Travesía del desierto

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Hace ya muchos años escuché una teoría de boca de Antonio Gonzalez-Barros sobre el concepto travesía del desierto. Según él, las personas que tienen el talento y la capacidad han de pasar una temporada por todos los puestos posibles, sin un sueldo elevado y siendo conscientes de la realidad de toda la empresa para que no se endiosara cuando llegara a cargos de gestión.

Quizás muchos no estén de acuerdo con su filosofía, que quién vale hay que ponerlo directamente a los mandos para pilotar, pero no es menos cierto que una temporada en varios departamentos y cobrando lo que cobran los trabajadores medios de la empresa es una muy buena lección de vida. Comprendes el trabajo de todos, ves la cadena de valor en toda su extensión, como se remunera y esto debería de influenciar de una forma positiva cuando tienes poder decisión.

Esta reflexión me viene porque a veces ves personas que llegan a puestos sin saber como lo han conseguido, salen de la universidad -privada o no- y aterrizan en un sillón que quizás le quede demasiado grande. Otros se meten en masters que cuestan más que mi casa a los veintidós años sin haber vivido una realidad empresarial.

No se si es el poder de los contactos, que seguro que si, pero el saltarse pasos en la subida a la cima creo que es muy peligroso. Y me da igual que sea para ser CMO de una empresa como para conseguir unas prácticas en McKinsey por estar relacionado.

Entiendo la preocupación de parientes por el futuro de sus hijos y que muevan todos los hilos que puedan para colocarlos, pero con esta técnica ocurren dos cosas importantes: se elimina el concepto de esfuerzo porque a no ser que seas malo de remate vas a estar siempre arriba, y segundo, fomentas un sistema de castas que no se puede romper, los hijos de los influyentes colocaran antes a sus hijos que al mejor valorado.

Por suerte no ocurre siempre, pero se ven casos que claman al cielo como el caso de Elvira Rodríguez o MAFO