Falsa heroína
Leidy Cabrera, Directora Regional ExM
Desde que tengo 12 años colaboro con organizaciones sin fines de lucro comprometidas con la justicia social. Mi primera experiencia fue con Latino Memphis, organización que luchaba para que los exámenes de licencias de conducir en Tennessee estuvieran traducidos al español y otros idiomas, permitiendo así que los migrantes tuviéramos mayores posibilidades de obtener una licencia. Después apoyé la causa de los “Dreamers”, esos jóvenes migrantes con estatus ilegal que buscaban una oportunidad de estudiar la universidad en Estados Unidos porque no conocen otro país y porque, en muchos de los casos, solo hablan inglés. También contribuí a la causa LGTB, fui maestra voluntaria en zonas rurales, promoví el derecho al voto entre las minorías, participé en manifestaciones para exigir los derechos de los migrantes, entre muchas causas más.
Este involucramiento desde muy joven me permitió conocer gente maravillosa comprometida con la construcción de un mundo mejor, más justo y más equitativo. Todos ellos marcaron mi vida y a ellos les atribuyo que haya buscado una carrera en el sector social. Sin duda Enseña por México es el trabajo de mis sueños.
Fue quizás este involucramiento en causas sociales lo que me hizo pensar que podía ser una heroína que salvaría al mundo de las injusticias sociales. Fue quizás esta participación que me hizo creer que las organizaciones de la sociedad civil tienen la verdad absoluta y que gente como yo tiene la capacidad de cambiar el mundo solo porque tenemos el talento y las buenas intenciones para lograrlo. Pero olvidé una pieza clave, los miembros de las comunidades donde colaboré tienen mucho que aportar y pocas veces me tomé el tiempo de escucharlos, de entenderlos y de colaborar con ellos. Parecía que la receta del cambio ya estaba escrita y la comunidad tenia que acatarla sin aportar.
Hoy, a 20 años de mi incursión al sector social, he aprendido grandes lecciones y quizás la más valiosa es que los miembros de comunidades vulnerables son grandes poseedores de conocimiento. Esther Duflo y Abhijit Banerjee en su libro Poor Economics se refieren a ellos así: “no los vemos como una fuente de conocimiento, no pensamos en que son gente digna de ser consultada para saber qué piensan o qué quieren hacer”. Y aseguran que “para progresar, tenemos que abandonar el hábito de reducirlos a una simple caricatura y tomarnos el tiempo de realmente entender sus vidas con toda su complejidad y riqueza”.
Hoy más que nunca estoy segura que tenemos que escuchar a los miembros de las comunidades con las que colaboramos, que los tenemos que ver como iguales, que es necesario valorar su opinión y sus contribuciones, que sin ellos no lograremos el cambio que buscamos.
Estas lecciones aprendidas me obligan a establecerme nuevas metas. Hoy mi mayor objetivo es que nuestros estudiantes sean capaces de crear el cambio que desean ver en sus comunidades, siendo ellos siempre los protagonistas. Nuestros estudiantes son sumamente talentosos, capaces de lograr todo lo que se proponen, solo necesitan de un empujoncito para hacerse cargo de los retos que enfrentan en sus escuelas, en sus casas, en sus colonias. Hoy más que nunca, mi prioridad es crear relaciones auténticas con cada uno de los miembros de la comunidad, dejar atrás la resistencia, el juicio y la culpa para abrir paso a la empatía y a la bondad.
Hoy me concentro en reflexionar sobre nuestros roles que hemos asumido como falsos héroes para dar paso a escuchar a las voces que menos son escuchadas. Hoy intento construir con bondad un liderazgo colectivo que promueve la equidad y la inclusión. Hoy hago mi mejor esfuerzo para escuchar con curiosidad y co-crear con nuestras comunidades desde una posición de igualdad y empatía.
