La futilidad de las proyecciones a largo plazo

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No creo que haya ninguna duda en que vivimos en un universo mecánico, si se conocen las variables que afectan a un evento es conceptualmente sencillo determinar lo que ocurrirá en cualquier momento del tiempo. Este ha sido el enfoque de la física clásica, de la ciencia económica y de cualquier rama del conocimiento, el futuro está determinado.

Con esta idea en mente nos creemos capaces de crear proyecciones a largo plazo, proyectamos los gastos, las ventas, el flujo del mercado con el inevitable resultado de que no acertamos nunca, ni nosotros, ni nuestro cuñado y ni siquiera el FMI.

A muchos de nosotros nos puede sonar conceptos como la física del caos y la física cuántica. Pues estas dos ramas de la ciencia han venido a dar dos bofetadas a nuestra capacidad de predecir el futuro. No solo el mundo está relleno de pequeños detalles que funcionan saltándose todas las normas que conocemos, sino que además, hay cada vez más variables que afectan al resultado, y que si no captamos la magnitud de forma exacta, los resultados que extrapolemos pueden variar de forma notable.

En resumen, que ahora somos conscientes de que hay más variables de las que pensamos, que se comportan de forma que no esperamos y para colmo de males, una millonésima de decimal puede variar por completo el resultado de nuestra proyección.

Esto no quiere decir que ya no podamos hacer predicciones, sino que las predicciones que podemos hacer han de ser más generales y sobre eventos a corto plazo. Cualquier intento de superar estos límites está condenado al fracaso, o en el caso de que se acierte, a la más pura suerte.

Este velo que que tenemos se aprecia siempre en las proyecciones de ventas e ingresos en cualquier empresa, sobretodo en las startups. Las cifras que se colocan vienen por tres factores, y básicamente ninguno de ellos pues ser considerado sólido.

El primero es extrapolar datos de otros ámbitos, que vendría a ser como afirmar que si el agua se evapora a los cien grados, todos los líquidos se comportarán igual. Sabemos que es cierto, y que también hay componentes que se comportan de forma realmente extraña ante los cambios de temperatura.

El segundo es hacer estudios de mercado, confiando que la gente nos dirá la verdad. Normalmente las personas dicen lo que les gustaría oír al entrevistador, y en la mayor parte de las veces, se lían solas y al final no saben que quieren, que quieres y que han contestado. El resultado es que tienes unos datos tan fiables como una partida de poker entre manos.

La última, y que siempre se usa en mayor o menor grado, y es ajustar tus ingresos al nivel de gastos. De todas las variables que puedes medir, la más fiable son los costes y en función de esto plantas ingresos y te quedas tan ancho. Si nuestro burn-rate es de X, ingresaremos X+X*,1 y nos quedamos todos más anchos que largos.

Luego viene la realidad y hace lo que le apetezca, nuestro producto no funciona porque es malo, porque el mercado no está preparado o porque somos unos ineptos, pero esto no ha de preocuparnos -a excepción de lo de ser unos ineptos. Lo relevante es saber tener cintura y una estructura flexible para poder reaccionar y reajustarse a las variables reales que estamos midiendo.

El universo, sigue siendo mecánico y determinista, pero dada su complejidad, indeterminable. Así que sabemos que todo está ya escrito, pero no podemos saber que se ha escrito. Un dilema tanto filosófico como financiero.