La medida del universo eres tú

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Hace un tiempo tuve una interesante conversación con Alexi Fernández y me insistía con el concepto Nothing Beats Free. Psicológicamente no puedo negar que tenga razón, pero tengo mis dudas que como sociedad sea un concepto que tengamos que explotar, ahora tenemos toda una ristra de servicios que usamos de forma intensiva con el falso pretexto de que son gratis, sin tener es cuenta un detalle importante, si tu no pagas por el producto es que tu eres el producto.

Con este principio se abrió la veda de todo tipo de sistemas en los que vendemos nuestros datos, nuestra intimidad y nos convertimos en un producto. Siguiendo una lógica empresarial al ser nosotros mismos el producto, usamos las mismas técnicas marketing para promocionarnos, ya sea de forma inconsciente o siguiendo un plan premeditado de Marca Personal. Esto crea una competición bastante insana entre usuarios para ser los más valorados, y lo más importante, para que por ejemplo, Facebook pueda cobrar casi cincuenta dólares por nuestros datos.

Dejando de lado la parte ética de este negocio subterráneo y más propio de las alcantarillas de lo que se supone una era de la información, ¿cómo nos afecta a nosotros como personas?. ¿Seremos más felices?, ¿estaremos más tristes?, ¿conocer lo que hacen otros casi en tiempo real nos convertirá en mejores personas?.

Podemos partir de dos bases filosóficas, que el hombre es bueno por naturaleza y que la aportación de la sociedad es relevante en el ámbito intelectual o que la sociedad es fundamental en la formación del carácter. Independientemente de cual sea tu posición personal, lo que es cierto es que usamos como medida de nuestro propio mundo es la versión que los demás nos muestran del suyo, y de esos lodos vienen estos refranes: The grass is always greener in the other side of the fence, aunque sea mentira.

Con lo que si estamos en estas plataformas como producto y promocionándonos, y a su vez, usamos la visión que nos dan de su vida las otras personas, hay una discrepancia entre la realidad y lo que observamos. Esta distonía lleva en muchos casos a a falsificar nuestra la experiencia que comunicamos para ajustar nuestra propia vida a las expectativas medias que leemos de nuestros pares.

Esta actitud, en el largo recorrido, puede conducirnos a estados de depresión al ser conscientes de que estamos mintiendo y por mucho que estemos fingiendo, nuestros contactos parecen tener una vida mejor. Estas situaciones todavía más acentuadas cuando tu personalidad no está totalmente formada y no eres consciente de la inmensa cantidad de trucos a los que nos someten las empresas y nosotros mismos para intentar alcanzar algo que no somos, y en algún caso, nunca podremos ser.

Pero no pensemos que por ser ya personas formadas y maduras nos libramos de las potencia de las neurociencias y del enorme arsenal de subterfugios y presión social a la que nos vemos sometidos. Los adultos quizás se salten la fase de la depresión, pero pueden caer en brazos de lo que se conoce como el Síndrome del Impostor.

Existen varios trucos, que no soluciones al estilo médico, que pueden ayudarnos a no caer en estas trampas. Quizás la más drástica pero más efectiva sería no usar estas plataformas, pero entonces te podrías enfrentar a otro problema que puede ser tan o más grave que los ya comentados, el sentirse aislado de lo que ocurre en tu entorno -a pesar de que la mayoría de información que leemos es absolutamente inservible y no sirve para nada.

La segunda opción sería muy de Rousseau, confiar en que somos buenos y que todos de golpe vamos a dejar de adornar nuestras vidas. Lamentablemente eso no a pasar, además hay muchos pretendidos expertos que viven aparentar y esta actitud les enviaría a la cola del paro.

La tercera opción quizás es la más sostenible pero probablemente la más inteligente, usarte a ti mismo como medida del universo. No te compares con nadie más que contigo mismo, con lo que puedes hacer y lo que haces, no con lo que otros dicen. Evitar caer en la trama de medirse por lo que la sociedad dice o por lo que la IT girl de moda escribe o por lo que la revista de moda publica. No has de ser rubia, no has de ser morena, no has de pesar cuarenta kilos, no has de tener veinte amantes, no has de seducir a todos los que pasen, no pasa nada por estudiar una carrera de ciencias. Solamente tu puede decidir cual es tu límite, que has de vestir, que has de pesar, que has de estudiar. Si das este control a terceros simplemente perderás el control de tu vida, y con lo que cuesta estar vivo a día de hoy, pagar por el viaje para que conduzcan otros me parece una soberana estupidez.