Porqué madre no hay más que una y a ti te encontré en la calle

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Imagínate a ti mismo, es sábado, acabas de comer y no te apetece hacer absolutamente nada. Enciendes la televisión y emiten un telefilm de baja estopa sobre una familia feliz que por una serie de malas decisiones, falta de comunicación y desdichas, se convierte en un drama donde el odio, el rencor y el desprecio ocupan todo el espacio que otrora llenaba la felicidad.

Ves la película entre ronquido, bostezo y periodos de encefalograma plano, pero sin duda, tu tienes claro que eso nunca te pasaría a tí. Tu familia nunca llegaría esos extremos, tu negocios jamás han tenido como a alguien tan inestable como el cuñado de la suegra de la protagonista, pero créeme, la realidad siempre supera la ficción aunque venga en un pack de diez películas y tres series.

A estas situaciones se pueden llegar desde varios ángulos, pero si dejamos de lado las películas y nos centramos en las empresas y la realidad más cercana lo más habitual es que no exista nada documentado más allá de un documento estándard con el clásico legalés que nadie entiende, nadie se ha leído y nadie se ha molestado en consultar.

Con estos antecedentes la empresa empieza a funcionar hasta que uno de los socios quiere marcharse o bien hay diferentes puntos de vista sobre como planificar el futuro y los roces de cada consejo de dirección se convierten en una batalla campal en el día a día que convierte la oficina en un lugar insoportable.

En esta batalla las primeras víctimas son los clientes, luego los trabajadores, y cuando el tablero de ajedrez queda despejado, solo las piezas mayores siguen jugando sin darse cuenta que sus decisiones ya han dejado de tener importancia para le mercado y que los únicos que llaman ahora a la puerta son los acreedores.

En este punto es cuando suelen entrar a trabajar los abogados, tarde, con prisas, con poco presupuesto y con un objetivo claro para cada una de las partes, da igual que yo pierda pero el otro ha de perder más. Aquí es cuando se mezclan contratos verbales sin más validez que la palabra de uno contra la del otro, el uso y costumbres adquiridos, las normativas que se aprobaron al principio y que nadie se leyó

Es obvio que el espíritu futbolero lo impregna todo cuando un auténtico merengue se define porque prefiere ver perder a su equipo y que el Barcelona pierda, antes de que su equipo gane si el Barcelona empata. Y lo mismo para cualquier tipo de rivalidad entre equipos.

Por eso se recomienda que antes de emprender ningún negocio, ningún acuerdo, hay que tener un contrato que este esté revisado por una abogado porque a veces la letra pequeña y los esto no va a ocurrir nunca, o incluso peor, me fío de él, son los ingredientes básicos que llevan al desastre. Si tanto os fiáis uno del otro, firmar contrato que entendáis y sea aceptable para todos.

Un consejo, no escatiméis en abogados al principio os parecerá un gasto superfluo pero con el tiempo será vuestra mejor inversión.