocimiento, en un planeta dominado por los primates. Como no podía ser menos, es capturado junto con un grupo de humanos que casualmente huía por ahí. Nuestro amigo Leo es enviado al Down Town de Primate City, donde conoce a Ari (Helena Bonhamn Carter), una simia hija de un poderoso senador y con unas claras tendencias Green Peace sección salvemos a los humanos. Ari le ayuda a escapar y, por ende, condena su futuro ya que acaba de infringir la ley simiesca o la constitución o lo que tengan por aquellos lares.

Leo y Ari, junto con el resto de personajes que ni nombro porque no son relevantes, se dirigen a la zona prohibida, que curiosamente es donde el sensor ACME de Leo indica que están las fuerzas de rescate que le ayudarán a escapar de esta situación kafkiana para poder volver a su casa y tomarse unas cervezas con los amigos y contarles una y otra vez sus peripecia por esos mundos de Dios.

Por otra parte al tejedor de Ari, o sea, el que le tira los tejos y no se come un rosco, el General Thade (Tim Roth), le pilla un mosqueo considerable porque una cosa es que te diga que no, y otra que se fugue con un humano del tres al cuarto. Así que se lía la manta a la cabeza y convence al senador de que le dé plenos poderes para montar un estado de excepción y destruir, de una vez por todas a los humanos, que para eso son una subespecie y que para eso los primates están en la cúspide de la evolución (je, qué curioso: en la vida real nosotros hacemos lo mismo). Pero mira tú qué cosas, el papi de Thade, Zauis (Charlton Heston), le dice que tenga mucho cuidado con los humanos porque tienen bastante mala leche y que no es oro todo lo que reluce. Después de esta revelación vista y no vista, el pobre padre se muere.

Y hasta aquí puedo leer, porque si no se estropean la serie de giros argumentales que tiene la película.

Crítica:

Mi madre, una gran mujer y muy sabia, decía que le gustaba el planeta de los Simios versión Heston porque el interfecto aparecía solo con un taparrabos. Aquí, el listo del Mark se negó a llevar taparrabos con lo que, de entrada, ya han conseguido que un alto porcentaje de futuras mamás no vayan a ver la película.

Centrándonos más en lo que sería la película y no las fantasías freudianas de mis progenitores, a esta película le faltan o le sobran muchas cosas. No sabría decir porqué: yo lo máximo que sé de cine es que V.O.S. es versión original subtitulada, pero es que el film no se aguanta por ningún sitio. Los primates son unos histéricos del cagarse y no paran de dar botes a lo Matrix, algo totalmente surrealista y enervante a la vez. Para colmo de males no cesan en su empeño gritar como posesos y jadear, no sé con qué fin porque la suma de todos estos conceptos es muy estresante y deja claro que es muy difícil que se pueda montar una sociedad con su senado y todo ya que este tipo de personajes más propios de un centro psiquiátrico que de una cámara de representantes. En resumen, resultan más creíbles los primates de la primera versión que los de la segunda.

Otro comentario merecen los humanos: en la primera versión no podían hablar y, por consiguiente, no podían traspasarse el conocimiento. Por lo tanto, era más o menos normal que se comportaran como animales salvajes. Pero ¡joder!, en esta versión pueden hablar. ¿Cómo se explica uno que poseyendo el don del lenguaje y la comunicación los humanos hayan quedado relegados a simples manadas de robadores de cosechas? ¿Cómo se explica que estando en la proporción de 1 primate por cada 4 humanos y pudiendo organizarse y hacerse unas guerritas, no hayan derrotado ya a unos monos malcarados? Vamos, yo no lo entiendo.

Por otra parte, los personajes y las relaciones que se establecen entre ellos son más simples que un botijo, son puro estereotipo. El bueno, el malo y la guapa: es que no hay más porque el resto sobran. ¿Para qué coño aparece Charlton Heston en la película? Pues lógicamente para cobrar una pasta, con el agravante que nos pueden haber colado a Chiquito de la Calzada por Charlton Culebras porque al jodido no se le ve la cara. Lo mismo pasa con Kris Kristofferson, que aunque sí le vemos la cara y sabemos que es él, lo matan sin que le haya dado tiempo de deleitarnos con una baladilla para guitarra y coro.

Finalmente, el curioso caso de la rubia con ojeras. ¿Dice algo en toda la película? ¿Alguien recuerda su nombre al final de la misma? A mí ya me parece bien que salgan tías buenas que no digan ninguna frase y que su máximo objetivo sea el de obtener un beso baboso de compromiso del protagonista al final del flim. Ahora bien, si el director trabajó con ella en los camerinos para mejorar su papel (de ahí suponemos las ojeras), al menos que enseñe una teta, es todo lo que pedimos los hombres. Si la película es mala y hay tía buena, ésta ha de enseñar una teta, está escrito con letras de oro en la operativa de cómo escribir guiones de las películas de serie B.

Sólo espero que no hagan segunda parte, porque puede ser la muerte y a mí no me ape ir a verla.

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